Los Cuentos del Chino / Octubre 2012

Hay un chino muy pequeño que vive dentro de mi iPod. Él es el responsable de elegir qué canciones reproduce cuando está en modo aleatorio. Conoce tantas historias, me cuenta tantos cuentos, que he decidido compartir con vosotros al menos uno cada día. Espero que os gusten, a mí me entretienen la vida. Son “Los Cuentos del Chino”.
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108. Editors // THE RACING RATS


31/10/12 // ¡Me cago en tu puta madre, como te pille la matrícula vas listo! Y ese otro saltándose el puñetero ceda el paso. A ver, tú, listo, párate ahí. ¡Ahí! Hasta que yo diga. Y ahora por mis cojones vas a esperar. Un ratito. A ver si te calmas así, por listo. Venga, sigan circulando, hasta que se me hinchen a mí los huevos o se me caiga la mano, lo que pase primero. Y si tienes pelotas me pitas ahora. A ver, así me gusta, calladito y paciente. Venga, ya podéis pasar, ratas. Que sois todos ratas gigantes a la carrera. Si al menos dejara de llover. ¡Ya está! ¡Ya me he hartado! Pararse todo el mundo. Y ahora vosotros, circular. Empapado y repitiéndome como el puto ajo. Qué puñetera vida esta. Entre humos, humedades, frío, ratas. Es como trabajar en las cloacas pero peor. Allí al menos hay algo de silencio. ¡Y tú qué hostias pitas! ¡Se acabó! ¡A ver, échate aquí a un lado, por prisas! Y vete sacándome los papeles que ahora voy contigo…

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107. El último de la Fila // SIN LLAVES


30/10/12 // El telón lleva tiempo levantado. El público se ha difuminado tanto que nadie es capaz de distinguirlo de los actores. De fondo un cartón pinta un tibio sol. Un hombre de calzas azules declama, muy serio, sobre las cenizas que hace siglos construyeron un efímero escenario. Frente a él, su corazón le escucha atentamente mas, de nuevo, no entiende una palabra. El patio de butacas ha mutado en un mar de metáforas innavegable. Encallan una y otra vez las verdades. El corazón se gira, busca un punto de apoyo desde el que saltar a otro lugar. Pero no hay nada en el horizonte. El canto de un jilguero ironiza sobre los versos que se acercan, sin llaves a las puertas del entendimiento. El corazón se aburre, se reduce a uno y se esconde, genérico, en una nueva caja torácica, rodeado de vísceras, músculos y velas. Cuando está a cubierto, empapela todo lo que le alcanza la vista con adverbios, escondiéndose de la odiada polisemia. Y por fin, se duerme.

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106. The Pauls // ILUMINATED


29/10/12 // Ella echada sobre su regazo. Cierra los ojos e imagina un mundo que se nos escapa a todos los demás. Él mira fijamente hacia donde brilla el sol. La luz le ilumina perfecta y hace una pirueta sobre su mentón. Tiene una libreta abierta donde de vez en cuando esboza, con un carboncillo, las imágenes que ella va soñando. Sueños de carbón que, a su vez, nos iluminan a todos nosotros. Y así, conectados por unos hilos que no somos capaces de ver ni, por supuesto, de cortar, avanzamos camino del mar. Las vistas, por cierto, son preciosas. Una mañana tan clara como un penalti baña una línea de costa azul estúpido. Ella se pierde el paisaje. Nosotros nos perdemos sus sueños. Él lo capta todo. Imperfecciones.

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105. Chris Isaak & Trisha Yearwood // BREAKING APART


28/10/12 // A Chris Isaak le encanta el olor del café recién hecho. Por eso se le escurre una sonrisa cuando agarra la cafetera y se sirve una taza bien caliente. Abre la nevera más por curiosidad que por hambre y aprovecha para colocarse sus partes bajo el pantalón de seda del pijama. Cierra la nevera aburrido por la luz y se acerca con lentitud a la ventana. Tras los estores que frenan la luz de la mañana otea el barrio calmo y somnoliento. En su jardín el césped bien cortado refleja pisadas recientes. Cuando va a tomar un sorbo de café alguien golpea la puerta de entrada. Chris se sobresalta. No espera a nadie. Con calma y precaución se dirige a la puerta y al abrirla se sorprende. En el umbral un ciudadano oriental, de una edad indefinida y curioso aspecto, le sonríe.

-Buenos días, señor Isaak –dice el Chino. Chris mueve la cabeza como respuesta, obligándole a continuar con su silencio-. Usted no me conoce –continua-, pero yo llevó toda la vida recopilando historias y sé bastante de usted. Mucho. Lo suficiente como para pedirle, por favor, que acepte usted ser mi padre adoptivo. No imagino tener un padre mejor que usted, señor Isaak. Dígame, ¿aceptará?

Chris Isaak duda. No sabe cómo responder a una pregunta así. Afortunadamente un ruido a su espalda llama la atención de los dos. Trisha Yearwood, vestida solo con una de sus camisas, aparece en el recibidor.

