La Cara B

EL VIAJE DE LOS BEATLES

Dice Yevgeny Bryun que la culpa no es de Yoko Ono, sino de los Beatles. Que los responsables de convertir para los jóvenes las drogas en un viaje de felicidad son ellos cuatro: John, Paul, George y Ringo. Que gracias a ellos sustancias de riesgo se convirtieron en sustancias de riesgo, sí, pero… Que de sus cuatro manos mágicas nos quitamos el miedo y las asumimos como simples vehículos de recreo.

Y Yevgeny Bryun es un tipo importante que sabe de qué va esto. Es nada menos que el Ministro de Salud y especialista en abusos de alcohol y drogas en Rusia. Un país donde el consumo de sustancias estupefacientes está aumentando cada vez más. Y el bueno de Yevgeny, viendo la que se le viene encima, ha decidido hablar claro y señalar con su dedo. Él hará lo que pueda, pero que sepa todo el mundo a quién hay que culpar de este mal endémico.

Y cuando a uno se le calma la estupefacción se queda pensando así como un bobo y oye, tampoco es tanta locura lo que dice Yevgeny. Porque vale, los Beatles no fueron depravados siempre y hubo otros depravados antes que ellos que, precisamente les iniciaron en el camino de la depravación, véase Dylan. Pero el éxito de Dylan, aunque fue mucho, no es comparable al de los Beatles. Y fue precisamente eso, el éxito tan mundial, tan arrollador, que se coló por todas las puertas y rendijas de ventanas cerradas de cuartos de adolescentes protegidos en vano por sus padres, lo que llevó a todo el mundo términos desconocidos hasta entonces como LSD, hachís, y un largo etcétera. Y fue su actitud desparramada por los cinco continentes en giras inagotables (sospechosa fuerza) y televisada en todos los hogares la que hizo pensar a mucha gente que si sus ídolos se lo pasaban tan bien y eran tan creativos, algo de culpa debían de tener esas pastillas lisérgicas.

Así que, qué demonios, yo me alineo con Yevgeny. Y señalo no a los cuatro de Liverpool, sino al éxito de los Beatles, como el embajador y máximo culpable de la propagación de las drogas por todo el mundo. Ahora queda en su conciencia, querido lector, si para usted eso es algo malo… o todo lo contrario.

Txemi Terroso 27/06/2012
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EL PODER DE CHERBURGO

Si se me permite decirlo, hay canciones que me dan miedo.

Zach Condon, o lo que es lo mismo Beirut, viajó a principios de este siglo a Francia. Escuchaba sin parar a Jaques Brel y a Serge Gainsbourg y veía pelis de la Nouvelle Vague y decidió recorrer el país. Después compuso “The Flying Cub Club” y pretendió que cada tema evocara una ciudad concreta. Yo no conozco mucho Francia así que no tengo claro si el chico lo consiguió o no.
Lo que sé es que el disco le salió redondo.

Cherburgo es una ciudad costera, normanda, del norte de Francia. La fundaron hace ya mil años, que se dice pronto pero tardan muchísimo en pasar. Y además tiene el mayor puerto artificial de Europa, construido en el siglo XVIII. Por supuesto Zach Condon le dedicó una canción, a la ciudad, no al puerto, pero todo esto no parece capaz de asustarle a nadie, ¿no?

Hoy, dos de mayo de dos mil doce, hace cuatro años que murió mi padre. Y más allá de la cantidad de lugares que nunca llegó a conocer (y que por cierto me arden como pequeños incendios en todos los mapas que miro), aquellos días absurdos, el de su muerte y los siguientes, no pude dejar de escuchar ese disco y en especial esa canción. Cherbourg. Esta canción.

Por supuesto desde aquel momento la ciudad de Cherburgo pasó a un segundo plano para mí y el personaje de Zach Condon se olvidó. Sólo existieron en mi memoria esa sucesión de notas y ese timbre de voz concreto. Esa secuencia de sonidos que sin explicación posible me arrugan el pecho. Y aún hoy, cuatro años después, me impresiona mucho verme dudar ante el play. Ver la canción cargada en mi iPod y no ser capaz de afrontarla con firmeza. Y sí, ya sé que la música tiene un gran poder evocador pero es más que eso. Es MI evocación. Es mi realidad. La realidad de verme literalmente derrumbado por una melodía concreta, ajena ya a Beirut y a Cherburgo y localizada únicamente en mi cabeza, muy lejos de las neuronas de Zach de donde salieron. Así son los recuerdos que no te hacen sonreír. Así de puñetera y mágica es la música. Capaz de volver a ponerte delante de los ojos todos los sentimientos que pensabas que pertenecían a un momento concreto del pasado.

