En concierto // La Belleza con mayúscula de Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró / Teatro Circo Price

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Justo debajo de la piel, en contacto con la sangre. Por ahí, exactamente. Por ahí corre la música de Silvia y de Raül. Algo más que notas y silencios. Intensidad conectada directamente con los sentimientos. Una especie de descarga eléctrica en el corazón.

La primera vez que les escuché me hice pequeño, muy pequeño. Me quedé de pie encima de la butaca, levantando poco más de un palmo, inundado en mis propias lágrimas. Porque sí, sus canciones tienen ese poder. Son como contraseñas secretas para los ojos, que se abren al escucharlas sin que entiendas, realmente, qué está pasando. Fue tan poderoso, tan emotivo aquel concierto, que llegué a pensar que había vivido algo único, irrepetible, especial.

Con esa idea me planté en otro patio de butacas, meses después, de nuevo ante ellos dos. Con esa sensación tan inocente de querer repetir una experiencia inolvidable, pero con el miedo de no conseguirlo. De asumir, a golpe de desilusión, que primera impresión sólo hay una. Y precisamente por ese motivo, también con la intención, incluso, de aprovechar ese callo, esa corteza previa para poder analizar con más tranquilidad los aspectos estrictamente musicales de ese espectáculo. Fui un iluso. Los poros de mi piel se estremecieron como la primera vez en los mismos compases, en los mismos enérgicos cambios de registro de Silvia. En las mismas capacidades empáticas de la guitarra de Raül. Mis ojos volvieron a desgarrarse. Mi pecho volvió a inflamarse. Me volví a hacer pequeño y casi desaparezco entre tanta emoción. Fui golpeado con fiereza por una mano suave y cariñosa. Fui acariciado con ternura por garras de acero. Y volví a ser feliz.

Todavía me pasó una tercera vez. Una tercera a la que acudí totalmente desarmado. Sin pretensión ninguna. Abierto a lo que tuviera que ocurrir. Fui como mártir y salí de allí como ser humano. Una persona que empezaba a entender que aquel concierto, aquella representación tan especial de un repertorio prestado, era algo Bello. Con mayúscula. Que aquella mujer de voz única y aquel muchacho de tanto talento, habían dado con la tecla precisa, habían encontrado un resquicio por el que llegaban de manera directa y fiel a la Belleza. Y funcionaba. Por muchas veces que lo escucharas.

No tengo que explicar por qué, este próximo viernes, volveré a estar en la platea del Circo Price. Anuncian final de gira, aunque yo me pasaría la eternidad encerrado en ese concierto. De pie sobre mi butaca. Pequeño como una caricia. Llorando y aplaudiendo sin parar, hasta que ellos decidan perderse en la oscuridad de las sombras que nos rodean.

Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró
Teatro Circo Price
3 de julio 2015
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