Los Cuentos del Chino / Febrero 2013

Hay un chino muy pequeño que vive dentro de mi iPod. Él es el responsable de elegir qué canciones reproduce cuando está en modo aleatorio. Conoce tantas historias, me cuenta tantos cuentos, que he decidido compartir con vosotros al menos uno cada día. Espero que os gusten, a mí me entretienen la vida. Son “Los Cuentos del Chino”.
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228. Bjork // ALL IS FULL OF LOVE


28/02/13 // Son esos pasos, los que das mientras caminas por un vagón de metro, desde la cola hacia la cabecera cuando, en ese preciso momento, justo al ir a posar el pie, el tren arranca. Hay unos segundos, unos pocos, mínimos, que te dejan colgado, con la pierna en el aire, tirando de ti hacia atrás con toda la fuerza de la cinética. Entonces tienes que alargar la zancada, haciéndola más lenta que las anteriores, más profunda. Empujas de tu cuerpo hacia adelante en los dos primeros pasos hasta que consigues compensar la velocidad del tren, hasta que, de una vez por todas, te pones a su ritmo, a su altura, y puedes volver a caminar por su interior con tranquilidad y sobre todo, con normalidad.

Bueno, pues me he pasado todo el santo día pensando lo increíblemente parecidos que son esos dos primeros pasos lentos, largos y profundos, al principio de un vals bien bailado. Eso es lo que me pasa. Eso es lo que quiero decir.

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227. Teddy Thompson // SHE THINKS I STILL CARE


27/02/13 // Se me partió el alma cuando le vi en el baño, secándose las lágrimas de la barba. No le quedaba muy bien tanta tristeza con el cuero de su chaleco. Levantó la vista a través del espejo y se me quedó mirando.

-No me juzgues, estoy jodido.

No quise ni preguntar. Lo único que quería era mear e irme de allí. Empezaban a oírse fuera los inequívocos sonidos del principio de una pelea multitudinaria, pero me había quedado encerrado en aquel averno, con las penas del tipo más grande de toda la facción de la Costa Oeste de Los Ángeles del Infierno.

-Yo nunca he querido hacerle daño. Ella lo es todo para mí, pero yo ya no puedo más con esta vida, con esta presión. Y lo peor es que ella cree que nunca voy a dejar de protegerla…

Empezó a sollozar. Sus brazos se cerraron sobre mi cuerpo como cerrojos terribles. Fuera, seguro, no quedaba nada en pie y además de los típicos lamentos, era capaz de escuchar alguna risa. Estaba claro, me la había perdido. La bronca. La buena, la de verdad había sucedido allí fuera mientras yo me convertía en el diván de un oso desaliñado.

-Gracias por escucharme, tronco –me dijo enjugándose las lágrimas.- Ya estoy mejor. Y con la naturalidad de quien no cree haber hecho nada malo salió camino del bar. Antes de que se cerrara la puerta le alcancé a ver atizándole una patada en las costillas a un pobre tipo que yacía inconsciente. Y todo arreglado.

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226. Neutral Milk Hotel // COMMUNIST DAUGHTER


26/02/13 // Niña comunista, observa la montaña. Querría escapar en un aeroplano sin frenos y aterrizar en el afilado pico bañado de blanco. Siempre de espaldas, no muestra su rostro. No quiere volver la cabeza hacia el lugar que la vio nacer y humillarse. Su pelo castaño vuela al ritmo del viento. Y sus brazos son como el carril recto y largo por el que circula su menudo cuerpo. Niña comunista, si pudiera conquistar tu pueblo, te convertiría en reina, te colmaría de sonrisas. Te alejaría del dolor y del sufrimiento y alisaría tu camino hasta la cima de la montaña. Ajena y lejana niña comunista, hija de comunistas, quisiera conocerte para poder enamorarme de ti.

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225. Tindesticks // MOTHER DEAR


25/02/13 // Nevaba fuera. Cerró la ventana, bajó la persiana y le arropó, pero el crío todavía temblaba. La madre se tumbó junto a él y abrazó su pequeño cuerpo. El calor de ella arrastró al de él hasta que los dos se quedaron dormidos. Juntos pasearon por un sueño común de alegría innata, suave y dulce, como un paseo por la playa. En el sueño el hijo era adulto y tenía el talento necesario como para dejarle regalos ocultos a su madre en su quehacer diario. Y la madre sabía leer cada detalle que su hijo tenía con ella, sin que el resto de la gente fuera capaz de entender su lenguaje oculto. Eran regalos repletos de agradecimiento, de comprensión por el sacrificio realizado por la madre a lo largo de los años de aprendizaje del crío. De amor puro y total. Era devolver pequeñas porciones de lo que había recibido.

