Los Cuentos del Chino / Diciembre 2012

Hay un chino muy pequeño que vive dentro de mi iPod. Él es el responsable de elegir qué canciones reproduce cuando está en modo aleatorio. Conoce tantas historias, me cuenta tantos cuentos, que he decidido compartir con vosotros al menos uno cada día. Espero que os gusten, a mí me entretienen la vida. Son “Los Cuentos del Chino”.
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169. Andrés Calamaro // SOCIO DE LA SOLEDAD


31/12/12 // Andrés Calamaro observa con detenimiento la mesa de su comedor. Hay velas, la cubertería buena, fruteros de plata, un buen vino, vajilla de flores y mantel de lino. Calamaro repasa con la cabeza lo que debería tener una cena perfecta pero, como le pasa siempre, se dispersa. Su cabeza agarra un hilo y no es capaz de pasar al siguiente. Tira, tira y tira hasta que no sabe ni dónde está ni cómo ha llegado hasta allá. Calamaro mira su mesa, las velas se han fundido, el vino se ha terminado, la noche está a medio camino de convertirse en día. No han llegado los invitados porque se olvidó de mandar las invitaciones. Quizás por eso, también, esa chica lleva semanas sin llamarle. Calamaro se ríe. Se ríe fuerte, con el pecho, orgulloso de su despiste, de su perdición. Se sienta a la mesa, abre otra botella de vino y se sirve un poco. Calamaro sabe que hoy, de nuevo, cenará con la soledad y por un instante siente calor. Bebe despacio el vino tinto, ahogando su mirada en el rojo profundo del caldo. Pero Calamaro no es tonto y descubre a lo lejos, escondida en mitad del bosque de sus ideas, una diminuta mancha de tristeza y cansancio. No huye. Espera. Y mientras apura el vino se dedica a vigilar ese conato de tristeza, ese amago de rendición con una libreta en la mano. Es paciente: en cuanto dé un paso hacia él y se muestre del todo la convertirá en canción.

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168. The Black Keys // LONELY BOY


30/12/12 // Derrick se cansa de estar sentado. Lleva desde las diez de la noche en la garita del motel en el que trabaja y deben ser ya más de las cuatro de la mañana. Pero no se agobia. El turno de noche le deja tiempo y dinero para sus clases de arte dramático. El barrio es tranquilo, no suele pasar nada y el trabajo es sencillo. Pero es agotadoramente aburrido. A veces se lleva algún libro pero no le ha gustado casi nunca leer. Las letras avanzan despacio y a él le gustan las cosas más rápidas. Su agente le ha hablado de un casting para un videoclip. Es de una banda de rock y a él el rock sí que le agrada. Se supone que hay que mandar una grabación bailando el tema así que, como le gustan las cosas rápidas, decide ponerse a ello esa misma noche. Conecta el reproductor a unos altavoces y escucha la canción una y otra vez. En realidad lleva toda la noche escuchándola sin parar y ya se sabe la letra de principio a fin. Le hace gracia porque habla de un chico solitario, un poco como él, allí, en aquel motel sin vida ninguna. Enciende su pequeña cámara y se planta en el recibidor, frente a su propia garita. La música comienza a sonar y él se deja llevar. Baila como si no hubiera un mañana al que rendirle cuentas y por un momento hasta recuerda su infancia frente al televisor: por su cuerpo desfilan Michael Jackson, Travolta y el mismísimo Carlton Banks. Cuando la música se detiene, Derrick apaga su cámara. Vuelve a su garita, se sienta en su silla y mira detenidamente lo que ha grabado en el pequeño visor del aparato. Cuando termina de bailar sonríe… Qué diría el dueño del hotel si le viera bailar así por las noches. Menos mal que esa grabación nunca le va a llegar…

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167. Pulp // COMMON PEOPLE


29/12/12 // Pero vamos a ver, dijo la mujer, ¿es que no ves que si el dinero no se mueve el país no crece? Nos dais un salario, recortado, sin pagas extras y con más retenciones y con él tenemos que hacer frente a los pagos que los bancos nos piden. Los mismos bancos que se jugaron nuestro dinero en inversiones de riesgo y lo perdieron. Los mismos bancos que, cuando estaban en la bancarrota acudieron a vosotros y les salvasteis con nosécuántos millones de euros. Una salvajada de millones, un tsunami de billetes para los que lo hicieron mal. Pero es que además nos subís la luz, nos subís el transporte, nos subís el gas y el iva, con lo que al final nos subís todo. El mes se ha puesto carísimo y ya no compensa lo que ganamos con lo que gastamos. No compensa casi ni vivir. Pero es que encima, con el dinero que nos sacáis de todo eso, ni siquiera nos garantizáis un sistema sanitario gratuito y de calidad. No, privatizáis la sanidad para sacar más dinero. ¿Para qué? ¿Para salvar, otra vez, el sistema financiero? ¿Para que los bancos nos puedan dar créditos para que el dinero fluya? Coño, si quieres que fluya el dinero no me lo quites… no hagas que se lo tenga que pedir a los bancos, a los tíos que nos han llevado a esta situación. Joder. ¿Y ahora quieres que te crea? ¿Quieres que me fíe de ti cuando dices eso de “si no hubiéramos tomado estas medidas estaríamos en una situación todavía peor”? ¿Peor? ¿Peor que esto? ¿Es que no os dais cuenta, almas de cántaro, que si protegéis los bolsillos de la gente común, de la gente de la calle, el país crecerá de abajo hacia arriba impulsando a todos los demás? ¿Es que no veis que nosotros no somos el enemigo, ignorantes?

