Los Cuentos del Chino / Julio 2013

Hay un chino muy pequeño que vive dentro de mi iPod. Él es el responsable de elegir qué canciones reproduce cuando está en modo aleatorio. Conoce tantas historias, me cuenta tantos cuentos, que he decidido compartir con vosotros al menos uno cada día. Espero que os gusten, a mí me entretienen la vida. Son “Los Cuentos del Chino”.

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367. Standstill // QUE NO ACABE EL DÍA


30/07/13 // Pusimos una pequeña banqueta en el balcón, no cabía nada más. Una banqueta roja que chocaba con la ventana del salón por un lado y con la verja por el otro. Allí se sentaba, con la barbilla en la barandilla, mirando a la calle. Cuando se levantaba el viento y le despeinaba se erguía e imaginaba que era el capitán de un barco avanzando incansable hacia la puesta de sol. Un aventurero empeñado en mantener el atardecer siempre ante él, persiguiendo a la velocidad de la noche, el día perenne. Y así su barco –mi casa- se encontraba eternamente ante un momento mágico. Él lo soñaba. Yo lo veía.

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366. Nirvana // THE MAN WHO SOLD THE WORLD


27/07/13 // Es una compra magnífica, me dice. No podía haber elegido mejor, firme aquí. Y yo cojo la pluma plateada con sus iniciales grabadas y garabateo sobre la línea de puntos que me indica. Cuando levanto la cabeza, por un momento, su sonrisa me hiela la sangre. Hay algo más allá de aquellos dientes de nácar. Más allá de sus labios acolchados y sus ojos brillantes que me pone nervioso. Pesa en mi cabeza la sensación de que me he dejado embaucar por este tipo del traje una talla más grande y el cuerpo escurrido. Él termina el papeleo mientras le observo y soy incapaz de descubrir una nueva grieta en la que apoyar mi desconfianza. Todo está cuidado. Todo medido. Los diplomas de la pared, los libros de la estantería, el aplomo… sobre todo ese aplomo de quien ha hecho esto una y otra vez. Todo eso calma mi desconcierto que, sin embargo, trata insistentemente de aparecer. Guarda todos los papeles en una carpeta con mi nombre, la adjunta a un archivador, se levanta de la silla, hace una pausa, me sonríe, se gira a su espalda y con una llave que lleva en una cadena colgada del cuello abre un gran armario de una esquina de su despacho. La mitad de su cuerpo desaparece buscando en su interior. Las manos me empiezan a sudar, el pulso se me acelera, soy incapaz de detener el temblor y cuando resurge del armario con un pequeño planeta azul y verde entre las manos me contraigo como un filete barato en una plancha. Él se muestra orgulloso, recto, grandilocuente, como la portada de un álbum de un grupo de rock. Pero en mí ya ha nacido la sensación de que soy un dios demasiado pequeño para tanta responsabilidad.

Y cuando me lo entrega, al rozarse nuestros dedos, descubro el tacto del diablo, disfrutando de nuevo de su enésima victoria.

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365. Los Planetas // SEÑORA DE LAS ALTURAS


15/07/13 // La responsabilidad me agita dulcemente del brazo y me susurra despierta, es la hora. Sé que es demasiado pronto, que podría apurar un rato más en la cama pero no debo. Tengo que publicar sin falta un nuevo cuento del Chino. Uno más, a diario, como me prometí a mí mismo hace ya un año. Así que abro los ojos y entonces la descubro, ante mí, dormida. Tiene la cara de felicidad de la niña pequeña que espera encontrar una montaña de regalos al despertar. Duerme con una media sonrisa que me conmueve, girada, de lado, hacia mí. Su frente roza mi frente. Su aliento llena mis pulmones. Su calma me aplaca el día. Rozo con la punta de los dedos su rostro y ella, en un acto reflejo, mueve sus brazos hasta apretar mi mano entre las suyas. Sus dedos pulsan mis dedos, como si jugase sobre el teclado de mi destino y yo la miro hacer. Entonces abre los ojos, solo un segundo. Comprueba que soy yo, que estoy a su lado y su sonrisa roza el lienzo del cielo, como la luna que ilumina mi oscuridad. Y a mí se me olvidan los dolores del día a día. La felicidad explota dentro de mí, borrando al paso de su onda expansiva estrés, dolor y ansiedad. . Ya no importa madrugar. Todo se queda en calma. Ha sido sólo un segundo, pero esa claridad me sirve para hacer frente a toda la realidad que la vida pretenda echarme hoy encima. Ella me abraza, con los ojos cerrados. No quiere que me vaya de su lado. Yo respiro y la pido, en completo silencio, perdón. Hoy es el último cuento, mi amor. Mañana dejaremos que la claridad nos despierte a los dos a la vez. Ya verás.