El primero en despertar fue él. Miró a su madre a la cara. Ella sonreía mientras seguía durmiendo. Él comprendió. Le besó en la frente, agarró el borde de la manta y como pudo cubrió el cuerpo de su madre. El frío no tenía manera de llegar a sus cuerpos.

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224. Soundgarden // HEAD DOWN


24/02/13 // Se le metió una canción en la cabeza y no había manera de sacarla. Al principio no molestaba demasiado. Tarareaba mientras estaba haciendo cualquier otra cosa, repasaba una y otra vez la misma estrofa, se detenía en el punteo de la guitarra que imitaba con la boca cuando iba al baño… nada preocupante. Pero fueron pasando los días y la canción no se iba. Y empezó a ser consciente de que aquella canción siempre estaba allí. Y se empezó a agobiar. Tanto que decidió sacarla a cualquier precio. Primero se dedicó a escuchar música todo el día. Cualquier otra canción servía, pero la canción original sonaba más fuerte todavía en su cabeza, por encima de todo lo que viniera de fuera. Después se concentró solo en canciones pegadizas. Estribillos repetitivos, jingles publicitarios, pero no había manera. Decidió, en un alarde de desesperación, estirarse cabeza abajo, confiando en que la gravedad hiciera su trabajo. Y así, haciendo el pino, se dio cuenta de que el día que dejara de acordarse de esa canción no se daría cuenta, porque si lo hacía, si se daba cuenta de que se había olvidado de la canción, en ese preciso momento se estaría acordando de nuevo de aquella maldita canción.

¿Canción? ¿Qué canción? Mierda.

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223. Beck // ASSHOLE


23/02/13 // Se te iluminó tu fofa sesera. Dijiste, “¿Qué mejor manera de poner tierra de por medio con ella que insultándola?”. Tu razonamiento era realmente estúpido. Suponías que al cubrirla de mierda hasta las cejas, que al echarle en cara un montón de momento absurdos que ni siquiera sucedieron como decías, ella te odiaría y la separación sería más sencilla. Ni siquiera viste que ella se vio atacada por el tipo al que había querido con toda su alma. Y algo así afecta a cualquiera. Lo pasó tan mal que hicieron falta toneladas de amigos para soportar su peso, para impedir que cayera del todo. Y mientras nosotros hacíamos eso tú te dedicabas a vivir tu estúpida vida. Bien, creo que todo eso se resume muy bien con una sola palabra: capullo.

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222. Los Planetas // YA NO ME ASOMO A LA REJA


22/02/13 // Son estas cosas que tiene la noche. Que al salir del bar en el que le has dicho a todas las mujeres cosas que no recuerdas y en el que te has abrazado con todos los hombres que has reconocido, prefieres dar una vuelta antes de irte a dormir. Y me siento en el coche, no hagáis esto en casa, niños, y me pongo a dar vueltas por la ciudad como si fuera un taxista tiquismiquis, frenando cada vez que veo a alguien pero incapaz de coger ningún cliente. Sigo la senda marcada por las farolas y subo el volumen de la música. Lo suficiente como para que tiemblen las ventanillas del coche y, por supuesto, también los débiles cristales que cubren el depósito de melancolía de mi interior. Me dejo llevar. Grito, más que canto. E incluso toco la batería. Golpeo el volante con fuerza cuando suena la caja; le pego un acelerón al coche cuando suena el bombo. Sé lo que hago. Soy un puñetero experto kamikaze. Mi coche parece un radiocasete de los ochenta pero en grande y con el hortera dentro. Hago tanto escándalo que no entiendo como no se han despertado tus padres…

Paro la música, abro la puerta y me bajo del coche sin detener el motor. Delante, tu portal. Encima, la ventana de tu cuarto. O al menos del cuarto donde vivías cuando éramos novios, hace casi veinte años. Y no sé por qué mi coche me ha llevado hasta aquí. Y no sé qué hacer ahora que he llegado. Solo doy gracias al cielo por haberme quedado sin batería en el móvil. Porque ahora mismo sería muy capaz de buscarle un pequeño gran problema al yo del futuro.

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221. Band of Horses // FACTORY


21/02/13 // Los operarios de la cadena de montaje no tienen tiempo ni para mirarse. Van ensamblando cada uno la parte para la que están milimétricamente entrenados. El primero añade al armazón principal un par de piernas, el siguiente suma los pies. Luego otros dos colocan los brazos y al final de la primera fila ponen la cabeza que completa el hombre. Después la cinta gira y baja la velocidad. Los operarios de esta parte de la fábrica tienen que ser más minuciosos. Añaden ojos, boca, dientes, orejas, nariz, uñas, cuatro tipos increíblemente habilidosos visten con traje gastado, zapatos sin suela, gabardina vieja y sombrero de piel ajado. El último le acopla una cartera de viajante en su mano derecha. La cinta vuelve a girar y al fondo de la fábrica, tres hombres sombríos se detienen medio minuto en cada producto. Le abren el pecho y con sumo cuidado le insertan la soledad, la melancolía y la tristeza. Completo, cada hombre avanza derecho hacia la salida de la fábrica, que casi siempre está conectada con algún apartado hotel de carretera.

