Los Cuentos del Chino / Agosto 2013

Hay un chino muy pequeño que vive dentro de mi iPod. Él es el responsable de elegir qué canciones reproduce cuando está en modo aleatorio. Conoce tantas historias, me cuenta tantos cuentos, que he decidido compartir con vosotros al menos uno cada día. Espero que os gusten, a mí me entretienen la vida. Son “Los Cuentos del Chino”.

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372. Wu Lyf // L Y F


16/08/13 // ¿Has notado ese temblor? Es la risa de Pedro Botero ensartando a tu vecino en sus calderas. ¿Recuerdas a ese vecino gruñón y cotilla, pendenciero y borracho? Murió la semana pasada y ahora Pedro Botero lo utiliza como plato de discos para pinchar en la fiesta. El último tema lo ha hilado al anterior con un riff haciendo saltar la aguja entre sus costillas y su risa se ha elevado como un temblor de 4’5 en la escala Richter. En mitad de la pista, bailando su música demoníaca como un animal poseído, Lucifer se entrega al alcohol y las drogas sin miramientos. Aúlla como un desequilibrado. Y Mefistófeles no le quita ojo. Se ha quedado, Mefis, acodado en la barra con un brillo tenue destellando en esas cuevas oscuras que tiene en el rostro. Le atrae Lucifer de una manera prohibida. El contoneo de su cuerpo es una hoguera que incendia su calma. Está armándose de valor para ir hacia él, convenciéndose de que no hay salida posible más que enredarse en ese cuerpo vedado, arder junto a él, inflamarse y perecer en una noche sin límites. Apura un último trago, Mefistófeles, y comienza a caminar hacia la pista. Quizás un segundo tarde porque, entonces, aparece Leviatán luciendo su cuerpo escamoso y moreno y sus terribles fauces por todo el local. Rápidamente capta la atención de Lucifer, que ciego por los químicos descubre un ente imposible a su lado y se deja hacer, como una puta borracha y rendida.

¿Has notado ese vibrar del cristal? ¿Esa especie de brisa que ha entrado por las ventanas cerradas? No es más que la rabia de Mefistófeles, herido de muerte una vez más. Planeando su terrible venganza.

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371. Wild Beasts // BURNING


13/08/13 // Cuando despertó, el fuego seguía allí. Las llamas habían devorado todo lo que él conocía. Le rodeaban y sin embargo no le quemaban. El muro de infierno se había estructurado en un refugio para su cuerpo, que le protegía de cualquier agresión del exterior. Amarillos y naranjas se tiznaban de azul y sus ojos crepitaban de asombro. Se quiso poner de pie pero no encontró fuerzas. Miró su cuerpo y vio largas llamaradas salir de su cintura ardiente hasta el suelo. Se puso una mano ante la cara y los dedos se contoneaban como llamas de velas en un altar. Su pelo era una pira robusta, que crepitaba en sus oídos incendiados. Su corazón, como una hoguera inextinguible, se tranquilizó. Cerró sus párpados calcinados y volvió a dormirse.

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370. Manel // IMAGINA’T UN NEN


06/08/13 // Rueda la bola mansa mostrando, ahora sí, ahora no, la cara sonriente del protagonista de una serie infantil. El niño la ve venir, perfecta para un poderoso chut. Le alcanza de lleno con la puntera de su deportiva y la bola vuela como un cometa arrugado disparada hacia la escuadra de la portería del colegio. El padre hace el ademán de pararla, recuerda su juventud como portero del equipo del barrio y cómo una bola como aquella no se le habría escapado jamás. Pero ya no es por él por quien juega. Los gritos de gol del muchacho recorren el colegio completamente vacío. El padre alaba su disparo y sonríe orgulloso.

Y sin embargo, ninguno de los dos está completamente tranquilo. Hacia el cielo escapan miradas de ambos constantemente. No esperan que llueva, el cielo es un salvapantallas azul. Pero los dos tienen la sensación de que en cualquier momento aquel juego tan agradable va a terminar. Saben que tienen que disfrutar el instante antes de que ocurra algo terrible que ponga fin a ese momento. Algo como un cóndor gigante o, quizás, el tiempo, que pasa.