Mariano mira al suelo. Se rasca el cogote con mano indecisa y  no sabe qué decir. No tiene valor para mirar a mi madre a los ojos. Como el niño que sabe que ese cristal no estaba roto antes de empezar a jugar con la pelota.

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166. Los Secretos // CAMBIO DE PLANES


28/12/12 // Fuera, la bicicrítica colapsa la Gran Vía. Yo estoy de espaldas a ellos. Mirando hacia adentro. Hoy no pienso tratar de solucionar los problemas que yo no he creado. Ya está bien. Me bebo una cerveza porque me apetece y escribo estas cuatro líneas. En mis orejas Enrique Urquijo vuelve a llorar. Pero yo no quiero llorar más, Enrique, lo siento, te tengo que dejar aquí un momento, espero que lo entiendas. Eso sí, si me lo permites, te voy a robar el título de la canción, me lo voy a grabar en la frente, a tatuar en las muñecas. Esto es un punto y aparte, una revolución orientada, un salto. Se acabó, hay cambio de planes.

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165. Nirvana // PENNYROYAL TEA


27/12/12 // La anciana ha cerrado los ojos. El traqueteo del vagón y el calor de aquí dentro, comparado con el frío de la calle, supongo, la ha adormilado. Sus manos de uñas rojas como la sangre descansan cruzadas sobre su regazo. A su lado hay un asiento vacío y en el siguiente una señora de más de cuarenta me mira como si detrás de mí hubiera uno de esos carteles para graduarse la vista. No me siento observado, sino traspasado por unos ojos arrasados. Pegada a mi costado derecho una joven deja descansar su periódico gratuito sobre mis piernas mientras mira fotos en su móvil. Solo con girar la cabeza soy capaz de distinguir dos personas (chico y chica, quizá sean pareja) agarradas de los hombros delante de dos caballos ensillados y, en seguida, una niña de no más de cuatro años disfrazada de pastorcilla haciéndole una mueca a la cámara. A mi izquierda un señor bastante mayor trata de hablar con su nieto por teléfono pero solo grita, sin parar, tratando de salvar la insalvable distancia que les separa con la potencia de su garganta y sin dejarle espacio material para convertir aquello en una conversación. El metro, lento y cansado, llega a una nueva estación. Se abren las puertas pero nadie se mueve. Nadie deja lo que estaba haciendo. Solo la anciana abre un momento los ojos, desorientada hasta que ve el nombre en los carteles del andén. Cuando su cerebro logra encajarlo todo se vuelve a dormir.

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164. Paolo Nutini // WORRIED MAN


26/12/12 // Me apago -las cosas no están como para estar todo el día encendido- justo cuando las primeras luces del día empiezan a manchar el borde de los rascacielos. En la calle algún joven me abraza, sin darse cuenta de que a mí no me importa nada su amor efímero. Poco a poco las calles van siendo tomadas por viejos. Diminutos ancianos de pasos cortos y lentos que se escurren por las esquinas justo donde los borrachos han estado hace un segundo. Van a ninguna parte, caminan sin rumbo solo porque estar en la cama se ha convertido hace tiempo en un suplicio. Sus paseos son fugas, hacia adelante, de la muerte que descansa siempre en el segundo que dejaron atrás. Y cuando la luz empieza a tomar fuerza son los niños y sus bicis nuevas, algunos con patines, perros juguetones de gruesos collares, regalos amarrados con gravedad, los que se hacen los dueños del territorio. Dura poco su alegría, la vida vuelve a las habitaciones y expulsa a los cuerpos a la calle, atraídos por el sol. Parejas, familias al completo buscando restaurantes, deportistas extraviados, caminantes oscuros. A todos les baña la luz de mi enemigo y todos parecen felices.

Al final del día vuelvo a la vida, marcándole el camino a los amantes esporádicos, alumbrando el camino a casa a los borrachos diurnos, solitarios y vacíos, trabajadores cansados, épicas derrotas. Y mi calle, como una tierra sagrada, ha vivido en un día épicas conquistas, colapso de civilizaciones adolescentes, generaciones empujando a generaciones, imperio tras imperio. Cayendo unas sobre otras, eternas, obsesivas, ignorantes. Fútiles.