Si coinciden, se reúnen en la barra del bar del hotel a tomar un whisky, sin hablar. Pero son casos extraños.

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220. Los Enemigos // LA VENGANZA DE H.P. EXPÓSITO


20/02/13 // El candidato se revuelve en la silla. Iba todo muy bien hasta que ha entrado un hombre de mediana edad, con traje y se ha quedado tras el responsable de recursos humanos, mirándole fijamente. Se ha mantenido en silencio y ha conseguido ponerle nervioso. Ha conseguido capear el temporal, pero ahora que ha hablado, el candidato sabe definitivamente que esta entrevista no va a salir bien.

-¿Cómo?

-Que si es usted bueno. ¿Es usted bueno? ¿Es usted buena persona? ¿Se considera usted, señor… -se asoma a los papeles que hay sobre la mesa- … señor Calado… se considera buena persona?

-Bueno… sí, sí. Sí, soy buena person…

-¿Siempre? –La agresividad de las preguntas le incomoda tanto que decide defenderse atacando con elegancia, como siempre ha hecho.

-Disculpe, sólo por saber con quién hablo, ¿usted es?

-Oh, perdón –el responsable de recursos humanos sale al quite-, este caballero es el señor Expósito, director de la empresa.

Expósito, ese apellido le trae recuerdos pero no es capaz de colocarlos en su sitio. Duda. No hay tiempo…

-¿Y bien? Ya sabe quién soy. ¿Siempre ha sido usted bueno, señor Calado? ¿Con todo el mundo?

Y en la ferocidad y la rabia de la mirada del señor Expósito, el señor Calado reconoce los ojos de un niño atacado. Le mira igual que miraba aquel crío sucio y pobre que malvivía en su barrio e iba a su misma clase en el colegio. El “hijoputa” del Expósito, me cago en diez. Y como si estuvieran proyectando una película en su cabeza, se ve a sí mismo, con 30 años menos, tirándole piedras al director de esta empresa en la que estaba a punto de ser contratado. Ahora, por supuesto, ya no.

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219. The Housemartins // THINK FOR A MINUTE


19/02/13 // Solía sentarme en este banco a hablar de fútbol y a cambiar nuestro mundo. Después empezamos a beber cervezas y cambiar el mundo de los demás. Fuimos perdiendo la gracia, el humor y las risas y cuando quisimos darnos cuentas ya nadie reía por aquí. Y ahora es precisamente el silencio lo que más me llama la atención. No el pelo que ha poblado nuestro cuerpo ni cómo nos ha cambiado la voz. Ni siquiera me impresionan las tetas que han echado nuestras vecinas. Me impresiona sentarme en este banco, el púlpito desde el que contemplaba el mundo y descubrirlo tan callado, tan cansado y tan triste. A primera vista parece el mismo lugar, las cosas están en el mismo sitio. Y sin embargo, en cuanto rascas un poco, la superficie cede, podrida, al impulso. No somos más que otra generación perdida, una nueva palada de adolescentes que alimenta la hoguera que hace avanzar el progreso. Jóvenes quemados, dispuestos a perder de vista su vida con un buen partido del equipo de su pueblo o con una buena pelea en el pub de su barrio. Y aquellos que pateaban balones y costillares ajenos a tu lado ahora ni siquiera levantan la cabeza para saludarte. Y no es que no te reconozcan. La realidad es que no se reconocen ellos mismos y así es imposible diferenciar a tus amigos de tus enemigos. Están demasiado cansados y ya no ven, siquiera, en qué se han convertido. Nadie les explica a nuestros hermanos pequeños lo que hay al otro lado, cuando se levantan de este banco y se enfrentan a su verdadero destino. El futuro que aguarda siempre en la misma esquina. Con el mismo traje gastado de chulo de barrio. Con la misma oferta. Con el mismo éxito. Vaya mierda. ¿Quién más quiere ser mayor ahora? Piénsalo solo por un minuto.