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364. Nacho Vegas // LA GRAN BROMA FINAL


14/07/13 // El despacho es pequeño. Una mesa con un monitor ocupa el centro del espacio. Las cuatro paredes están cubiertas del suelo al techo con estanterías. En ellas, decenas de miles de pequeñas casetes de ocho pulgadas organizadas por un complejo sistema de sentimientos y colores. Ante la mesa una silla roja, con ruedas y brazos y, sentado en ella, el Chino observa con detenimiento el monitor. En ese momento en la pantalla se me ve a mí, sentado ante mi propio ordenador, esperando que venga la historia, que el Chino me mande la canción correcta, que todo vuelva a cuadrar. Pero no hay más que ver la cara del Chino para saber que hoy no es el día. Hay una pincelada de guasa y una mueca de burla en su rostro. Está cansado de hacer lo mismo día tras día y busca, como un tiburón enjaulado, salirse de la rutina.

Pasea su sabia mirada por todas las canciones que guarda y esquiva las de amor, las de rabia y las de ciencia ficción. Desliza su silla hasta una esquina y roza con los dedos un par de casetes violetas. Mira el monitor desde allí y me observa divertido. Comprueba que estoy expectante, que vigilo cada uno de sus movimientos. Sonríe y salta a la siguiente y de ahí a otra, pero en ninguna se detiene. Juega conmigo, me vacila. Su sonrisa es exultante y sabe que cada vez me estoy poniendo más nervioso. El día ya está muy avanzado y aún no tengo historia. Nada me ha contado, nada he podido contar.

Entonces vuelve a deslizar la silla hasta la mesa, con las manos vacías. Cruza sus brazos y baja la cabeza, con la sonrisa siempre pegada a los labios. Medita, como hace cada vez que ha terminado de contarme algo y entonces yo no puedo evitar soltar un pequeño grito. ¡No puede ser! ¡Me ha dejado sin cuento! Levanta la cabeza y abre los ojos muy despacio. En su mirada está la respuesta: “No. Mira a tu alrededor. Ahí tienes tu cuento. Lo que no tienes es canción”. Y vuelve a perderse en la meditación.

Hay segundos de pánico y después sonrío aliviado. Primero porque es cierto, aquí está la historia. Y segundo porque, aunque él no se haya dado cuenta, la broma del Chino también tiene canción.

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363. Blur // OUT OF TIME


13/07/13 // Es la inconsciencia. La manera que tienen de excitarse por lo más simple. Los gritos y las risas que explotan sin las trabas que suele ir practicando la experiencia. Eso es lo que le fascina. Trata de pensar en ello, de darle forma a esa reflexión pero un chico con enormes agujeros en sus orejas y una camiseta de tirantes le interrumpe.

-¿Quieres una cerveza?

Le tiende una lata de cerveza de marca blanca mientras le pregunta quién es y qué hace allí, en aquella fiesta. Normal. Más temprano que tarde tenían que venir a encontrarle una explicación. No es fácil de encajar un tipo como él, con pinta de profesor coñazo, en una fiesta universitaria como esa.

-Soy amigo de Laura.

-¿Amigo de Laura? ¿Cómo de amigo?