-¿Quién es, Chris?

-Como verá, ahora mismo estoy ocupado, señor chino. ¿Podría usted volver otro día?

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104. Enrique Bunbury // EL JINETE


27/10/12 // Enrique no sabe que está allí. Lleva unos meses por México y la gira de su ex compañero le pilló en el DF por unos asuntos. Así que decide no llamarle e ir a darle una sorpresa tras el concierto. Paga su entrada y se queda lo suficientemente lejos del escenario como para que no le reconozca. Él ha tocado tanto la batería que sabe hasta donde se ve desde el fondo del escenario. Hace ya unos años que no toca en sitios tan grandes como aquel, pero esas cosas no se le olvidan a uno. Cuando empieza el concierto, Pedro reconoce los gestos que tantas veces vio desde atrás. Su cara y sus manos se mueven igual pero el mensaje es distinto. La música no es tan oscura, tan rotunda. Y el batería que toca ahora con él es bastante cursi. No aporrea con ganas y casi ni se le escucha. Pero las canciones de Enrique sí que le gustan. Es más, por primera vez en mucho se detiene a escucharle. Había desarrollado como una pantalla para apartar sus letras de su cabeza. Ahora no puede. Ahora los versos entran uno detrás del otro. Contando historias sencillas, que él comprende sin dificultad. Y por primera vez desde que le conoce, Enrique le emociona. Y le emociona de verdad. Y al final, cuando cuenta la historia de aquel jinete desgraciado que lo perdió todo y solo quería morir, no lo resiste. Se echa a llorar como un niño y antes de que la banda se calle abandona el recinto, temblando, abrumado y terriblemente orgulloso.

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103. The Cure // FASCINATION STREET


26/10/12 // Desde donde él se encuentra la calle no parece tan larga como lo es en realidad. Cuando el sol se filtra entre las nubes, los árboles proyectan unas sombras fantasmagóricas sobre la calzada. De este modo, las casas de la acera de en frente y los pocos coches que hay aparcados sobre la hierba, se transforman en fascinantes demonios de la noche, aventurándose en el día. Desde su nuevo puesto, el doble acristalamiento de su ventana no le permite notarlo, pero siente en su interior que en la calle hace frío, que el viento no es fuerte pero sí que está helado. Todo es nuevo para él, todo es atractivo ahí fuera. Lo que no termina de entender es el grupo de críos que se han quedado clavados debajo de su ventana. Mirándole. El sol empieza a desaparecer y, con la luz de las farolas, las cuencas de sus ojos han dejado de ser visibles desde donde él se encuentra, en el segundo piso. Y esa ausencia de miradas le atrae tanto como le asusta. Ellos podrían estar delante de cualquier casa, o delante de cualquier ventana, pero no comprende por qué le miran tan insistentemente a él. Quizás se queden delante de cada nuevo vecino la noche que llega al barrio. Quizás no son capaces de entender que lo mire todo con tanta fascinación. Lo mismo imaginan qué demonios hace un tucán en aquella vulgar casa de Crawley.

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102. Kill It Kid // LET MY FEET FALL HEAVY


25/10/12 // Hay ruido de hierros doblándose. Tiemblan las luces. Todo el armazón parece retorcerse. Es como estar dentro de un ascensor, en un desguace, a punto de convertirse en un cubo de metal apelmazado. Y en un golpe la cabina de ese ascensor cae con fuerza. Todo se viene abajo. Precipitado, demasiada velocidad. No hay fin y la caída es infinita. No hay paracaídas capaz de detener un viaje así. Hasta que el viaje se estabiliza, acostumbrado a caer, caer es la norma. Cayendo despiertas y cayendo caes en el sueño. Un sueño pesado, cargado de hierros encrespados. Amasijo de sueños. Y al despertar estás allí de nuevo, dentro de un ascensor. La luz sigue apagada. El ruido sigue atemorizando. Hasta que de nuevo, empiezas a caer.

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101. Lucas 15 // TERESINA


24/10/12 // A veces vienen historias de otra época. Se escurren invisibles desde su propio tiempo y se deslizan sin que nadie pueda descubrirlas. Avanzan por eras posándose en unas pocas bocas, saltando a algunos oídos. Y cada día que pasa es una victoria silenciosa. No mueren nunca y son capaces de alargar su vida año tras año. Y ese avanzar narcótico, imparable, consigue hacerlas olvidar. Desconocen la boca de la que salieron. Ignoran el primer oído que las recibió. Queda todo demasiado lejos y el objetivo siempre fue avanzar, no retener. Hasta que la fortuna elige las cartas adecuadas y las historias llegan a un oído concreto, un oído especial. Que escucha, reflexiona y busca orígenes. Y después se empeña en que su boca extienda esa historia, se convierta en universal, miles de oídos la escuchen.

Ahora entiendes por qué una tragedia tan lejana sigue doliendo así tantos años después.