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218. Damien Rice // I REMEMBER


18/02/13 // Recuerdo la primera vez que te vi. Yo estaba en el pasillo y tú abriste la puerta de la sala donde se proyectaban cortos. Tu rostro se recortó contra la pantalla del fondo y yo me quede quieta. No sabía muy bien qué hacer. Quería decirte algo pero no sabía qué. Para mí fueron unos segundos eternos y claves. Pensé que quería estar contigo esa misma noche y horas después, mientras te contemplaba dormido en mi cama no podía creer lo que había encontrado. Recuerdo que fuera llovía y que dentro de mí sentía tanta paz que aquello me parecían lágrimas. Recuerdo que pensé que nada ni nadie podía bajarme de aquel maravilloso lugar. Es sencillo, lo sé, pero en aquel momento no se me ocurrió pensar que el único que podía volver a hacerme sentir una mierda eras tú mismo, mi amor…

Recuerdo que siempre te has ocultado en mí para evitar tomar ni una sola decisión. Recuerdo cómo te reducías a la nada, cómo te hacías pequeña a mi lado. Espero que ahora seas lo suficientemente grande como para borrarme de tu vida. Recuerdo que hubo días en los que fui cruel, en los que aparenté que no me importabas nada y en los que te dije que lo nuestro no era más que sexo. Y me despreciaba a mí mismo pero no podía no hacerlo. Y sin embargo ahora me gustaría saber si vas a ser capaz de vivir sin mí. Si vas a tener el suficiente coraje como para decirme lo que piensas. Si vas a ser lo suficientemente fuerte como para enfrentarte a mí, dejar de lamentarte y pelear por algo una vez en tu vida. Sinceramente lo dudo.

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217. The Rolling Stones // UNDER MY THUMB


17/02/13 // Le encantan estos segundos. Son como un orgasmo multiplicado por mil. Él de pie, con el brazo estirado y todo el mundo pendiente de su gesto. Esperando su siguiente movimiento. Se recrea. Sabe que se recrea demasiado, pero no puede evitarlo. Si por él fuera iría de cara en cara, admirando cada expresión, cada rostro, imaginando qué desea cada uno. Desde su familia, sentada detrás de él, hasta el último de los tullidos de cuidan a las fieras. A los últimos a los que mira a los ojos, después de un buen rato, siempre son los gladiadores. Así, cuando llega a ellos, están realmente desesperados. Esos hombres tan fuertes, tan valientes, tan duros, tienen en su rostro una expresión tan anhelante que le vuelve loco de placer…
Y mientras le salva la vida a un pobre desgraciado, el público ruge y él se vuelve a sentar con una sonrisa benévola, piensa que alguien debería inventar una música para ese momento. Algo con ritmo, algo serio pero divertido. Algo que le dé la importancia que merece a esa minúscula parte del ser humano que es el pulgar de un hombre importante.

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216. Él mató a un policía motorizado // LA CELEBRACIÓN DEL FUEGO


16/02/13 // Ve arder la hoguera y la mirada se le pierde entre las llamas.

-¿Estás bien? –Escucha a su espalda.

-Sí, supongo. –Jesús se gira y encuentra a Pedro a su lado. Siempre a su lado. Por un segundo tiene la tentación de contarle que ha tenido una visión, que cree que todo eso, todo lo que están haciendo, va a terminar muy mal. Para él y para todos a partir de él, va a terminar haciendo más daño que bien. Ha visto claramente cómo sus palabras se van a malinterpretar, como se van a aprovechar de su figura para acabar con los débiles, para apartar a los que discrepen. Ha entendido el error, pero se reprime.

Una vez más, Jesús es fuerte ante las tentaciones y se calla. Solo espera no estar allí el día del Juicio Final, escuchando reproches por toda la eternidad…

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215. My Morning Jacket // DONDANTE


15/02/13 // Giordano Bruno ya no siente dolor. Los grilletes se le han clavado en la piel pero hace días que ha dejado de importarle. Ahora puede ver el sol iluminando Roma. Ese objeto dorado que tantos quebraderos de cabeza le ha supuesto. Pero no va a echarle la culpa ahora al sol. Es demasiado racional para eso. Hace frío pero eso tampoco le importa. Más de siete años llevaba encerrado y poder volver a contemplar las calles de Roma le alivian el peso y le calientan el alma. Sabe que va a morir y sabe que va a morir de una manera terrible. Que van a hacer una excepción con él y se van a saltar el paso de acabar con su vida antes de prenderle fuego. Pero hasta eso le divierte de algún modo. Ha visto el temor en los ojos del Papa Clemente VIII. Sabe que él se ha dado cuenta de que le están convirtiendo en un mártir. Y Giordano ha sabido aprovechar el momento y le ha dicho, tras escuchar la sentencia “tenéis más miedo vosotros al dictar la sentencia que yo al recibirla”. Y ahí los ojos del Papa le han dado la razón. Después, todo lo demás, ya le sobra. Y por eso ahora contempla las calles de Roma y los ojos de los impresionables romanos con la tranquilidad de quien ya tiene todo hecho. Además su ejecución es en Campo dei Fiori. Una plaza pequeña pero realmente preciosa. Esquiva arrepentimientos ante frailes pesados. Rechaza crucifijos y mira fijamente al sol, su único aliado. Y cuando empieza a sentir el calor, el verdadero calor, se da cuenta de que en sus 52 años de vida no ha conseguido que nadie se quede junto a él. Nadie está a su lado, lamentando su muerte. Y al perder el conocimiento, justo unos segundos antes de morir, se contempla a sí mismo en un futuro increíble, solo también, pero feliz, ante una enorme avenida de edificios que el sol de la mañana pinta de azul.