Lanza la pregunta cargada de una desfachatez homosexual que le hace parecer más divertido que grosero. Y sin embargo él reconoce toda la maldad que hay detrás. Todo lo que de verdad quiere decir, más allá de su hipotética relación con la joven Laura.

-Amigo, simplemente.

Esconde su sonrisa tras el primer trago a la cerveza y deja que algún que otro adolescente le rodee y le acribille con preguntas. No tiene mucho que decirles. Si está allí, en aquel enjambre de juventud y descaro, es por el deseo. Por el deseo sexual que le ha despertado un joven que se ha cruzado en su camino, sí, es cierto. Pero, sobre todo, por el deseo de perdurar. De seguir allí, entre los más jóvenes, cuando en realidad su tiempo ya ha pasado. Por el deseo de ser uno más entre los que jamás serán como él.

Alguien ha sacado un “Twister”, aquel juego que en su tiempo se llamaba simplemente “Enredos”. Hay varios jóvenes tirados en el suelo, en posturas cómicas, rozándose y riendo a carcajadas. Él se queda en el sofá. Por la ventana observa al mundo girar con tanta velocidad que constantemente escupe personas que pierden el paso. Se acabó su tiempo. Entonces nota un tirón… ¡Qué lástima!

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362. Shearwater // PALO SANTO


12/07/13 // Al despertar de la siesta, la tranquilidad aún seguía allí. Se sentía como Dennis Bergkamp contra Argentina. Bajando el balón con la punta de la bota y driblando con elegancia a Ayala para, un instante después, batir a Roa con el exterior del pie y por alto en el último minuto del partido. Tranquilo y feliz. Sin embargo, aquel sofá no estaba en el Velodrome de Marsella ni aquello era 1998. Se estiró, clavó la mirada en el techo y le dedicó una amplia sonrisa. Paladeó aquella tranquilidad tan sosa, tan arraigada ya en su día a día. Recorría su cerebro de punta a punta, como aquel poderoso y joven Paul Gascoine recorría todo el campo antes de que la vida lo derrotara, incapaz de encontrar un rival que lo molestara. Qué lejos quedaban aquellos días en los que el trabajo no le dejaba dormir ni de noche ni de día. En los que su cabeza parecía el Milán de Arrigo Sacchi, presionándole constantemente. Se repitió en silencio una frase: “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”. Y se acordó de la prensa inglesa que estuvo criticando a Peter Shilton durante toda su carrera hasta que se retiró con 40 años. Y entonces comprendieron que iba a pasar mucho tiempo antes de que volviera a aparecer un portero de su categoría en las islas. Bueno, él había encontrado a su Peter Shilton. Y no iba a dejar que se lo arrebataran. Se incorporó y contempló toda la casa. Su sonrisa entonces se hizo aún más grande. Allí, a su lado, su mujer levantó la cabeza de un libro y le miró con cariño. ¡Ah! ¡Aquella tranquilidad sí que no tenía prezio.

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361. Joan Manuel Serrat // PENÉLOPE


11/07/13 // De la punta al talón y de nuevo a la punta. El peso de su cuerpo bascula como un barco en altamar. Olas invisibles la zarandean con delicadeza y su pie, enmarcado por la invisibilidad de la sandalia de tacón, viaja de las puntillas a los talones. En su cadera, un brazo protege un amplio bolso de piel marrón, mientras que el otro, cruza por su pecho hasta dejar su mano aleteando ante su acalorado rostro. Se abanica torpemente mientras mantiene la cabeza, en un ángulo de 90 grados con su tronco, girada hacia la derecha. Observa con gesto serio y la vista fija, perdiendo la mirada en las profundidades oscuras del túnel del metro. Al otro lado, en el andén de en frente, un joven se ha enamorado de ella. Con ese amor pleno y perfecto que puebla el transporte público por las mañanas. La mira con insistencia esperando que al final ella, acribillada por sus ojos, termine por devolverle la mirada. Sin embargo ella sigue fija en el final de las vías. No es capaz de darse cuenta de la gente que hay a su alrededor. No ve nada que no sea el futuro que le traerá ese tren tan ansiado. De pronto un ruido se escucha, una luz ilumina la oscuridad desde su corazón de tinieblas. Ella da un paso hacia adelante. El chico del andén de en frente empieza a perder la esperanza y su amor incondicional salta entonces a otra joven que se sienta en un bando de piedra a su derecha. Aparece el tren, iluminado como una promesa. La joven que esperaba se fija ahora en la cabecera, clava sus ojos grises en las letras que iluminan el frente del primer vagón: “este tren no admite viajeros”. Y su gesto cambia. Una desolación suprema la recorre… No es ese el tren que ella esperaba. Y su mano deja de abanicar su acalorado rostro y, acompañada por su frustración, ya no está sola en el andén.