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100. Mando Diao // DANCE WITH SOMEBODY


23/10/12 // Son recuerdos muy vagos. Cubiertos de una neblina. Como esas fotos que se tiran en ambientes muy cargados y luego parece todo una fiesta en una sauna. Recuerdo, así, a bote pronto, la oscuridad del mar. Y la altura. Debía de ser una terraza en un piso realmente alto. Un séptimo por lo menos. La noche se arrastraba sobre el agua invisible y se acercaba al grupo de gente que allí estábamos, en aquella terraza. Aunque si no recuerdo mal creo que estábamos allí refugiados, huyendo de alguien o de algo. Como si en la calle un monstruo nos hubiera empujado hasta aquel rincón. Sin embargo la sensación que había allí dentro no era pánico ni angustia. Recuerdo risas y abrazos y una sensación de acelerada tranquilidad. Como si fuésemos en un coche realmente rápido por una carretera terriblemente fácil. Y mientras algunos bailaban otros se quedaban sentados bebiendo. Había alcohol, cierto. Y los que se quedaban sentados miraban bailar a los otros pero nunca bailaban los mismos. Y en todas las cabezas había aquella idea tan invisible y tonta de que, de todos los lugares del mundo, aquel era sin duda el mejor. Al menos en ese momento. Y aún ahora pienso que no pude tener más suerte de encontrarme con la gente que me encontré y vivir todas aquellas cosas que ya no recuerdo.

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99. Klaus & Kinski // MAMÁ, NO QUIERO IR AL COLEGIO


22/10/12 // El niño no se levanta de la cama. No tiene valor. Hay una idea en su cabeza que le da miedo y teme que si se pone a andar la idea se mueva y llegue a ponerse delante de él, la vuelva a ver y vuelva a llorar a moco tendido, sin posibilidad de consuelo. Su madre se ha asustado y ha llamado al médico pero él no se encuentra mal físicamente. Sólo, su hermana, se ha sentado en el borde de su cama. Ha tratado de tranquilizarle y agarrándole de la mano ha intentado ponerse delante de esa idea, afrontarla y responderla. Él a duras penas ha conseguido dibujarla. Un futuro terror, negro. Un estar bajo la tierra, sin ver ni oír ni sentir ni siquiera la carne descomponerse. Hay un futuro, ahí delante, plagado de muerte. Y no es ya solo la suya, sino la de su madre, o la de su propia hermana Ángela. Y él no es capaz de ver ese futuro lleno de dolor y angustia sin echarse a llorar. Y lo peor es que esa angustia del dolor venidero solo se irá cuando por fin esté aquí el dolor. Su hermana, paciente, le ha asegurado que así es la vida, que todo el mundo asume y acepta ese terrible plan y que pensar en el final es no disfrutar nunca el camino. Le tiene casi convencido, pero las lágrimas no cesan.

Casi treinta años después esas lágrimas siguen corriendo, por dentro, sin que nadie pueda verlas.

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98. Glasvegas // THE WORLD IS YOURS


21/10/12 // Te miro cuando duermes y encuentro aspectos infinitos, sorpresas imposibles. Descubro, entre tus cabellos, ríos caudalosos y frondosas selvas. Admiro la riqueza del paisaje y vuelo dirección sur, hasta los lagos enormes y misteriosos de tus ojos. Y en sus orillas interminables juncos se mecen con tu sueño, como párpados perfectos. La cueva de tu boca desprende un aroma de opio, adormece y atrae como el canto de una sirena. Sigo mi descenso y admiro desde cerca las cimas endurecidas de tus senos. Las montañas mágicas que tantas expediciones han generado. Y las llanuras de tu vientre por donde pacen cientos de miles de animales de todos los colores y formas. Un pequeño bosque surge entonces, oscuro y seductor como algo prohibido. Me detengo en el pequeño monte que le precede y me giro para admirar todo este mundo en el que te has convertido. Todo lo que conozco y lo que puedo admirar… mi planeta, mi mund…

-Perdona –el Chino, sigilosamente ha entrado en la habitación hasta poder hablarme al oído… -Se llama “The world is yours”, la canción, “yours”… el mundo es tuyo… no “The world is you”, el mundo eres tú. Que veo que te vas…

Respiro, por suerte no te he despertado. Vuelvo a mi almohada y apago la luz.

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97. Coque Malla // PUNTO CERO


20/10/12 // Al fondo del hospicio un señor, no más de 50, arrea un empujón a su bandeja y se pone a gritar. Este bar es una mierda, aúlla. Quiere ver al encargado pero nadie levanta la cabeza de su plato. A estas alturas ni siquiera llama la atención. Dice que se va con su mujer, que está harto y que no sabe qué demonios hace allí, en ese sitio tan deprimente. Sólo un joven sacerdote se acerca a él. Trata de cogerle del brazo mientras dice cálmate y tranquilo y no te preocupes y cosas así. El hombre sigue braceando y algún golpe alcanza al sacerdote. No hay manera de calmarle y el hombre termina saliendo por la puerta, con la conciencia del sacerdote tranquila. Hizo lo que pudo. La calle es fría, sucia. El hombre camina por ella decidido, como si supiera realmente hacia dónde va. Y en su cabeza una voz serena comienza a recitarle un poema. El poema que él mismo le escribió, hace años, cuando en una tarde estúpidamente parecida a esta, decidió abandonarla. Le hace sentirse bien ese poema, le hace creer que la razón, esa puta despiadada, está de su lado. Sin embargo en su cabeza no se unen las conexiones necesarias para darse cuenta de que, una vez más, está abandonando la tabla que puede salvarle.