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163. Josele Santiago // GARABATOS


25/12/12 // Creo en la buena fe de las personas. Creo que cada uno busca siempre la mejor parte del pastel, el lado con más sol en la piscina. Confío en que cada uno encuentre su felicidad y en lo que esté en mi mano haré lo imposible para que usted sea feliz. Y sin embargo no tengo muy claro cómo hacerlo. Cómo ayudarles. Quizá es que he perdido la perspectiva y ya no soy capaz de encontrar el camino a mi propia felicidad. Y si no tengo mi depósito de felicidad lleno no podré dar un paso hacia la felicidad de ustedes, no sé si me explico. En realidad, todo lo que pienso no son más que unos ilegibles garabatos, incapaces de tirar de nadie. Así que le pongo freno, tiro lo que tengo a medio construir y empiezo de cero. ¿Certezas? Pocas. Yo soy yo, por las mañanas tengo sueño y por las noches invento mundos que casi siempre terminan por hacerme daño. ¿Más certezas? La gente me asusta, me da miedo. Me aparto del camino para no molestar, para no hacer daño y termino de fango hasta las rodillas. ¿Algo más? Sí, ni el peso de mi pecho ni los pájaros de mi cabeza son exclusivos. Nada pienso, nada siento que sea solo mío. Nada que no haya vivido antes mucha gente.

¿Objetivos? Conseguir que mi sonrisa siga haciéndola sonreír a ella. Y nada más.

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162. The Drums // FOREVER AND EVER AMEN


24/12/12 // Está tan ilusionado que no tiene ni idea de la que le espera. Saluda cortés y tímidamente a las telefonistas de la entrada, se arregla la corbata y sigue a su superior por los pasillos de la oficina. Se aferra con fuerza a su cartera de piel, regalo de su novia para ese primer día de trabajo. Sus ojos saltan del tipo de bigote que charla seriamente por el auricular del teléfono, al caballero de patillas que observa con detenimiento los planos de un motor mientras apura un cigarrillo. Se le escapa la vista también hacia las curvas que ciñen la falda de tubo de una secretaria. Ella, de pie, toma las notas que le dicta un hombre bastante mayor que se apoltrona en una enorme butaca, en uno de los despachos del fondo de la sala. Y en su cabeza, la ilusión le abre una viñeta en la que, en un futuro no muy lejano, él mismo dictará notas en aquel despacho a aquella misma secretaria. Sabe que es estúpido pero, en ese momento, la sonrisa que le regala al mundo se hace aún más obvia.

Cincuenta años después, sentado en esa misma butaca, recuerda aquella mañana. No es capaz de traer el nombre de aquella maldita mujer que tomaba notas a su cabeza, pero sabe perfectamente que ella supo escapar de esta ratonera. Se escabulló con el cambio de los tiempos. Él no fue capaz. Y aquella ilusión se hizo costra y no hubo manera de sacársela de encima. Ni siquiera puede encenderse un puro ahora para celebrar que él sí que sabe lo que es para siempre jamás, amén.

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161. David Thomas Broughton // EVER ROTATING SKY


23/12/12 // Enrico Caruso se levanta y se acerca al borde de la terraza. Había pedido que le llevaran el piano fuera esa noche. Desde allí el aire del final de la primavera de Sorrento le hace sentirse mejor. Junto a él, en la terraza, una hermosa joven, a la que le da clases de canto, le atiende fascinado. Él ha estado muy enfermo. Su afección pulmonar le impide respirar con normalidad y la fiebre y el cansancio no le terminan de abandonar, a pesar de no tener más que 48 años. Sin embargo esta noche se siente bien. Se siente tan bien que se anima a cantar. Y cuando lo hace su voz explota en el mar Tirreno de una manera que hace volver a los pescadores a tierra, como una sirena en negativo, que arrastra a quien le escucha hasta la paz. Se asoma a los ojos verdes de la muchacha y el mundo, su meteórico ascenso, aquellas 800 representaciones en el Metropolitan de Nueva York, su fama, las noches de euforia interminable, su vida de mito, se hacen muy pequeños. Sabe que ese dolor que se le ha posado en el pecho desde hace unos meses no es más que la muerte, esperándole a la vuelta de la esquina, pero esa noche le da igual. Se siente feliz, pletórico. Y el cielo no para de cambiar a su alrededor diciéndole “Enrico, tranquilo, la muerte no te apartará del camino. Eres imborrable.” En los últimos versos de su canto, Enrico Caruso se emociona. Dos meses después, la muerte se llevaría su cuerpo. Él jamás se irá.

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160. Café Tacuba // EL BAILE Y EL SALÓN


22/12/12 // Se deslizaba, juro que se deslizaba por la pista. La gente que se apelotonaba en mitad de la discoteca no podía tocarle. Él avanzaba entre los cuerpos y su flequillo se iba bamboleando como las alas de un ave del paraíso. Cuando le vi así, cuando vi cómo movía los hombros, como subía las rodillas, como sonreía constantemente, brillando bajo la bola de espejos como un pez plateado en mitad del océano, se detuvo la música. El mundo frenó y todo lo que había dentro se unificó en él. Sus pies, revoloteando sin llegar a tocar el suelo, eran lo único que le acercaba al suelo, al ser humano. Su manera de bailar le convertía en un ser único. Por eso, cuando con un gesto divertido se detuvo y me miró, la vida adquirió un nuevo significado. El resto del universo quedó en penumbras y, en una punta él y en la otra yo, comenzamos a reducir su tamaño empeñados en unirnos en un nuevo Big Bang reversible. El silencio era profundo, implacable, severo. Y sus ojos y los míos lanzallamas. Él se acercó hasta donde yo estaba y, abrigada por una sonrisa, soltó esta frase: “Te veo muy solo”. Entonces empecé a escucharlo. Al principio muy lejano pero cada vez más cerca. Era una voz, un coro de voces que me orientaba y me decía que hacer. Una guía para mi espíritu y mi cuerpo que se materializaba en unas pocas letras, repetidas constantemente. Un mantra…

Paparapapa eu eooooo…

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159. Absynthe Minded // FIGHTING AGAINST TIME


21/12/12 // -¿Sabes a quién me parece ver últimamente por todos lados?