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360. The Fondas // DOWN IN THE BASEMENT


10/07/13 // Te tomas un bocata de lomo queso mientras fuera corre la noche como una vieja perdiendo el autobús: mal. Para bajarlo, un gin tonic de Larios, qué coño. Tu colega está tan borracho que todo le parece bien. Se ha clavado una sonrisa de moflete a moflete como una raja de melón. Ante las tragaperras un señor, demasiado alto para ser un enano y demasiado bajo para ser un señor, habla con las frutas. A las cerezas las llama Lauras. Porque, explica, son las más fáciles de ligar, como su prima Laura, que era tan fácil que una vez se folló al mismo dos veces en una noche y no se dio cuenta. El camarero le discute todo a la tele. Desde los anuncios de compresas hasta las reflexiones políticas. Parecen un matrimonio harto de verse, que sólo se entretiene discutiendo. Entonces aparece el chico. La mirada encendida tras las gafas gruesas. La sonrisa de medio lado como quien guarda un as en la manga. Te dice, invítame a un bocata. Dice, ponme una cerveza. Se ríe con ganas de vuestras historias mientras mira constantemente hacia fuera. De repente suelta “un momento” y escapa a la calle. Pagas las consumiciones y el chico vuelve con el as en la mano. Vamos, seguidme. Se salta la cola del local, absurdamente larga, como una manifestación pro-vida. Y a unos pocos metros de la puerta se detiene entre la multitud y os mira. “Poneos estas pulseras, rápido. Se las he quitado a los músicos que van a tocar ahora.” Os da un par de trozos de papel azul, alargado, con un pegamento seco en el borde. Tratas de mantener el salvoconducto en su lugar pero no hay manera. Antes de andar suelta “y en cuanto estéis dentro, al sótano”. El chico se cuela entre los guardias de seguridad como el mejor de los extremos. Tu colega, borracho como a nadie le importa, entra detrás con su raja de melón como pase. Tú tiras tras ellos, con cara de seguridad pero sujetando la pulsera por debajo del brazo con el dedo índice de la mano contraria. No hay problema, nadie te hace caso. Dentro la música abruma. Hay humo –¿pero no estaba prohibido fumar?-, hay luces estroboscópicas  y hay más cuerpos abandonados que al final de la Primera Guerra Mundial. Ves las escaleras, te hundes en el sótano. Y ahí es donde realmente está lo oscuro. Menos luces, más cuerpos, más calor, menos aire, más humo. ¿Más humo? ¡Venga hombre! El chico sujeta una puerta mientras te hace gestos. Cruzas el umbral y tras un pasillo estrecho te recibe un camerino. Artistas fumados sentados en sofás. ¿De aquí sale todo el maldito humo? Hay un chico muy joven buscando un camello de mdma. Tu colega abre con desparpajo una nevera enorme y se hunde dentro, como un oso pescando un salmón en un documental de los de siesta. Cuando saca la cabeza está frío por fuera y ardiendo por dentro. La raja de melón se ha hecho enorme y en sus pezuñas tres salmones con forma de cerveza aletean. El primer trago es largo, fresco y muy agradable. Tu colega, rápido como un ninja, le da la chapa a una violinista sueca de trenzas. El chico te mira a los ojos, orgulloso de sí mismo, de lo que es capaz de hacer. Levanta su cerveza, brinda contigo. Y quizá sea el ambiente cargado, o la cerveza de extraño sabor, o las carreras que se ha pegado la noche a tu costa, el caso es que las palabras se bordan alrededor de su cara, como si fuera el lema de su jodido escudo heráldico:

Con gente así da gusto.