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96. Vetusta Morla // LOS DÍAS RAROS


19/10/12 // Isabel Pantoja está exhausta. Cierra la puerta de su casa, suelta el abrigo, se quita las gafas de sol y se tira en el sofá del salón. Hay tantas cosas en su cabeza que no puede pararse a pensar en una sola. En la mesa del comedor su secretaria ha dejado la bolsa de basura, de las grandes, de las de 50 litros, con todas las cosas que sus fans le han mandado. Se acerca a ellas con frialdad. No espera encontrar nada nuevo. Cartas de apoyo, tarados ofreciéndose a asesinar a su ex pareja, peluches, fotos… Pero algo le llama la tención. Es un cedé con un nombre raro, unas líneas que le recuerdan vagamente al cuerpo de una persona desmadejada. Sin saber por qué, lo pone en el reproductor y poco a poco un piano va llenando la sala. Y la voz de ese chico… es un chico joven. Llena de armonía y de intensidad. Y la banda se suma a esa intensidad. Y los versos se van colando entre todas las cosas que aturullan su cabeza. Sin carbón no hay reyes magos… Y aunque estaba convencida de que no había hecho nada malo, que ella era una simple víctima, la diana a la que la sociedad le tira los dardos, esta canción le hace ver las cosas desde un punto de vista en el que no había reparado antes. Y busca su verdad y piensa “hasta aquí”. Sonríe, por primera vez desde hace mucho tiempo, sonríe sin obligarle a sus dientes a aparecer ante las cámaras. Y cuando el coro de voces desborda el mar de sus pensamientos una idea surge entre sus aguas, como Moisés guiando su propio destino: “mañana habrá una nueva Isabel Pantoja”.

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95. Platero y tú // HAY POCO ROCK AND ROLL


18/10/12 // No sabe muy bien cuanto tiempo lleva ahí dentro pero está encantado. No hay humo en la sala pero sí que lo hay en su cabeza. La cerveza, ¡qué descubrimiento! Al principio estaba reacio a ir con sus amigos a un bar pero definitivamente fue una idea genial. Y ahora que está allí dentro no quiere salir jamás. No quiere olvidar esa sensación de estar a gusto consigo mismo, de felicidad, de delicada euforia. No quiere dejar de hablar con todo el mundo, chicas incluidas. No es capaz de ver que esa noche es sólo el comienzo. El principio de una larga canción, como la intro instrumental de un buen tema de rock. Por eso, cuando las luces se encienden no puede dejar escapar una exclamación, una imprecación al camarero que, por cierto, ya ha borrado la sonrisa de su cara.

No ve que el tema acaba de empezar y que todavía queda mucho rock&roll por delante.

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94. Deyarmond Edison // SILENT SIGNS


17/10/12 // ¿Sabes dónde me lleva esa canción? Voy a tratar de explicártelo, no va a ser fácil. Escucharla es estar en el metro de Barcelona, tarde. Casi las once de la noche de un día más, un día normal, laborable, lectivo, sin adornos ni ribetes, sin nada a lo que poder atarle un recuerdo. Un día vulgar. Agarrado a mi mochila, con la vista traspasando un libro gastado, leído mil veces por mil ojos diferentes. Pero sin prestarle atención a las letras. Con la cabeza muy cerca de allí, clavada en la sangre de la ciudad. Pensando que quizá yo soy solo uno más, otro personaje de un lienzo costumbrista. Una pincelada perdida entre el óleo… ciudadano de Barcelona. Aunque nunca haya vivido aquí. Aunque casi todo en esta ciudad me resulte nuevo y fascinante. Actuando, disimulando. Asumiéndolo como normal, como rutinario. Caminando por los pasillos, tomando el transbordo en Espanya, dirección Paral·lel. Cuando suena ese tema me doblo por dentro sobre mí mismo. Me miro y pienso que es posible que lleve demasiado tiempo lejos de Barcelona.

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93. Pulp // UNDERWEAR


16/10/12 // Mierda, ¿cómo demonios ha pasado? Ella estaba tan tranquila, sentada en una terraza, bebiendo un café y leyendo un libro o haciendo gimnasia por las mañanas junto a sus amigas y ahora está aquí, en el cuarto de un extraño, de pie, vulnerable ante unos ojos nuevos y en ropa interior. Y no es que no le guste, es que ya no estaba preparada para algo así. Y la puerta está demasiado lejos y la ventana demasiado alta. Y el cuerpo ya no esconde los años y la piel le tiembla en los escondidos rincones donde aún no está arrugada. Sus ojos revolotean, llenos de miedo, por la habitación. No se atreve a posarlos sobre los suyos y sin embargo, cuando por fin se cruzan sus miradas, ella se tranquiliza. Como si fuese el nido definitivo. La protección. Su regreso a casa. Y entonces ni la ropa interior es suficiente.