-¿A quién?

-A Iván, tío. ¿Te acuerdas de Iván? –Por su cara veo que no, sigo.- Iván, aquel chico que curraba con nosotros hace mogollón de años, en aquella tele local. Aquel que cada lunes llegaba hasta donde estábamos nosotros con su café y sin decir nada se colaba entre nuestras sillas y se sentaba en la mesa diciendo “¡por fin es lunes!” y se reía. Aquel que tenía una voz chillona pero que era un tipo genial…

-Pero ese chico murió, ¿no?

-Sí, murió hace más de tres años ya. Pero yo le veo por todas partes. En el metro me parece verle, en la cola del cine, andando por la calle, de dependiente de una tienda de cómics… Y no sé si es que su estética, aquella barbita perfilada, como una continuación de las patillas y sin bigote… y esas gafas, no sé si es que su estética se está poniendo de moda o es que me quiere decir algo.

-¿Decirte algo? Como qué…

-Como que él no tuvo suerte. Pero nosotros no tenemos más remedio que ganarle la batalla al tiempo. Antes de que termine…. No sé si me explico.

Asiente. Y sin embargo dudo que entienda. Me callo. No sé qué más decir.

-Ya entiendo. Pobre Iván.

-Sí, sin duda. Pobre chico.

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158. Pale Saints // SEA OF SOUND


20/12/12 // Le despierta el sonido del mar y en seguida recuerda que hay que armar los cañones. Sin embargo, por mucho que se pasea arriba y abajo por el puerto los cañones no están por ninguna parte. Maldice en alto, se detiene y recuerda por un segundo que no se ha lavado, que la barba le lleva creciendo días sin que nadie le haya puesto un pero y que comer, lo que se dice comer, pues tampoco es que se prodigue mucho. Sin embargo no le dura la preocupación porque problemas mucho más graves asaltan su cabeza. ¿Quién defenderá la plaza tan valientemente conquistada? ¿Quién emplazará en su correcto lugar los de a 6 y los de a 8? Es su deber, así que se adentra en el pueblo, alejándose del mar, tratando de convencer a las gentes con las que se encuentra para que se alisten, se armen hasta los dientes y esperen a los franceses apostados en sus ventanas. No pueden tardar y solo el valor del pueblo les detendrá. Su perorata y su incendiado espíritu le mantienen despierto, alerta, vivo, aunque nadie le haga caso. Cómodo en su desaliño, inasequible a la inanición, él perdura. Y el sonido del mar, de fondo, convierte su locura en el ritmo vital que marca sus pasos.

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157. Counting Crows // PERFECT BLUE BUILDINGS


19/12/12 // Todo es cuestión de perspectiva. Fuera, la mujer es un cuerpo vacío, con el peso del bolso haciéndole caer el brazo hasta el suelo. La mirada perdida, el rostro seco. El viento juega con su falda mientras ella se postra ante el edificio. No puede creer que todo haya terminado así. Dentro, él observa el cielo azul y perfecto. Las comisuras de sus labios apuntadas levemente hacia arriba, como señalando el único lugar que ahora puede llamar su atención. Los ojos le brillan y respira profundamente, agradecido de poder disfrutar de un momento como ese. Y así, la tristeza de fuera y la alegría de dentro chocan en los cristales del edificio, como la pata de un animal deforme jugando ante un espejo.

Lejos, a kilómetros de allí, en algún pueblo que parece estar completamente vacío, comienza a llover con fuerza. La sombra de un niño echa a correr entre las casas bajas, en busca de abrigo.

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156. Platero y tú // YA NO EXISTE LA VIDA


18/12/12 // Cada día de mi vida avanza camino de la capitulación. No me resisto, yo soy así. Y asumo que nada de lo que empiezo puede terminar bien. No hay manera. Mi familia me da por perdido y hace años que no sé de ellos. Mis parejas han pasado ante mí como los patos de una feria. Y mi inestabilidad emocional ha sido capaz de acertar en todos y cada uno de ellos. Verme caminar por la calle es admirar el paso de un tipo atormentado, incapaz de levantarse otra vez del sucio fango. Llevo la derrota cosida a la carne y la pena como suela del zapato. Imaginaos: soy tan tonto que guardo una caja de ibuprofenos vacía por si algún día no me duele nada. Aunque dudo que ese día llegue.