Y entonces te descojonas.

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359. The Mamas & The Papas // CALIFORNIA DREAMIN’


09/07/13 // En la radio una señora cuenta, con una voz demasiado feliz para ese discurso, que ahora está sola. Que tiene tres hijos pero que la pequeña ya tiene treinta y seis. Y lo pronuncia así, marcando los dos numerales y la conjunción. Y a una pregunta del locutor la señora cuenta que la mejor playa de España es la playa de El Castell, en Girona. Y empieza a contar, con voz triste, aquellos años felices. Pasados y felices en los que cuidaba de una familia de cerca, como un entrenador de infantiles. El taxista, que lo escucha, se da cuenta de la ironía que enseñan los tonos de voz mientras esquiva los coches de la gran ciudad con la urgencia de una ambulancia repleta. Mira por el retrovisor buscando la complicidad del cliente para verbalizar su reflexión. Pero es imposible, porque el cliente, agotado, deja que la velocidad le despeine. No piensa en nada ahí detrás. Simplemente observa a la ciudad derretirse ante la fuerza del verano, tardío pero potente. El locutor entonces le pregunta a la señora por una canción que le recuerde a aquellos felices años de playa y familia y ella tararea una canción que, según dice, contaba algo de California. Trata de reproducir la melodía con la tranquilidad de quien no se cree escuchado por cientos de miles de oyentes tímidos. Al taxista se le escapa una risa ante el atrevimiento de la señora pero el locutor caza la composición al vuelo, la alaba y la emite. Al segundo el coro de madres y padres habla del cielo nublado, del invierno y del sueño de estar en un lugar mejor, como por ejemplo una playa. El cliente levanta la cabeza, observa la radio como si reconociera a su mejor amigo en ella. Y como quien reconoce un tema que hacía años que no escuchaba, se acuerda de quien, por curro, se tuvo que ir de la ciudad a trabajar al otro lado de los océanos.

Al llegar al semáforo, en el mismo metro cuadrado, taxista, señora, locutor y cliente navegan por las olas de la misma canción con rumbos muy diferentes.

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358. Triana // RUMOR


08/07/13 // Avanza por la calle ancha y al llegar a una bocacalle, se detiene. Algo le llama. Se adentra en el callejón inquieta. Todos los días, a esa hora, recorre las calles estrechas persiguiendo un aroma especial pero hoy es diferente. Algo flota en el aire de una manera peculiar. Algo en su interior le dice que hoy es un día señalado. Dobla una esquina ciega, barre los muros relucientes de cal. Hay una sensación que casi puede tocar con las manos y que trata de perseguir allá donde esté. Lentamente su imagen se va reflejando en los adoquines regados por el rocío. Ciega las ventanas cubiertas de geranios rojos como la sangre. De pronto asume lo que ocurre. Alguien, en algún rincón de estas callejuelas rasga una guitarra. Y entonces la mañana entiende que por mucho que busque el origen de esa música jamás la encontrará. Esa llamada es solo la causa por la que despierta y llena de luz la ciudad. Y el rumor de la guitarra queda clavado ante ella, como el bocadillo vacío de un personaje que ni siquiera está en la viñeta. Y en su vacío todos los significados son posibles. O lo que es lo mismo: libertad.