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369. Damien Rice // ACCIDENTAL BABIES


02/08/13 // Jamás olvidaré la primera vez que te vi. Estaba en la terraza de la oficina, sentado en un poyete, junto a unos compañeros que fumaban y rellenaban el aire con trivialidades. Era mi primer día y el verano aún no había llegado, pero ya hacía calor. Trataba de ser simpático con una gente nueva que estaba entrando en mi vida cuando la puerta se abrió y tú saliste, los labios fruncidos, encendiendo un cigarro sin darte cuenta de qué había ante ti. Echaste una bocanada de humo y me miraste a los ojos con tus cristales azul verdosos. Era la novedad y en tu rostro transparente se notó la curiosidad. Me saludaste y empezamos a hablar, con normalidad. Como si de alguna manera hubiésemos estado hablando durante años, desde la distancia, sin conocernos. Tú me mirabas al hablar y yo miraba la punta de tus Converse de flores. Supongo que me diste miedo desde el primer momento. Al llegar a casa aquel día mi novia me preguntó qué tal el nuevo trabajo y yo no supe bien qué decirle. No conseguía apartar tu recuerdo, que había caído sobre todos los demás y no me dejaba recuperar nada que no fueses tú.

Pasó el tiempo. La química no nos dejó más remedio que hacernos amigos y pasamos un sinfín de mañanas y tardes juntos, discutiendo, charlando, riendo, compartiendo el sol en nuestra cara, dejando escapar la brisa entre tus rizos. Un día me hablaste de un vecino muy majo, que te gustaba y que te había propuesto salir juntos algún día. No me pedías permiso pero me decías, con tus palabras, que tenías que vivir. No te dije nada pero ya para entonces mi relación se estaba apagando como una promesa olvidada. Empezaste a salir con él y poco a poco nos fuimos distanciando. Un día te enteraste por terceros de que había cortado con mi chica. Me notaste algo triste y nos fuimos a tomar una caña. La cerveza se convirtió en ron y esa noche nos rozamos con dedos tímidos, pero al encenderse las luces del local te fuiste a dormir con él. No te lo reprocho.

No tuvimos suerte. La vida nos separó, puso kilómetros entre nosotros. Algunas mujeres me han hecho realmente feliz pero nunca se borró del todo tu huella. Me enteré de que habías dejado a aquel vecino. Que habías empezado a salir con otro chico. La vida, como decía, nos separó.

Ahora Carlos (¿se llama así?) ha cumplido ya tres años y aún no le conozco. Seguro que se parece a ti y que, el día que le vea, me mirará a los ojos con franqueza, como si me conociera. Y me dará tanto miedo como me diste tú…

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368. Toundra // CIELO NEGRO


01/08/13 // No sabe cuánto tiempo lleva mirando el cielo. Las nubes se han agrupado tanto que han conseguido quitarse hasta la profundidad. Es como si hubieran colocado un enorme folio gris oscuro sobre la tierra. Por eso se ha perdido tratando de encontrarle los bordes al drama, los detalles, el aire.

Es como abrir una espita, las imágenes vienen a su cabeza en chorro, a borbotones. Así que se sienta ante el ordenador de su padre y abre una página de Word. Ha escrito un par de cuentos antes y necesita escribir otro. Uno que hable de una enorme tormenta que atrapa a un grupo de excursionistas en mitad de un valle. Una rápida y terrible crecida de un río que se lleva a su paso caravanas, graneros y un par de familias a las que rompe como ramas secas. Escribe de manera compulsiva, el destino de sus personajes está marcado de ante mano y él no puede hacer nada por ellos. Simplemente transporta los sucesos al papel. Cuando escribe el último punto las nubes ásperas y rugosas se rasgan y el agua descarga toda su potencia sobre su paisaje.

Al día siguiente, durante la comida, viendo el informativo de una cadena de televisión, se levantó de su silla y corrió a su habitación. Rasgó los folios impresos, carentes de estilo pero repletos de verdad y se juró que jamás volvería a escribir.

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