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155. The Divine Comedy // DUMB IT DOWN


17/12/12 // No necesitan hablarse para entenderse. Son muchos años barriendo juntos las calles de la ciudad. Saben qué prefiere cada uno y se van haciendo la vida sencilla, mañana tras mañana. Sobre todo los fines de semana por las calles del centro. Uno es menos escrupuloso que el otro y es capaz de limpiar los vómitos de jóvenes borrachos con mayor facilidad. El otro, en cambio, se maneja con mucha soltura con el cristal roto y después de años de trabajo nunca se ha cortado. Y a los dos se les llena el pecho con una mezcla de lástima y melancolía cuando ven a algún personaje solitario caminar perdido en la mañana, con sus pensamientos a kilómetros de allí, las manos en los bolsillos y la lengua demasiado suelta. Un silbido imperceptible avisa al otro cuando localizan a alguien así. Los dos dejan de barrer y le ven perderse por las calles, camino a su propio destino. “Otro tonto cayendo”, se dicen. Encienden entonces un pitillo y fuman los dos juntos, como si tuvieran algo que contarse, aunque no abran la boca. Mientras, el tonto escapa, ajeno a sus espectadores, invisibles para él, sin saber que sí, que siempre hay alguien escuchando.

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154. Wild Beasts // END COME TOO SOON


16/12/12 // Ni grandes terremotos ni olas gigantes. No hay invasión alienígena ni enorme roca espacial chocando contra nuestra existencia. El fin, ese fin del que tanto hablaban las bocas de la tele –esas que siempre sospechamos que se movían solas- no es más que esto. Es verte y no poder tocarte. Es sentirte tremendamente lejos, a kilómetros luz de distancia. Es pensar en mañana y que se me seque la boca, que me falte el aire, que me desespere. El fin es tu tristeza y saber que la causa de la misma soy yo. Aquí tienes tu fin del mundo, cariño, del que tanto nos hablaron, el que tanto temías. Yo te lo he traído. Ahora, si me dejas, nos convertiremos en los héroes de la película.

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153. Eladio y los seres queridos // NO QUIERO PERDERTE


15/12/12 // Tengo al enemigo dentro. Oculto en mi cabeza y en mi corazón y en mis entrañas. Él brama a cada paso que doy, lamentándose de todos los que no di. Me pone barreras, me aleja de las decisiones, me oculta a los demás. Tengo al enemigo dentro de mí y cuando ve cerca la derrota me lleva hacia la autodestrucción. Y así, de mi propia mano, acaba conmigo. Tengo al enemigo dentro de mí y no es que no quiera ponerle nombre, sé cómo se llama. Pero me conoce tan bien que su propio nombre me aterra.

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152. Maga // EL RUIDO QUE ME SIGUE SIEMPRE


14/12/12 // Dar un paso, otro, otro más. Caminar sin pensar y de repente detenerse y escuchar el ruido que me sigue siempre. Volver a echar a andar, tirar para adelante y esperar que todo se vuelva fuerte y firme y notar que todo tiembla y volver a detenerse. Y llegar a oír el eco de mis propios pasos resonando en el vacío, detrás de mí, llegando hasta donde he caminado. ¿Lo entiendes? No, perdona, la pregunta debería ser ¿me explico?

Nadie responde. Normal, tampoco nadie le escucha.

Vuelve a echarse al camino, vuelve a caminar sin pensárselo demasiado y su propia inercia tira de él hacia adelante. Por eso cada vez que se detiene, es capaz de escuchar sus últimos pasos, llegando hasta donde ha avanzado. Como si se hubiera atado el ánimo a una cuerda y le obligara a subir siempre, cuando nadie más que él tira hacia arriba.

No sé si me explico.

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151. Los Evangelistas // DECADENCIA


13/12/12 // La primera gota ni la vio. Se estrelló dulce contra el cristal y poco a poco se fue difuminando por la fuerza del viento y la velocidad. La segunda fue más rotunda. Explotó contra el parabrisas en todo el centro y despertó al conductor, aunque cuando quiso centrar la vista en el origen del golpe, el agua ya se había disipado. Pero antes de que empezara a preguntarse nada, la tercera, la cuarta y la quinta gota ya habían salpicado varios puntos del cristal. Sin dejar de mirar la carretera miró de reojo al cielo. Las nubes se agrupaban como gitanos llorando una pérdida, entrelazando sus largos brazos los unos con los otros y dejando escapar la pena, cada vez más amplia, hasta cubrir toda la vista. Accionó el limpiaparabrisas y pensó en continuar, pero la radio dejaba escapar un quejido, un dolor y entendió.

Parado en el arcén, el conductor acompañaba con lágrimas las gotas con las que el cielo recordaba la ausencia del genio. Desde entonces, dos años de decadencia…

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150. Joan Miquel Oliver // POLO DE MENTA


12/12/12 // Delante de casa, cada vez que pasa alguien, los pasos, rebotados por las paredes de estas calles tan estrechas, se cuelan por las rendijas de la puerta y parece que siempre hay visita. Pero si llegas a la esquina, la callejuela se convierte en plaza donde los niños corren detrás de un balón y allí ya no estoy solo.

“Vete bicho raro, que aquí ya no pintas nada”, me gritan las sombras de las palmeras y los pescadores en los bares del Portixol. “Vete bicho raro, más allá de las montañas de las que viniste, aquí ya no queda ni tu pasado.”

Corte. En la heladería que hay al final del Carrer de Sant Miquel dos amigos dudan qué helado comprar. La decisión debería ser rápida, hay más gente esperando y la dependienta apremia, pero para ellos es tan importante que no terminan de decidirse. Paso tras ellos con ganas de dar mi opinión, de aconsejarles por uno o por otro pero no digo nada. Me callo. Otra vez.