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92. The Pixies // PLANET OF SOUND


15/10/12 // Es el silbido de un ciclista lo que me llama la atención. Un hombre con chichonera sobre una bici silbando a unos peatones que se están cruzando en su camino. Ese es el primer síntoma por el que veo que está pasando algo anormal. Porque el ciclista, aunque soy capaz de verle, está bastante lejos. Al otro lado del río, circulando por el carril bici junto a la carretera. Y entre su silbido y mis orejas están los coches que circulan en gran número y velocidad, un río cargado de cargueros y en esta orilla, una ruidosa central hidroeléctrica. Así que no me cuadra que se cuele ese silbido de manera tan clara en mi cabeza porque, entre otras cosas, no he dejado de escuchar el resto de ruidos, muchos, que colorean este paisaje. Pero todo ocurre en una fracción de segundo porque lo siguiente es escuchar el piar de pájaros y los peces escurriéndose por el río, un zapato cayendo en el agua y las protestas de los peatones, varios frenazos, un teléfono móvil sonando en la ciudad cercana, cientos de conversaciones cruzadas como capas de cristal opaco, autobuses, portazos, rugidos de animales, el ruido de un par de aviones despegando, gritos de varias generaciones de varones, un balón de cuero golpeado con fuerza y todo me llega a la vez, nítido y certero como una bala. Y mientras la onda expansiva de mi recién adquirida capacidad se va ampliando, escapando del país, hay un ruido seco que se oye por encima del resto, el del último latido de mi corazón exhausto.

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91. Family // PORTUGAL


14/10/12 // Mi primo se sube a una furgoneta y decide recorrer Portugal con unos amigos. Mi primo no levanta la voz, no centra la atención del grupo y sin embargo genera un respeto sólido, como de tela de toalla. Sabe reír, mi primo, no es de esos que se queda siempre serio. Y sabe hacer bromas. Sabe, en realidad, un montón de cosas inabarcables, aunque no lo demuestre constantemente. Muchas de ellas parecen inútiles pero cuando encuentra a alguien con quien discutirlas se ve que son esenciales. Así que puede hablar con cualquiera mi primo. De la revolución de los claveles o de si Eusebio era mejor que Futre o no. De Cristiano prefiere no hablar. Prefiere hablar de Rosa Mota. O del pop vasco de finales del siglo pasado. De La Buena Vida o de Family. Y en una plaza de Faro, cuando entra en un bar con todos sus amigos, el Chino le ve desde una mesa de la terraza. Piensa en pasar a saludarle, pero duda. Quizás no le reconzoca…

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90. Julio de la Rosa // TAN AMIGOS


13/10/12 // Hace calor. Demasiado. Me falta el aire y me resbalo de sudor. Y ella se empeña en aferrarse a mí. Tengo su melena metida hasta los pulmones. Me cubre la cara, la boca, los dientes. Estoy exhausto, necesito oxígeno. Sé que hay que abrazarse al menos por unos minutos, ellas lo necesitan, pero yo necesito aire. Me voy a morir. La empujo suavemente y sonrío. La beso. Ella me desborda con su sonrisa y se abraza más fuerte. No sé qué hacer. Pero esto hay que pararlo ya. Antes de que vaya a más. Antes de que me haga el desayuno. Antes de que me presente a sus compañeras de piso y después salgamos juntos a la calle y comamos algo. Antes de que sea cómodo estar así. Tengo que librarme de este abrazo, de este calor, de este cuerpo. Es ahora, es el punto en el que la cuerda está más débil. Cuando todavía se puede romper. Vamos, sé fuerte, apártala con suavidad y déjaselo claro. No me falles ahora…

-¿Quieres un café?

-Bueno…

¡Vete a la mierda!

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89. Teddy Thompson // I’M LEFT, YOU’RE RIGHT, SHE’S GONE


12/10/12 // El veterano escritor es paciente. Está sentado cerca de la ventana, en su butaca favorita (todos los escritores tienen una butaca favorita), fumando un cigarro fino que le ha traído un viejo amigo de la otra parte del mundo. No suele fumar pero hoy es un día especial. Hoy el jurado del Nobel de literatura está reunido para otorgar un premio que más de un crítico literario de los que están metidos en estos fregados le ha asegurado que es para él. “No, no creo, no ha llegado mi hora aún”, ha dicho en pequeños círculos. Pero dentro de sí sabe que su inteligente posición en la izquierda más conservadora del panorama literario mundial, en estos momentos económicos en los que estamos, le ha dejado en franca ventaja frente a todos los descerebrados extremistas que tiene por colegas. Es paciente, decíamos, y aunque está sentado al lado del teléfono no piensa hacer como aquellas adolescentes de su colegio cuando, años ha, comprobaban una y otra vez la línea mientras esperaban la llamada del joven acneico que les gustaba. Él no tiene prisa, sabe que llamarán. Se sirve una copa de oporto y se vuelve a sentar, mientras su cabeza comienza a dibujar un aparentemente sencillo, pero profundamente comprometido discurso de aceptación del premio.