Y muere feliz pero también triste, porque entiende que en el futuro ya no le espera nada mejor.
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214. Triana // QUIERO CONTARTE


14/02/13 // -Yo sé que tu padre te está mirando. Pero quiero que sepas una cosa, niña. Así que siéntate aquí a mi lado, separados, sin tocarnos y escúchame bien. Todo es relativo, ¿habías escuchado esa frase antes, niña? Yo te la explico. Mira, por ejemplo, tú tienes tu puerta cerrada, ¿no? A cal y canto. Cerrada con llave hasta que llegue el momento adecuado y yo lo entiendo, lo acepto y lo respeto. Pero resulta que esto de las puertas tiene su aquel, niña. Y que es imposible cerrarlas todas. Es como aquella broma de chiquillos, ¿la hiciste alguna vez, niña? La de atar con una cuerda el pomo de dos puertas de un bloque de pisos, de esos que tienen las puertas una en frente de la otra. Y después llamar al timbre de las dos a la vez. Quieren abrir, pero al tirar de sus puertas cierran la de su vecino. Y solo cuando cierran la suya, el vecino puede abrir. Pues algo así pasa con tus puertas, niña. Ahí está tu padre, sin quitarnos ojo. Es incapaz de escuchar de qué estamos hablando pero tiene en su cabeza que nadie va a llamar a la puerta de su niña hasta que no se case. Lo que no imagina es que si tú tienes cerrada la puerta de entrada, por fuerza hay otras que se tienen que abrir. ¿Lo entiendes?
-Creo que sí. Tú lo que quieres es que te la chupe, ¿no?
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213. My Morning Jacket // WONDERFUL (THE WAY I FEEL)


13/02/13 // Mira las paredes de ese edificio. Fíjate bien. La luz, nueva hoy, las está pintando de azul. De azul eléctrico. De ese azul que tienen las habitaciones iluminadas por una lámpara fluorescente. Y los últimos edificios de la Gran Vía, los que se apoyan en la Plaza de España para levantarse como un animal agazapado hacia la Plaza del Callao, parecen las paredes de un enorme quirófano. Un lugar mágico en el que Madrid se opera a diario para rejuvencerse. Aunque solo sea un día. Cada día un día más joven y así, siempre igual.

Me detengo unos segundos ante la boca de metro, antes de desaparecer en las entrañas de esta ciudad que tanto me aporta. Me estremece pensar en los años que me contemplan a mí. Copio la mirada de Alfonso XIII, que seguro que admiró este cielo limpio y el aire frío que azota desde la Casa de Campo. Aunque dudo que Alfonso XIII se paseara por aquí a estas horas para ver la luz azul del amanecer pintada en el final de la Gran Vía.

Entro en el metro y me estremezco de nuevo. Otro cuento con un solo personaje. Otra historia que me cuento a mí mismo. Nadie con quien compartirlo y sin embargo, ahora mismo, es curioso… me siento de maravilla.
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212. Bon Iver  // TOWERS


12/02/13 // Estás tan seria que no pareces tú. Observas el horizonte con tanta fijeza como si estuviera a punto de mutar para siempre. Como si temieras que a lo lejos se estuviera organizando un ejército enemigo, la invasión definitiva. Por eso te mantienes alerta, en lo alto de tu puesto de vigilancia, seria y preocupada. Un observador neutral diría que estás preparada para lo peor y que vas a ser capaz de afrontarlo y revertirlo. Que nada pueden temer los tuyos. Que vas a proteger con tu sangre el terreno que pisas. Un observador neutral, claro…

Porque yo sé que finges. Yo sé que haces que estás controlando quién llega y quién se va. Que te has puesto el uniforme imaginario de alto mando militar. Que tu guerra no es más que una estratagema, una cortina de humo. Y tú, en realidad, solo pretendes hacerme reír. Porque la torre de tu juventud se yergue alta y serena sobre mi propio pecho desnudo. Y tus prismáticos están hechos con la imaginación de tus manos. El horizonte no alcanza más allá del colchón de nuestra cama y no hay mayor enemigo que la luz de la mañana peleando por presentarnos un nuevo día. Incluso diría que la invasión que temes no es otra cosa que la realidad, haciéndose fuerte en nuestro mundo y sacándonos, de nuevo, de la patria que hemos forjado entre las sábanas. La batalla de todas las mañanas. Exiliados de nuestros propios sueños.
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211. Los Piratas  // INERTE