Corte. En el convento de Santa Clara hay tanta oscuridad como silencio. Lo cual convierte el lugar en una penumbra agradable en la que se pueden escuchar los pasos de las monjas, escurriendo sus sombras cerca del altar, al otro lado de la verja. Ellas no son visitas. Las campanas del convento suenan puntuales y el tañido se escapa de la isla rozando el agua del mar, liso como un papel.

Corte. En el aeropuerto todos somos de fuera. Mi vuelo sale en media hora. Quizá no vuelva.

Corte. Cuando volví a la heladería los chicos ya se habían ido.

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149. R.E.M. // DRIVE


11/12/12 // Desde que entró en el avión se pegó a la ventanilla, encaramándose a los brazos de su asiento para poder rozar con su naricilla el doble cristal que le separaba del exterior. Su hermana, sentada a su lado, no le quitaba ojo, curiosa. Buscó en su gesto algún reflejo de asombro o quizás de miedo cuando aquel enorme monstruo de acero se separó de la pista de aterrizaje a toda velocidad, pero no lo encontró. Tampoco detecto ilusión, ni nerviosismo. Ni siquiera movió ni un solo músculo en el despegue. Pero lo que más le llamó la atención a ella es que tampoco lo movió en la hora y media que duró el vuelo. Ni siquiera abrió la boca, él, que desde que aprendió a hablar nunca había callado. Cuando el monstruo aterrizó ella se atrevió a romper el silencio.

-¿Y bien? ¿Qué te ha parecido volar?

Él giró la cabeza, como sorprendido de que su hermana estuviera allí también, a su lado.

-¿Sabes Ángela? –dijo mientras volvía lentamente a mirar hacia afuera, como para comprobar que no se estaba equivocando.- No creo que volar sea algo muy real. Creo que hemos pasado por encima de una especie de maqueta o algo así, sentados en un autobús, nada más. Apuesto a que ahí dentro no hay más que un conductor llevándonos a donde sea por una autopista llena de pantallas de cine… No tiene nada de humano esto de volar. Y desde que he visto el truco, me he aburrido bastante, la verdad.

Ángela asintió en silencio, aunque en su interior empezaba a crecer una insensata admiración por su joven hermano.

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148. Matt Elliott // SOMETHING ABOUT GHOSTS


10/12/12 // No quiere que se le note, pero ella está aterrada. Camina detrás de él por un pasillo muy amplio y oscuro. No se ve el final y eso le hace ir con los ojos pegados a su espalda. No quiere ni saber qué hay delante de él. No quiere imaginar que se esconde en lo profundo de esa penumbra.

-Entonces –dice con el tono de voz más burlón que puede sacar,- dices que aquí hay fantasmas, ¿no? ¿Pero de los de sábanas blancas y cadenas en los tobillos o de los esqueletos vivientes?

El no se detiene pero frena el paso y la mira muy levemente por encima del hombro. Tiene el pelo tan corto que, iluminado por la vela que lleva en sus manos, su cabeza redonda se proyecta en el techo, como una amenaza.

-Te diré lo que sé de los fantasmas –dice sin volver la cabeza, con una voz tan profunda que las tablas del suelo parecen crujir de pena.- Los fantasmas están aquí, por supuesto. Te están mirando en este momento desde el cobijo de la sombra. A ti y a mí.  Aunque los que te miran a ti no me miran a mí. Ni los míos se preocupan por ti. Nos controlan, saben lo que hacemos y conocen perfectamente el interior de nuestras cabezas. Y únicamente están esperando. Esperando a que nos tranquilicemos. Esperando a que nos relajemos y la oscuridad sea total. Esperando a que nos acostemos en nuestras camas y entonces, sin que nos demos cuenta, se meten en nuestro interior, se apoderan de nuestra mente y nos hacen pensar en las cosas que más daño nos pueden hacer. Y si no somos lo suficientemente fuertes como para saber sacarlos de ahí son capaces de llevarte a lo más profundo, dejarte caer en el abismo y convertir tu existencia en la expiación eterna de una culpa que ni siquiera podías imaginar que tenías.

Se detiene, se gira y la mira a los ojos. Ella sin darse cuenta, llora. Él asiente con la cabeza, resignado, y repite:

-Eso es lo que sé de los fantasmas.

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147. Extremoduro // BUSCANDO UNA LUNA


09/12/12 // Escucha el saxo. Es la señal. Abre la puerta y comienza a caminar. Hacía tiempo que no se daba una vuelta por allí y desde entonces su interior ha cambiado. Y mucho. Las obras, ya se sabe. La civilización se ha ido extendiendo, ganándole sitio al campo. Se sorprende de ver que allí donde estaba la llanura de la rabia se ha levantado un edificio de oficinas. Una aseguradora, según los letreros. Busca el parque de la juventud en el que se acompañó a sí mismo tantas noches, bebiendo calimocho y alimentando su odio contra el mundo pero no lo encuentra. Teme que estuviera allí donde han abierto ese restaurante tan agradable, donde va a comer los fines de semana con sus suegros. Es más que probable. Entonces se acuerda. Eso seguro que no lo han podido tocar. Eso no hay civilización que lo alcance. Levanta la cabeza y busca la luna, su luna. La luna de su oscuridad. Ella que siempre estuvo a su lado, brillando, silenciosa, compañera, fiel. Pero nada. No está. Lo único que alcanza a ver es un sol, amarillo, que ilumina digno y tranquilo su vida adulta como si no pasara nada.