Mientras, en Estocolmo, un hombre gordo y visiblemente molesto grita “¡Oye, id pensando en otro, que llevo toda la mañana intentándolo y este tipo no da línea!”.

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88. Belle & Sebastian // THE BOY WITH THE ARAB STRAP


11/10/12 // Sale a la calle neutro como un mapa pero en cuanto le da al play la cara le cambia. Esboza una sonrisa mientras acelera el paso, hasta ponerlo al ritmo de la música, alegre, continuo, feliz. Baja una cuesta casi saltando y moviendo alegremente los hombros. Llega a la calle principal, sonríe a un taxi que hace sonar su claxon mientras maldice a otro conductor. Silba, al compás, silba mientras se cruza con acelerados ejecutivos que ni le ven. Alguien oye en la prisa el ruido de una canción levemente conocida pero antes de que pueda recordar de quién es, otro peliagudo asunto ya se ha posado sobre ese. Mientras, el chico se aleja, camino de la boca de metro. Saluda con un gesto de la cabeza al vigilante de seguridad que se fuma un cigarro y le mira atónito. Deja pasar en los tornos de entrada a una señora, con un ademán de caballero decimonónico y la señora entra en el metro feliz, como una duquesa en la fiesta del embajador. Baja las escaleras silbando, ahora ya no puede dejar de silbar y en los pasillos esquiva a la gente casi a la carrera, está eufórico no hay quien le pare. Oye el ruido del convoy acercándose y quiere estar allí el primero, acelera, esquiva una pareja con maletas pero no puede frenar a tiempo, cae a la vía y es el tren el que le quita la felicidad justo cuando la canción, fíjate tú, llega a su fin.

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87. Kaiser Chiefs // EVERYDAY I LOVE YOU LESS AND LESS


10/10/12 // Acelero la moto como para escapar de ti pero cuanto más gas abro más cerca estás. Si me giro estás ahí, sonriendo, amable y babosa. Cada metro que avanzo menos te quiero. Cada centímetro que voy más lejos más cerca estás. Y por el retrovisor veo la cara de tu madre y la felicidad de tus amigos y las odiosas conversaciones de tus compañeros de trabajo. Y ya no hay curva capaz de quitarte de mi vista ni cambio de rasante que pueda ocultarte. Creo que más valdría estrellarse contra un muro, seguir recto en un barranco, esconderse bajo un camión de seis ejes… Aunque lo mismo antes debería bajarte de la moto… no sea que en el más allá también estés detrás de mí todo el rato.

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86. Micah P. Hinson // DRIFT OFF TO SLEEP


09/10/12 // La primera explosión me pilló a unos trescientos metros. A mi izquierda, calle abajo. Pronto la calle se llenó de gente gritando y corriendo hacia mí. No quise pelear con la masa y acompañé al pánico en la misma dirección. La segunda explosión no fue exactamente ante nosotros, sino en una bocacalle que salía a la derecha. Una parte del edificio se vino abajo y escupió a la acera a miles de personas más en direcciones opuestas. Pronto había tanta gente que no se podía avanzar ni retroceder. Nos movíamos por empujones, por oleadas. Nadie podía escapar ni siquiera caer al suelo. Y entre la multitud, a mi izquierda, la vi a ella. Separada de mí por cuatro o cinco cuerpos, era pequeña, con cara de miedo, los ojos enormes. Un trozo de perfección atrapado en aquel terrible episodio. Su mirada se cruzó con la mía y hubo unos segundos de paz, un eterno momento perfecto. En mi interior creció la calma y el calor, mirando aquellos ojos supe que por fin la había encontrado y me daba todo igual. Ya no importaban las sombras que acechaban en el cielo. Ya no me preocupaban los gritos de terror de la gente. Ya tenía con qué soñar para toda la eternidad.

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85. Howe Gelb & A Band of Gypsies // COWBOY BOOTS ON COBBLESTONE


08/10/12 // Ya nadie mira sus cartas. En el salón el humo es tan denso que parece que la tensión ha tomado un color azulado y se ha posado sobre todos nuestros sombreros. El camarero ha dejado de secar sus vasos. Las chicas no bailan ni cuchichean. La gente bebe en un profundo silencio y las partidas de cartas ya no consiguen quitarnos el problema de la cabeza. Hay miradas furtivas a la puerta. Si dijo que vendría, va a venir. Eso lo sabe todo el pueblo. Aunque nadie sabe cuándo. De repente, poco a poco, como si fuera un tren acercándose desde lo más profundo del infierno, comienzan a escucharse sus pasos. El tacón de sus botas chocando con los adoquines de la calle. Son golpes tan profundos, tan graves, que en la imaginación de todos se ha ido colando un plano corto de sus pasos, la sombra de su cuerpo, sin verle aún la cara. Todos pensamos lo mismo aunque no nos lo digamos. Cada golpe en el suelo es un estremecimiento general. Rítmico, Cada vez más cercano y cada vez más alegre. Como si más que caminar, lo que hiciera, según se va a cercando, fuese bailar. Como si sus pasos fueran de baile y su sangre flamenca. Como si en vez de a un cowboy, todos esperáramos a un forajido gitano armado con botines, guitarra y mucho arte.