Ustedes perdonen. Sigan con sus cosas. Estaba pensando y sentí que tenía que compartirlo. Les dejo. Tengo que escuchar una canción. Si me atrevo…

Txemi Terroso 02/05/2012
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LOS JUEGOS DEL HOMBRE

Les llamaron locos, trastornados, irresponsables e incluso indecentes. Pero no eran más que visionarios. El Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Londres quiere crear la banda británica definitiva para que actúe en la ceremonia de clausura. Han invitado a Paul McCartney, Elton John, Mick Jagger, Keith Richards, las Spice Girls, los Sex Pistols (que ya han dicho que a los Juegos Olímpicos va a ir la reina…) y a la formación original de los Who. Sí, los tres. Incluido Keith Moon, el batería londinense al que se le fue la mano (y la vida) con el Clometiazol en 1978.

Y claro, a los listos les ha faltado tiempo. Que vaya vergüenza, que qué disparate, que vaya birria de equipo de producción… Sí, sí… Y mientras, los del Comité, callados, esperando que se hiciera el silencio. Porque el mismo día que se supo que habían invitado a Keith Moon, actuaba en el festival californiano(niano) de Coachella nada menos que Tupac Shakur. Varón, negro, rapero y tiroteado en Las Vegas hasta la muerte en 1997. Y ahora a ver quién se ríe.

La empresa Digital Domain Media Group Inc. (toma ya) ha desarrollado un espectacular artilugio capaz de formar un holograma en alta definición encima del escenario. Dicen, ellos, que por 300.000 euros como mucho te montan un concierto de quien tú quieras… ¿Caro? Imagina lo que podría llegar a pagarse por una primera fila de Elvis

Así que lo único que se les puede reprochar a los chicos de los juegos es su escaso criterio. Porque llamar a Keith Moon y dejar sin invitación a George Harrison, Freddie Mercury, Amy Winehouse, Joe Strummer, Ian Curtis o incluso John Lennon, es difícil de entender. Sólo se me ocurre alguna explicación peregrina: o que no saben nada de hologramas; o no tienen ni idea de música… Pero no… No creo que sea eso…

Txemi Terroso 17/04/2012
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EL OTRO SALÓN DE LA FAMA

La luz del salón apagada. Un sofá raído iluminado únicamente por la televisión encendida. Por el suelo latas vacías de cerveza, ropa sucia. Una alfombra llena de picotazos de cigarrillos. Zapatillas de deporte separadas por un río de papeles arrugados. Una mesa baja con una caja de pizza enorme y un pack de seis cervezas frías. Y en el sofá, agarrados a las porciones de pepperoni y las latas de marca blanca, Axl Rose y John Frusciante miran, sin perder detalle, la ceremonia de entrada en el Hall of Fame del Rock. Allí están, luciendo sonrisas sobre el escenario, el resto de Guns ‘n’ Roses y de Red Hot Chilli Peppers. Haciéndose mitos.

-Vaya cara de tonto se le ha quedado a Flea –dice Axl con la boca llena sin apartar la mirada de la tele. Se ha manchado el pañuelo rojo que cubre su cabeza de grasa de la pizza.

Frusciante, que componía imaginariamente un punteo sobre su lata de cerveza, echa una ojeada entre sus despeinados rizos. La luz azulada del aparato le ilumina los ojos y en su boca se ve el rastro de una sonrisa… “No parece que los chicos se lo estén pasando mal…” Sus manos de esteta no han rozado la comida.

Axl devora porción tras porción de pizza como si en cada dentellada estuviera arrancándole los bucles a Slash. Ese imbécil con chistera le ha quitado la fama, la gloria, el nombre de la banda y el hueco en el Hall of Fame. Antes muerto que poner un pie en el mismo salón que esos vendidos. No puede con ellos. A pesar de que a su lado levantara monumentos del tamaño de Estranged o “Paradise City”. Ruinas del pasado. La Grecia clásica de su talento. Un talento, por cierto, que a día de hoy ha sido rescatado por el FMI una y otra vez. Le hierve la sangre y la cerveza no lo calma… Aplasta una lata y la tira a un rincón porque ni siquiera se atreve a golpear el televisor. No quiere dejar de mirar. No puede dejar de mirar cómo se viene abajo todo.

A su lado, a Frusciante le da todo igual menos poder sacarle sonidos a su lata. Él ya no forma parte de los Red Hot. Y no le quema. Se la pela. Sigue tocando… y de todas formas, aquel también parece un buen salón de la fama…

Txemi Terroso 13/04/2012
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DYLAN, EL QUE FALTABA

Me pregunto si Bob Dylan sabe dónde se está metiendo. O, como mínimo, si le importa algo. Me imagino al viejo Bob tirado en uno de esos enormes pufs, rodeado de moqueta sintética en la zona VIP del festival. Muerto de calor, con su sombrero de ala calado, dándole sombra. Y sus gafas oscuras ocultando su mirada de asombro mientras, en la barra que está junto a él, Noel Gallagher se topa con un hermano, en todos los sentidos de la palabra y comienza una pelea de gallos con Dizzee Rascal por un quítame allá esos versos.