¿Que no pasa nada? ¿Que no pasa nada?

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146. Víctor Manuel // EL MENDIGO


08/12/12 // Debajo del puente de la autopista, junto al arcén, hay un mundo de gente, como decía aquel. Siempre que paso con el coche por allí freno. No tanto por miedo de atropellar a alguien, son demasiado listos como para permitir que ningún coche les alcance. Además no hay nada en la autopista que les interese. Si freno al pasar por allí es por pura curiosidad. Al principio me atraían las vidas con lo mínimo. El recorrer incesante de la ciudad por el día en busca de algo que sea útil de alguna curiosa manera para sobrevivir por la noche. Un cartón lo suficientemente grande como para esquivar el frío, los cordones de unas zapatillas de deporte para atar los zapatos agujereados, calcetines de lana como manoplas. Siempre encontraba algo que me llamaba la atención cuando circulaba cerca de ese pequeño pueblo. Pero un día vi algo que estuvo a punto de llevarme contra el quitamiedos. Era una tarde clara de otoño, de esas en las que el sol bajo llena de luz todos los recovecos del día y uno de los mendigos estaba parado mirando los coches muy serio. Era irremediablemente joven y llevaba el pelo corto, aunque hacía tiempo que se lo había cortado y  las patillas se estaban abombando. Pero lo que más me llamó la atención de él era su cara. Su rostro era exactamente igual que el de Víctor Manuel de joven. La frente ancha, las cejas altas, el rictus serio. Me acordé en seguida de aquella canción que me ponía mi padre en su Seat Ronda, en los viajes de verano hacia Bueu, en Pontevedra. Desde entonces, cada vez que paso por ese punto de la autopista freno y le busco. Jamás le he vuelto a encontrar pero oye, siempre llevo el casete de Víctor Manuel en la guantera. El día que vuelva a verle le pediré que me lo firme.

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145. Stereophonics // MAYBE TOMORROW


07/12/12 // Me subo el cuello del abrigo y meto las manos en los bolsillos. Es una sensación extraña. Los pequeños botes amarrados en Can Barbará me resultan tan familiares… Y sin embargo no tengo manera de saber si llevan aquí mucho tiempo o llegaron ayer. El aire, el olor del aire, sí que sigue siendo el mismo. Y la gente también parece la misma, aunque realmente nada es igual. Esta Palma de Mallorca no es la misma Palma que me recibió a mí con una persistente lluvia hace ya muchos años. Reconozco las calles, la luz que baña los gruesos muros de las casas del centro, las calles marcadas a risas y descubrimientos. Reconozco mi propia juventud haciéndose mayor y ya ves, yo ya no estoy aquí. Es una sensación extraña. Es como visitar una casa en la que viviste hace tiempo pero donde ahora vive otra persona. Es como ver el futuro que pudiste tener. Asomarte a una vida que nunca llegó a existir.

Me alejo del mar, hacia el interior. Detrás de mí, las huellas que voy dejando empiezan a ser difíciles de rastrear. Pero si te fijas bien, siempre se queda algo en cada carcajada.

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144. Sr. Chinarro // LA DECORACIÓN


06/12/12 // Son palabras como coches en un atasco. Surgen sin descanso, uno tras otro, todos en fila y si te fijas cada uno significa algo pero todos juntos no tienen ningún sentido. Pues así lo ve ella. Así entiende esas palabras que surgen de los auriculares sin descanso, como si cada centímetro de esta condenada ciudad tuviese alguna historia que contar. Los deja sobre el asiento de adelante y piensa en bajarse del autobús, subirse en otro –uno serio, por favor- y coger el primer avión que salga en alguna dirección decente. No lo hace, claro, asume su derrota con la facilidad con la que esta ciudad asume sus siglos. La culpa es suya, piensa, es ella la que no es capaz de generar ni un gramo de interés por nada. Es ella la que no ve más que decoración en todo, ni un solo pilar básico que soporte el análisis. Todo es superfluo. Todo está vacío. Ya ves qué tontería. Y así lo asume, con menos drama del que parece. Y así se vuelve a poner los cascos y acepta la cháchara del idioma desconocido. Con menos rumbo en sus pensamientos que un autobús turístico. Qué más dará…

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143. The National // LOOKING FOR ASTRONAUTS


05/12/12 // -¡Que se te caen los ojos! –dijo el chico de verde. Y después le pegó una colleja leve, casi amistosa al chico de rojo. Y con el golpe ofreció una carcajada sincera, real, al espacio. El de rojo dejó de mirar hacia lo alto y le miró a él. Y en su cara se veía que había una mezcla de rabia y de aceptación hacia el chico de verde. Le dolía la colleja y le dolía que tuviera razón en reírse de él. Pero más aún le dolían los ojos, llevados al extremo del esfuerzo. Exprimidos hasta conseguir definir un pequeño punto cayendo desde el espacio. Y, si se concentraba en el dolor, sentía cómo ahora sobresalían unos milímetros de los párpados. Miró de soslayo hacia el cielo sin dejar de controlar la carcajada del chico de verde.