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84. Maderita // ATENCIÓN ENCANDILADA


07/10/12 // El domingo se cansa de serlo. Pasan las horas despacio, como aburridas de existir. Hartas de ir una detrás de las otras, siempre en orden. Como si las tres pudieran colocarse detrás de las seis y las once pudieran empezar el día en lugar de terminarlo. El Chino se recuesta en un poyete de hormigón del parking exterior de un centro comercial cerrado. El día va tan lento que no hay nada que contar. Repasa su memoria mientras una lagartija escapa de las sombras que proyecta un autobús interurbano vacío. Sabe que hay más relatos allí dentro. Dentro de su cabeza e incluso dentro del autobús, pero le da pereza. Una pereza terrible, de domingo con mucha luz y algo de fresco. No es un buen día hoy, se dice. Los domingos no viene casi nadie por aquí…

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83. Joe Henry // TOMORROW IS OCTOBER


06/10/12 // Se me olvidó decirles ayer que mañana será octubre. Bueno, realmente hoy también ha sido octubre, pero si quieren entender sabrán a lo que me refiero. Que aunque estos días haga bueno más les valdría no despistarse. En cuanto miremos al suelo el tiempo suficiente el cielo se va a llenar de nubes. Pero no solo eso. Ayer se me olvidó decirles varias cosas. Que no se dejen los cargadores enchufados en casa, que eso consume electricidad y la factura de la luz va a seguir subiendo. Y cada vez tendremos menos para hacer más cosas, pero cuidado con lo que dicen. Que nunca sabemos quién puede estar escuchando… Y más pronto que tarde esto se va a convertir en un señalar a la gente por la calle. En un “lleváosle a él antes que a mí”. Quise decirles ayer también, pero se me olvidó, que no olviden lo parecido que son ustedes a mí. Y yo a estos otros de aquí al lado. Y sin embargo algunos se empeñarán en pintarnos con colores diferentes. No se olviden de eso, por favor. Que mañana será octubre y quizá ya sea demasiado tarde para cambiar las cosas de sitio. Aunque siempre habrá quien piense que nunca es tarde para eso. Y a mí me parece bien. Pero hay palos preparados para los que se empeñen. Y hay que tener claras varias cosas aunque quizás ya se tenían que haber dicho. Esta cabeza mía, que me juega malas pasadas… Quise avisarles ayer de que el dolor no viene de las porras, sino del silencio de los que no se quejan. Y lo mismo hoy ya es demasiado tarde.

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82. Los Enemigos // HERMANA AMNESIA


05/10/12 // Mi hermana llega a casa en el coche de la policía. La han reconocido vagando por las calles, la han metido en el coche y la han traído a casa. Otra vez. Hoy es su cumpleaños pero ellos no lo saben. Están hartos, dicen, y la próxima vez nos cobrarán el porte. Eso ha dicho, el porte, como si mi hermana fuese una caja de FedEx o algo peor. Después, cuando nos quedamos solos, mi hermana pasa de largo delante de la tarta que le había hecho. Tampoco ella sabe que es su cumpleaños. Rebusca en los cajones de la cocina hasta dar con un cucharón grande, de los de servir la sopa. Se mete en el baño y se frota el cuerpo con el cucharón metida en el bidé. Yo la dejo hacer. He aprendido que de nada sirve pelear, tratar de hacerle recordar las cosas. Da igual. Todo se le olvida, es incapaz de retener nada y yo soy incapaz de repetirle lo mismo una y otra vez. Quizás sea pereza, sí, pero también es verdadero cariño y aceptación. A fin de cuentas nos llevamos bien. Cada mañana nos saludamos como si no nos conociéramos, aunque en el fondo yo sé que lo hace por fastidiar. Y que ella sabe bien que puede estar tranquila porque yo la cuido. Somos una familia feliz… curiosa, pero feliz. Si quieren otro día les hablo de mi madre Esquizofrenia o de mi hermano Lapón. Cada cual tiene lo suyo.