Mientras, a unos metros, David Guetta, como caído en combate, se aleja apoyado en los hombros de dos rubias despampanantes de la cola de los perritos calientes. Una escena que observan con una mezcla de envidia y pereza lo que queda de New Order. El sol empieza a caer y la mitad se han ido a dormir. Al fondo Ed Sheeran juega al pin-pon con Cedric Bixler-Zabala, el de At the drive-In. Y entre bola y bola le cuenta cómo está el tema últimamente en esto de los festivales.

A todo esto Ian Brown pasea buscando bronca con un chándal mal raído y tira botellas de agua abiertas pr encima de la valla, hacia el público de La Casa Azul que en ese preciso momento vocifera la llegada de la revolución sexual. Y Dylan, sentado en su puff, parpadea y se pregunta cuándo cojones dejarán los tiempos de cambiar…

No se imagina usted cuanto, señor Dylan. Si usted hubiera estado usted aquí el año pasado fliparía, señor Dylan. ¿De verdad sabe usted dónde se mete, señor Dylan?

Txemi Terroso 28/03/2012
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CONFESIONES DE UN FAN DE MIERDA

En 1995 una frase se me metió en la cabeza. Una frase tan tonta como para no encontrar la puerta de salida de mi mente. Decía: “palabras que no dicen nada en estas cuatro paredes, promesas que no valen nada, nada, nada”. La canción de Los Piratas me tuvo atrapado, atado de pies y manos, en todos los conciertos de la banda de Vigo que me pasaron cerca. No podía dejar de ir, no podía dejar de gritar sus coros, esos juegos de dobles voces y triples guitarras que me convertían en cómplice de aquella declaración de amor desesperado. Para mí era imposible no desgarrarme la garganta junto a Iván, adolescente, terco, valiente.

El tiempo ha pasado y todos somos más viejos. Y ahora me entristece ver que aquel himno que para mí suponía un golpe de viento en la cara se ha convertido en un milimétrico estudio de la emoción. Y que ahora Iván también es Ferreiro y no queda ni rastro de los coros de Paco Serén, ni de la fiereza de la guitarra de Fon Román. Es más, Iván ni siquiera es Iván. Ahora, según confiesa, es un “artista de mierda”. Y se ha rodeado de buenos amigos para recuperar los temas más importantes del saco de buenas canciones que ha compuesto a lo largo de todos estos años. Por supuesto, también “Promesas que no valen nada”. Y a mí, ya ves, es ahora cuando me da la impresión de que se ha quedado solo. Que antes era la voz de algo importante y ahora no es más que él contra todos, rencoroso, enfadado, repleto de explicaciones a acusaciones que nadie le ha hecho. Y han tenido que pasar diecisiete años para darme cuenta de que aquellas promesas que para mí eran inviolables, a día de hoy, tenías razón Iván, ya no valen nada.

Txemi Terroso 29/02/2012
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EN DEFENSA DEL FALSETE

Si yo digo: Freddie Mercury, Thom Yorke, Matt Bellamy, Bon Scott, Prince, Jeff Buckley, Ian Gillian, Bono… seguro que muchos verán aquí un listado de gente a la que respetar. Pero si yo digo “falsete” seguro que habrá más de uno al que se le tuerza la boca. Pero ya ven, a mí, el falsete, me gusta. Lo digo aquí, delante de todos, con la frente bien alta y los calzoncillos holgados… para que no haya dudas. Me encanta el falsete que roza la feminidad, como el de Jon Thor Birgisson, de Sigur Ros. O ese otro, como el de Bon Scott, que pone a las cuerdas vocales al borde del reventón. El falsete, bien hecho (claro, es que esto es como todo…), lo han cantado muy pocos, pero han dejado perlas inolvidables.

Y por qué ahora todo esto, diréis. Bueno, vosotros decid lo que queráis, pero yo estoy bien contento porque Napoleón Solo están a puntito de sacar disco. Y Napoleón solo han sido los que mejor han reivindicado el falsete en España en el siglo XXI. Y madre mía, cómo lo han hecho. De momento ya han publicado un making of de la grabación del mismo en La Alpujarra. Y como productor nada más y nada menos que el inabarcablemente maravilloso Meme, de Café Tacuba.

Eso, Café Tacuba. Unidlo a la lista de voces afiladas a golpe de falsete. Que si me pongo me acabo internet poniendo tantos nombres de agudos que termino con los cristales de esta ciudad.

Txemi Terroso 17/01/2012

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