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357. Alondra Bentley // GIANTS ARE WINDMILLS


07/07/13 // En la cola, una más. Esperando. Tan controlado el suelo, tan leves los movimientos que nadie ha reparado en ella. Una pareja recibe su tarjeta de embarque y todos avanzan. Ella tira de su maleta. Las ruedas se deslizan sobre el mármol pulido. Un joven, quizás sea yo, se aleja sonriendo y comprobando la puerta por la que tendrá que embarcar. Ella es ya la primera de la cola. Una solícita azafata le hace un gesto con la cabeza. Ella se acerca. Hurga en su bolso y ofrece su documento de identidad. La azafata teclea en su computadora comandos secretos e indescifrables. Mientras, ella levanta su maleta y la posa sobre la cinta transportadora. Al soltarla salta una alarma. La báscula se ha desmoronado. La azafata levanta la vista asustada. Todo el mundo en los mostradores de facturación la observa. Perdido el anonimato para siempre, las cartas se ponen boca arriba. Ella se sonroja, se humilla y hay quien dice que incluso suelta una lágrima. Se desmorona. Encargados y personal de seguridad se acercan. Ante las insistentes preguntas ella asume su vergüenza, admite: el equipaje que carga es demasiado pesado para llevarlo en una maleta. No es un viaje de placer, es una huída. El encargado trata de hacerle ver que esa no es la salida, la forma correcta de proceder. Le acompaña a una sala privada y el aeropuerto sigue con su normalidad.

Te dije que no eran molinos. Te lo dije.

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356. Extrechinato y tú // TRES PUERTAS


06/07/13 // Esta historia no tiene personajes.

Y eso que hay quien los busca. Nubes inmensas cubren un terreno encharcado. Se desplazan veloces como ejércitos violentos sin enemigo. Las montañas cierran el paso en una emboscada inútil. La hierba se inclina hacia todos lados, cambia de orientación guiada por un viento feroz. Son como vigías esperando la llegada que no llega. En la batalla que no sucede caen hojas y animales, heridos de muerte por el tiempo. Las tumbas de hoy serán bosques mañana. Y nuevas hojas caerán abatidas por el mismo enemigo invisible. Y mientras, la naturaleza pretende aguardar agazapada, como un enorme oso escondido tras un pequeño arbusto. Se le oye rugir, a la naturaleza, incapaz de controlar su furia. Sus garras se clavan en la nada porque en esta historia, no hay personajes.

Y, al otro lado del escenario, todo lo demás.

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355. Los Piratas // LA SAL


05/07/13 // Ya sabes cómo son estas cosas. Un grupo de amigos, post adolescentes, se juntan para tocar. A uno se le ocurre una melodía nueva, otro se atreve a componer y el más valiente de todos enseña lo que escribe en su casa. Cierran un puñado de canciones que suenan bien, tocan en directo en bares de amigos y la gente se aprende sus temas. De la noche en la mañana una discográfica les graba un disco. Van a la capital y un puñado de chicos se acerca a verles con verdadera fe. Entre ellos dos hermanos, una chica y un chico, que cada vez que les ven piden una canción, siempre la misma. Quizás la más infantil y sosa de todas las que tienen. Una canción que, por pereza, nunca tocan.

De ahí hacia arriba. Las cosas funcionan. Pulen su propio estilo, maduran, se hacen hombres y sus discos se oscurecen un tanto. Las salas que llenan cada vez se hacen más grandes pero los dos hermanos siempre están ahí, siempre aplaudiendo con fe y siempre, siempre, piden la misma canción, de sus primeros discos. Una canción un tanto simple que nunca tocan.

Los años de carretera se hacen pesados. El grupo de amigos se convierte en un nido de discusiones. Se cansan unos de otros y deciden separarse. Lo hacen con pena pero también con alivio. Y el cantante comienza su carrera en solitario. Sigue teniendo tirón pero vuelve a tocar en salas pequeñas. Allí se plantan los dos hermanos que, un poco por costumbre, un poco por constancia, piden una y otra vez aquella canción del pasado lejano del cantante. Una canción que nunca, jamás se ha planteado siquiera tocar.