11/02/13 // Fíjate, le digo. Clava tu mirada en mis pies. ¿No lo ves? Él se pone muy serio y mira mis zapatos como si le fueran a decir algo. El extraño momento dura demasiado hasta para un loco. No, dice por fin. No veo nada. Entonces sonrío. ¿De verdad no lo ves? ¿No ves esa pequeña película de espacio que se ha colado entre mis pies y el suelo? ¿No te das cuenta de que ya no soy de este mundo? ¿Que he empezado a escapar? ¿Es que eres incapaz de verlo? Él no ha apartado la vista de mis zapatos. Se concentra aún más y, como siempre pasa cada vez que miras algo fijamente el tiempo necesario, la realidad empieza a hacer lo que tú quieras. Dice, un momento y dice, está pasando algo. Y yo sé entonces que ya está, que ya le tengo en mis manos y que puedo hacer con él lo que me dé la gana. Claro que está pasando algo, estúpido, le digo cambiando el tono para que suene como un guantazo. Entonces levanta la vista, asustado, pero ya es demasiado tarde. Cuando busca mis ojos solo encuentra mi pecho. Y al comprobar el lugar en el que estaban mis zapatos, el suelo se convierte en poesía.

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210. Jaques Brel  // IL NEIGE SUR LIÈGE


10/02/13 // La Colegiata de Saint-Barthélemy pinta sus pináculos de blanco y entonces todos sabemos que el frío ha llegado. Hay paseos alfombrados de un espeso manto y escaleras que bajan del valle del Mosa peligrosamente heladas. Un par de niños se persiguen por entre las casetas del mercado de invierno que se levanta en la Place de Sant Lambert. Allí, un anciano se calienta a base de aguardiente de bayas y algunos turistas apuran sus últimas compras antes de que la noche cierre todos los locales. El cielo está tan despejado que parece mentira que pueda volver a nevar y, sin embargo, nadie duda de cómo amanecerá Lieja mañana.

Cerca de allí, en la Rue Au Péri, una señora observa desde su ventana el Hospital de la ciudad. La nieve se agolpa en la estrecha, como una brigada policial buscando al criminal. No se atreve a abrir la puerta y sin embargo dos intensas lágrimas surcan sus mejillas.

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209. L.A.  // CRYSTAL CLEAR


09/02/13 // Te miro pero tú no me ves. Pasas por delante de mi casa anónimo, despreocupado. Y sin embargo desde mi puesto privilegiado no te quito ojo. No me pierdo ni uno solo de tus gestos, de tus pasos, de tus signos secretos que me dejas sin darte cuenta. Incluso algunos días imagino que soy tú y cuando la noche se cierra sobre mi barrio bajo a la calle e imito tus movimientos. Paso por dónde tú has pasado, clavo tus huellas en mi recuerdo. Y al día siguiente ahí vuelvo a estar, detrás del cristal, persiguiéndote con la mirada. Mis ojos atraviesan la ventana y se clavan en ti con tanta naturalidad que tú no eres capaz de darte cuenta. Y sin embargo hoy, la luz…

Estabas a punto de perderte de mi vista cuando algo llamó mi atención. En el cristal una forma se hizo evidente. Mi propio reflejo. Yo, pequeño, humillado, anulado, mirándome a los ojos… Y ya no pude ver qué hiciste en tus últimos pasos.

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208. The Spinto Band  // OH MANDY!


08/02/13 // ¡Ay! ¡Cuando se ha cerrado la puerta de su casa! ¡Es tan bonita! ¡Qué chica! Y me ha dejado acompañarle hasta su casa. Así que ya sé dónde vive. Qué tarde. Ha sido una tarde maravillosa. El viento frío jugando con su pelo. El sol se ha ido porque estaba avergonzado. Demasiada belleza. Y yo no sabía ni qué decir. Pero ella me lo ha hecho todo tan sencillo. Me ha sonreído tantas veces… ¡Qué feliz! Y cuando se metía en su casa se ha girado en el último momento para sonreírme y saludarme con la mano. ¡A mí! No sé muy bien ni qué he hecho. Creo que le he devuelto el saludo pero ni lo recuerdo. Mandy. Su nombre ahora me suena como la más bella canción. Mandy… Mandy… Ah, no, espera… Que lo que suena es el móvil. ¿Y quién será? ¿A ver? ¿Mi hijo? ¿Y qué tripa se le habrá roto ahora? ¿Hijo? Sí, estoy bien. Sí, he llevado a tu suegra a su casa, sí. Mmm, bueno… sí, puede. Puede que sea simpática, sí… no lo sé. Tampoco la conozco bien.