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81. Klaus & Kinski // TELÉFONO DE LA ESPERANZA


04/10/12 // Hay un peso en su pecho, un encoger de pulmones, una falta de aire. Hay también una tormenta en su cabeza, nubarrones, rayos y retumban truenos entre sus cejas. Hay, a veces, una tristeza tan grande que no le deja sitio para nada más. Un pesar, una ausencia de ganas, un lamento constante del instinto. Una sombra perenne sobre su frente. Una bruja maléfica en el espejo. Una mala baba en el desayuno y una desesperación de cena que no hay manera de digerir. Y la soledad, claro. Una soledad fija como el foco de una cárcel. Una ausencia eterna de sonrisas a su alrededor, de roces, de pieles, de un mísero abrazo, siquiera de una mirada cómplice o al menos furtiva. Nada. Hay, en definitiva, unas ganas locas de no estar, de no existir. De desaparecer de una vez por todas y para siempre. Aunque hay una terrible falta de valor y un miedo un poco tonto. Pero también, ¡ay amiga!, hay un camión. Grande como la solución a todos los problemas. Y hay una avería en los frenos, pequeña, nada grave, pero importante si hubiera un camionero despistado y sí, hay un camionero despistado. Hay, incluso, un paso de cebra con poca visibilidad y una lluvia insistente y resbaladiza. Y sin embargo, cuando hay una chica guapa por la acera y un girar brusco del cuello y un accionar tardío de los frenos y un chirriar de hierros y cadenas, ella tiene un pensamiento nítido y fatal: “¡no Dios mío, no a mí, no ahora!”.

Tarde. ¿En qué quedamos?

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80. Pumuky // LA PARTIDA DEL SIGLO


03/10/12 // En la oscuridad oye una voz. Ronca y débil, le dice que ha llegado la hora. Le explica lo que va a pasar a continuación y ella no se ve con fuerzas como para abrir los ojos. Sin embargo lo que le cuenta no es tan dramático como el tono de la voz deja ver. Hay una leve promesa de algo mejor, de un futuro de aceptación y coraje común. Así que en medio de un negro eterno se deja llevar, mecida por la amenaza de esa voz que todo lo llena. Y de su mano recorre parajes olvidados, abrasados por el fuego y sin embargo ellos caminan sin quemarse, como si fuese otra dimensión, superpuesta, y el fuego no fuese físicamente capaz de alcanzarlos. Y desde ahí ve la imagen de una realidad terrible que no le afecta. Un drama en primera persona tan lejano como si fuese una simple espectadora de su propia vida. Pero la carrera frena, la prisa se agota, la voz se apaga, la calma aumenta y el aire pesa de nuevo como una losa definitiva. La oscuridad sigue ahí, inamovible. Y la realidad se hace fría y concreta como la muerte.

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79. Feist // GET IT WRONG, GET IT RIGHT


02/10/12 // Escoge un perfume. Este ni siquiera es caro. Rocía el aire con él y después se adentra en el vapor aromatizado del espacio. Como si fuera un castillo cargado de aromas en el que entrar. Después baja tres pisos por las escaleras que ya no funcionan y se adentra por los pasillos. Entre las conservas elige una de raviolis con tomate. Saca un abridor del bolsillo y la devora, fría e insípida, con calma, sentada en el mueble de los congelados. Eso es lo que hace bien. Después sube hasta la última planta y se acuesta en una cama grande, cubierta con un esponjoso edredón de plumas. Se echa una larga y apacible siesta hasta que se cansa de dormir. Baja entonces a la calle, a estirar las piernas. Con calma camina por avenidas enormes, repletas de coches abandonados desde hace ya meses. Su larga melena castaña se mece movida por una repentina corriente de aire y ella se gira, quedando de cara al sol que ya se esconde tras los edificios. Hay un cruce de miradas entre ella y el sol. Una despedida, un saludo lejano, la última presencia que verá hasta que de nuevo aparezca la luz en el otro extremo de la ciudad. Cuando la oscuridad la cubre pasea por la ciudad buscando a alguien. Como si todavía la humanidad tuviese la posibilidad de existir. Eso es lo que hace mal.

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78. Héroes del Silencio // OPIO


01/10/12 // He desarrollado un curioso sentido de la protección. Estoy detrás, separado de él por un montón de timbales, tambores y platillos y sin embargo no le quito ojo. No puedo dejar de mirar como ese cuerpo cada vez más delgado y con cada vez más partes negras se tambalea, se retuerce y se acerca al abismo del escenario, cada vez más cerca del público. Cada vez más cerca de caerse. A veces pienso que eso es lo que quiere en definitiva, irse para abajo, pero no me atrevo a decírselo. El otro día se lo insinué en Dusseldorf. “Enrique”, le dije, “te estás acercando mucho al borde. Le pones tanto teatro al cantar que te acercas demasiado al borde y un día te vas a caer”. Él me miró sorprendido al principio. Pero poco a poco el gesto le fue cambiando hasta quedarse con cara de enfado. Se levantó de la mesa en la que estábamos, dejándome allí con las dos cervezas de medio litro y diciéndome no sé qué de mi habilidad con las metáforas y lo poco que le importaban mis envidias. Yo, por supuesto, no entendí nada. No se puede hablar con él. Es curioso que ahora, cuando más lejos está de nosotros es cuando me sale a mí este sentido de la protección tan tonto.

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