Es verano. El cantante ha vuelto a llenar grandes espacios. Por eso ahora, con un sitio de privilegio en el panorama musical del país, abre las ventanas de su casa en el centro de la capital y se sienta en el sofá. El éxito da tranquilidad y la tranquilidad libertad. Coge la guitarra y juega con las cuerdas. Una combinación involuntaria de acordes le recuerda una canción antigua, casi de su infancia. Una canción que nunca volvió a tocar. Sonríe. Empieza a cantar como lo hacía cuando era joven, con la garganta. No se acuerda de nada más que de cuando escribía en su cuarto, hace ya demasiados años y vuelve a disfrutar de unos versos olvidados. Pero justo por esa calle, en ese momento, camina una chica aparentemente normal. Una joven que al oír la voz se detiene. Levanta la cabeza y mira el balcón abierto de par en par, como si pudiera ver las notas salir volando. Sonríe. Sonríe muy fuerte y se sienta en un banco bajo esa lluvia de recuerdos. Piensa que le tiene que contar a su hermano ese momento tan precioso que está viviendo. Saca el móvil y le escribe un mensaje… “cuando apriete el calor”. Seguro que él lo entiende…

Es justicia poética.

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354. Modelo de Respuesta Polar // LA JAULA DE ORO


04/07/13 // Sonreís como idiotas, ¿lo sabéis? En serio, dais un poco de grima. Tan cerca el uno del otro, obviáis el calor que desprenden vuestros cuerpos. Es algo físico. Es repulsivo en pleno verano. Por la ventana os veo y os aseguro que si no estuviera encerrado aquí dentro iría hasta allí y os separaría con mis propias manos.

Una vez hablamos. Ella y yo. Recuerdo que hablamos pero olvidé de qué. Las frases volaban entre nosotros como relámpagos antes de la tormenta. No me interesa. Eso pasó. Después, como en la tormenta, todo se oscureció y se volvió turbio. Eso pasó. Ya no me interesa.

De lejos sois un poco absurdos. Como una de esas películas que ponen en el tren. Los personajes se dicen cosas, gesticulan pero no les oyes y te parecen ridículos. Vosotros sois algo así. Si alguien me abriera esta maldita puerta y lograra escapar de aquí me acercaría a vosotros tanto que me convertiría en vuestras propias palabras y ya nada, jamás, volvería a escapárseme.

Dicen que soy libre. Que nadie me retiene. Que si no puedo franquear esa puerta en realidad es por mi bien. Pero yo sé que la verdad es que me tenéis miedo. Tenéis miedo de que consiga desequilibrar vuestro amor funámbulo. Esa relación que habéis construido ahí, dentro de vuestra casa, en esa jaula de oro que mantenéis a cal y canto. Encerrándome a mí aquí fuera, solo, con toda esta gente hostil.

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353. Velveteen // FIREWORK SPECIAL


03/07/13 // Se da cuenta mientras trastea con el World of Warcraft. Le gusta jugar con los auriculares puestos para no perderse nada de la partida, pero mantiene la música en su cuarto, a media voz. Esa noche escucha una maqueta de unos colegas, de unos chicos del barrio que, conociendo sus habilidades, le han pedido una opinión. Y mientras su orco guerrero explora un valle virtual, una idea se le viene a la cabeza: “cómo se parecen estos chicos a Death Cab for Cutie”. Sale del juego y sube el volumen del tema que está sonando. Es realmente bueno. Es evocador y potente, como los de la banda de Washington. Y además al chico que canta, sólo un tono más grave que Ben Gibbard, no se le nota demasiado el acento alemán. Entonces en su cabeza surge esa punzada de alegría que acompaña siempre sus buenas ideas… “Y si…” Vuelve a sentarse ante el ordenador, le hace tres o cuatro preguntas a Google y en unos minutos tiene el plan marcado a tiza, con sus equis, sus flechas  y sus líneas de puntos discontinuas, en la cabeza. Como creía recordar, los rumores sobre el nuevo disco de Death Cab son fuertes. La banda ha anunciado ya que lo sacarán en unos meses. Se ha conocido hasta el tracklist. Perfecto. Copia la maqueta, cambia los nombres de las canciones y sube el álbum de los chicos de su barrio de Bremen a una página de descargas, como si fuese el esperadísimo “Narrow Stairs” de Death Cab for Cutie. La ansiedad y la impaciencia de los fans hacen el resto. En unos días el álbum vuela como un ejército de palomas mensajeras envenenadas. Nadie sospecha. Aquello suena realmente a Death Cab for Cutie. En pocos meses, el álbum “Home Waters” de Velveteen, se convierte en el más escuchado de la historia de la banda alemana. Solo los verdaderos fans de Death Cab se dan cuenta, pero cuando quieren llamar la atención sobre el engaño ya es demasiado tarde…