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207. The National  // SLOW SHOW


07/02/13 // Los pasos son pasos, pero no siempre son los mismos pasos. Al verlo abierto algo dentro de mí me dijo “pasa”. Y crucé el patio despacio, como si me adentrara en una jungla inhóspita en vez de en mi antiguo colegio. No había nadie allí y sin embargo en mi cabeza escuchaba perfectamente las voces de mis compañeros de clase. Los gritos de Miguel y las confesiones de Eduardo. Los consejos de Julio y las amenazas del matón de Sergio. El viento frío de febrero me las trajo, colándose en mi abrigo, jugando con mi pelo, arañando mis rodillas. Llegué hasta el bloque principal y entré despacio. Estuve a punto decir “¿Hola?” en alto, esperando encontrarme con alguien pero no lo hice. Temí que quien me descubriese me terminara echando. Pasé al recibidor y me acerque a la puerta de un aula. Giré el pomo y la puerta cedió. Dentro la luz de sol se colaba por los enormes ventanales con rejilla. Me quedé clavado en el umbral. El aula, aquel lugar en el que pasé tantas y tantas horas mirando el reloj de la pared, suplicando por unos minutos más de tiempo libre, me miraba a mí ahora con la cara de un anciano. Comparado con mis recuerdos aquel lugar era increíblemente pequeño. Ridículo. Me parecía imposible que pudiésemos entrar treinta chavales en un sitio tan minúsculo. Los pupitres apenas se levantaban del suelo. Y en aquellas sillas ahora no me entraría ni medio culo. Crucé el aula con paso firme, imaginando ser mi propio profesor. Don Fernando. Serio, haciendo el silencio a mi paso y las burlas tras él. En seguida llegue ante la pizarra. El camino que  yo mismo había recorrido tantas veces para decir la lección. Ocho, diez pasos, no más. Y sin embargo nunca, jamás los mismos pasos.

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206. The Decemberists  // DOWN BY THE WATER


06/02/13 // El local tiene una sala al lado que ellos llenan de bebidas y neveras portátiles con hielo. La puerta que los comunica está muy bien insonorizada y así mientras unos se beben unas copas otros pueden seguir tocando. Los ensayos son una excusa para quedar y reírse más que para hacer carrera en esto de la música, sin embargo todavía hay tardes que se transforman lentamente en noches. El otro día, sin ir más lejos, en un pequeño descanso, mientras unos pocos recordaban la fiesta del pasado fin de semana en la sala contigua, dos siguieron tocando. Llamémosles Markel y Abantza. El con la guitarra y ella con el bajo. Se conocen desde hace tanto tiempo que no hace falta que se digan nada. Han discutido tantas veces que la amistad ya está forjada a fuego. Y ese día que os digo, justo cuando el grupo de los que estaban en la sala rompía en risas recordando una anécdota de hace años, ellos comenzaron a tocar “Down by the water”. Nadie les escuchó, solo ellos mismos. Markel cantaba, Abantza hacía coros. La hicieron de corrido, de memoria, con la tranquilidad que da la confianza. Y al terminar sonrieron, había sonado realmente bien, chocaron sus manos. Lo que ellos no podían saber es que nunca había sonado y nunca volverá a sonar tan bien aquella canción. Fue perfecta, llena de complicidad, de matices, de luz. Salieron del local y se sirvieron una copa con el resto de sus amigos. La noche se hacía madrugada y sin embargo todo estaba bien.

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205. Nudozurdo  // ILUMINA TU CUERPO


05/02/13 // Oye una voz lejana pero insistente. Le da órdenes. Constantemente. Al principio le preocupó. Después llegó a ignorarla y vivió con mucha tranquilidad. Ahora ya no se da cuenta, pero hace todo lo que le pide. Y le parece todo lo más normal del mundo. Él asume su derrota como una nueva victoria. Actúa, finge, vive en un enorme escenario al ritmo de su voz. Ya no toma decisiones. Sólo interpreta el papel que le dicta. Y es bueno. Tanto que nadie sospecha, ni siquiera él mismo, que ya ha entrado en su último acto. Cuida de sus padres, engaña a un amigo, se convence de que es buena persona, regala flores a su novia, espera a que llegue el momento perfecto. Y con todo el mundo sonriendo y mirando en la dirección equivocada, se deja ir, se deprime al no verse reflejado en ningún espejo. Se maltrata como a un perro y la voz le da una última orden: ilumina tu cuerpo. Lo único que se le ocurre es la gasolina y la cerilla.