-Vete a la mierda -le dijo al final al chico de rojo. El chico de verde río más fuerte aún mientras el de rojo comenzaba a andar de camino a casa, olvidándose del cielo. El chico de verde echó a correr detrás de él, repitiendo chanzas y burlas sin imaginar que muy lejos de allí, a kilómetros de distancia, un astronauta desaparecía en la inmensidad, como ocurría siempre que un chico dejaba de creer en ellos.

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142. Oasis // MARRIED WITH CHILDREN


04/12/12 // Ay amor quién lo diría. Quién pudo ponerle el cascabel al gato de nuestra historia. Y eso que el gato corría por las calles como callejero que era y bailaba bajo todas las lunas y maullaba ante todas las músicas. Y huía de los problemas que el tiempo, tan sarcástico, iba presentándole delante. Como el profesor que se empeña porque su alumno aprenda y día tras día le plantea problemas que no le lleva a ninguna parte. Así, con agilidad de extremo brasileño nuestro amor fue escapando por las mínimas rendijas que nos presentaba el porvenir. ¿Cuándo fue, ay amor, que la vida nos adelantó? ¿Cuándo llegaron esos días en los que no importaba la noche más que para nuestros sueños? No la vi llegar, amor, a la vida. No la vi acercarse, esperándonos en mitad del camino con su realidad cada cuatro horas y su certeza de pañales. Y cuando quise reaccionar ante los envites del futuro el presente se convirtió en pasado y no hubo manera de cambiar nada que no estuviese cargado de mierda hasta los tobillos. Y ahora que me paro a pensar en lo que dejamos de hacer, en todo lo que éramos capaces de esquivar, me doy cuenta de que aquel retoño rosa y débil tiene ahora más pelo que un kiwi y más mala leche que tu madre, a la que por cierto, ay amor, hace demasiado que no vemos.

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141. Grupo de Expertos Solynieve // EL ONCE


03/12/12 // Sale de las cocheras de Pavones, pasa por delante del Polideportivo de Moratalaz y después baja por todo el barrio, cruzando la plaza del Encuentro, bordeando el Parque Darwin hasta salir por encima de la M-30, junto al Alcampo. Después sube por el barrio de La Estrella, pasando por delante de la RESAD y enfila la calle de Menéndez Pelayo, rozando todo el lateral del Parque del Retiro. En la esquina con O’Donell gira a la izquierda para no perder de vista los árboles y los valientes que hacen footing por el borde del parque. Enfila la calle Alcalá, se mete en el túnel bajo la calle Velázquez y al subir se enfrenta de cara con la Puerta de Alcalá. La rodea, fijándose en todas las sombras que se proyectan bajo sus tres arcos y sus dos puertas y sigue bajando. Saluda al Palacio de las Telecomunicaciones, al Palacio de Linares, a la diosa Cibeles, corte de mangas al Banco de España y se cuadra ante el Cuartel General de Ejército. Y ya en su último tramo sube el final, que en realidad es el principio, de la calle de Alcalá, le da un abrazo, sin pisarla, a la Gran Vía y se detiene a descansar en Sevilla, frente a la cafetería Hontanares. Y cuando me bajo siempre pienso que este autobús se merece una canción.

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140. Rufus Wainwraight // TRUE LOVES


02/12/12 // Hay que quererte mucho para verte en cada momento, con los ojos abiertos y con los ojos cerrados. Quererte como yo te quiero para que no exista nadie más en mi cabeza. Hay que amarte hasta la muerte para desearte siempre lo mejor, para desvivirme como desvivo por ti, para recorrer la ciudad allanándote el camino sin que tú me veas, para borrar peligros, para debilitar a tus enemigos y felicitar a tus camaradas. Hay que estar preso de un amor irracional para esperar cada noche hasta que la luz se apaga y el sueño ha llegado a reconfortarte. Muy ciego para tratar de impedir que la luz del sol de la mañana te despierte. Hay que quererte así, como yo te quiero, con esta dedicación plena y este amor tan real para saber decirte adiós. Para dejarte ahora, aquí, como yo te dejo.

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139. Herman Düne // (NOTHING LEFT BUT) POISON IN THE RAIN

Poison in the rain

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01/12/12 // Las nubes están cargadas de veneno. De veneno peligroso, además. Del que te atenaza los músculos y acaba contigo en un par de minutos mientras la gente a tu alrededor no puede hacer más que reprimir la arcada que produce el consumo de tu ser. Y es un peligro muy importante porque las nubes pueden descargar en cualquier momento. No hay aviso y ni siquiera es útil atender con intensidad y concentración al hombre del tiempo. De nada sirve oler el viento y observar el vuelo de los pájaros. Ni los paraguas pueden salvarte porque el veneno no está en el agua. Las nubes están cargadas de recuerdos y los recuerdos, al menos la parte más peligrosa de ellos, son veneno. Y cuando descargan sobre ti su pérfida esencia los músculos se atenazan, no puedes ni dar un paso y en un par de minutos tu ser se ha consumido, abrasado por el veneno de tus propios recuerdos.

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