Años después, aquel tipo sigue jugando al World of Warcraft con aquel álbum de fondo. No entiende por qué aquellos chicos de su barrio dejaron de hablarle. Les hizo famosos en todo el mundo, con un pequeño detalle… nadie, jamás, supo quiénes eran en realidad…

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352. Antony and the Johnsons // ANOTHER WORLD


02/07/13 // Esta es la última vez que te escribo.

Esta mañana el sol se ha levantado más tarde que yo. Cuando se ha querido bajar de la cama yo ya le estaba mirando apoyado en el quicio de la habitación, dando sorbos cortos a un café poco cargado. Mientras él iluminaba, torpe y adormilado, poco a poco el día, yo pensaba en ti. Pensaba en ti de una manera en la que creo que jamás había pensado. Pensaba en ti sin pensar en mí. Pensaba en ti como una persona con ilusiones y anhelos independientes y desconocidos para mí. Trataba de adivinar qué querrías, qué tendrías y qué estarías dispuesto a dejar marchar. Pensaba en ti como si vivieses en un mundo paralelo. Como si tu vida no estuviera indisolublemente atada a la mía. Te he imaginado saliendo a la calle, yendo a trabajar, leyendo en el metro, riendo con amigos, sin la carga que supongo. Y te he visto no más feliz, sino más normal. Eras tú, con la tranquilidad que esas dos palabras siempre han supuesto. Eras tú, con la belleza que supone ser tú. Con la liberación que supone no ser yo. Y entonces lo he visto claro. Esta es la última vez que te escribo. Es la última vez que te rozo. Cierro este diario, ahora, para siempre. Y que el resto de ti, de mí, construya otro mundo, más libre, menos pesado. Sin tu peso. Sin tu pena. Con solo lo mejor de mí. Sin ti.

Esta es la última vez que soy tú.

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351. Joe Henry // EYES OUT FOR YOU


01/07/13 // Cerré los ojos y aguanté la respiración. Unas manos expertas me orientaron en la nada en la que me encontraba. Cuando volví a la vida y el aire volvió a entrar en mis pulmones, estaba ya al otro lado. Busqué con la mirada algo que me mostrara que había conseguido escapar pero el mundo, a este otro lado, se parecía mucho al de aquel. Me escondí unos días en el sótano de una casa vulgar. Allí teñí mi pelo, cambié de ropa, me dejé un raquítico bigote y unas lentillas de colores me mancharon la mirada de azul. Salí a la calle y me alejé con paso firme y descuidado. Nadie sospecho y pude recorrer kilómetros observando con atención todo lo que me rodeaba. El mundo libre tenía nubes parecidas, un sol igual de brillante y estrellas tan lejanas como aquel del que escapé. Una noche, al irme a dormir en una triste pensión, me quedé durante varios minutos ante el espejo. Había salido de aquel horrible lugar pensando que quizás mis ojos te iban a poder contar las maravillas de aquellos lugares que tanto imaginamos. Que iba a poder mirar por ti. Y sin embargo, cuanto más me alejaba, el único cambio del que podía hablarte era del tipo que había al otro lado del espejo.

Mirar por ti no sirve, si no puedo mirar contigo.

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