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204. Josele Santiago  // FAROL


04/02/13 // Cierra la puerta. La corriente me mata. Es como si la maldita calle me quisiera ver durmiendo en cualquier portal. Como si reclamase el trofeo de mi vida, que ya se ha preocupao ella por destrozarme. Va a ser el puñetero frío el que acabe conmigo y no este vino aguao. Y no me vengas con que no lo tocas. Estaré en las últimas pero aún me queda paladar. Ni bolsillo, ni hígado, ni vida social, ni recuerdos. Pero el paladar lo tengo casi como el primer día. ¿Te acuerdas? Aquellos días en los que veníamos a beber para disfrutar, para celebrar que hacía calor y que todo era fácil y útil. Ahora ya nada sirve de nada. Es una derrota detrás de otra. Una pérdida de tiempo constante. Pero no pienso ponerme a dar gritos, perder la chaveta, montar el espectáculo, atraer miradas y que los niños me tiren piedras por la calle. Voy a quedarme aquí hasta que termine mi vida. Si es que a esto se le puede llamar vida. Esto es lo que me queda después de haber tocado fondo y no haber caído. Pensé que podría levantarme y volver a resurgir y lo único que se levantó fue mi abrigo vacío, sin nada dentro. Bueno, mi abrigo y mi polla, que esa no hay quien la tumbe. Ya ves tú qué cosa más ridícula.

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203. The Wave Pictures  // CASSIUS CLAY


03/02/13 // No estés tan seguro, le digo. Se te llena la boca con lo de “yo soy así, es lo que hay”. Se te ve tan convencido que das un poco de pena, por cierto. Porque es posible, solo posible, que seas un tipo inquebrantable, que tus principios sean pilares en los que posar una catedral gótica. Lo que tú digas. Te lo concedo. Pero aún así, al final, puedes llegar a cambiar. Aunque no quieras, aunque te empeñes en ser cabezota. En cualquier momento puede llegar el tiempo y darte una lección. Torres más altas han caído. Mira por ejemplo a Cassius Clay. Era un ejemplo de intensidad. Llegó el tiempo y le dio un revolcón. Años después, el tipo duro, el hombre capaz de tumbar a la muerte de un directo, necesita ayuda para tomarse una sopa. Es tan cruel, tan crudo, que harías bien aflojando esa energía y guardándotela para algo más práctico. De nada vale enfrentarse al tiempo. Todos cambiaremos, más te vale ir asumiéndolo.

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202. Iván Ferreiro  // PARAÍSOS PERDIDOS


02/02/13 //Dejó escapar la parte más salvaje y se quedó sentado en el sofá, como un perro viejo, para alegría de su mujer. Decidió olvidar el que era por ser otro más tranquilo. Vio los días convertirse en noches y las madrugadas en días. Se volvió todo gris y monótono. Sin embargo su mujer, superada la primera alegrías de la victoria, terminó por no aceptarlo. Habituada a chocar una y otra vez contra su enemigo, encontrarse repente con un vacío le hacía perder el pie. Caía una y otra vez del otro lado y se desesperaba. Buscaba en el pasado a su marido para abroncarle pero no había respuesta. Acción no generaba reacción. Poco a poco ella también se fue apagando. Dejaban escapar las horas en habitaciones separadas. Ella incluso lloraba, añorando aquellos días idílicos en los que vivían juntos y felices, abrazados ante el paso del tiempo. No era capaz de ver que nunca disfrutaron de un edén así. Que jamás habían sido felices… aunque ella tenía la certeza de que hubo una época en la que la vida les trató mejor.

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201. Clem Snide  // COLLAPSE


01/02/13 // A ver, no sé muy bien cómo decirte esto. Mira, voy a leerlo. Tal cual, ¿vale? Justo tengo el diccionario de la Real Academia aquí, a mi lado. Escucha. Escucha atentamente: dicho de una actividad, decrecer o disminuir intensamente. O también producir, sufrir colapso o caer en él. Y si, entonces, miramos “colapso”, dice… Destrucción, ruina… Paralización… Deformación o destrucción bruscas… Estado de postración extrema… Disminución… Pero nadie, nunca, habla en el diccionario de caer, derrumbar. Así que ya sabes, apúntatelo. Los edificios, las instituciones no colapsan. Se derrumban, caen, se desmoronan. Pero nunca colapsan. Eso es una mala traducción del inglés, donde “to collapse” significa “desmayar, caer”. Desde el 2001, cuando se vinieron abajo las torres, todo el mundo habla de colapsar como sinónimo de caer y, me cago en todo, no tiene nada que ver. Los que hablaban mucho inglés y poco español dijeron que las torres colapsaron y desde entonces somos incapaces de salir de ahí. Así que agárrate a esta canción. Canta. Sé feliz… Y desmáyate si quieres. Pero no vuelvas a decir que un edificio se colapsa… Y no me mires así. Yo hago lo que tengo que hacer…

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