Discos // El Circo de las Mariposas / Frida

Frida_CD_cover

El llanto de un crío que se ve mitigado por una nana. Es el comienzo de todo. No es el primer contacto con las notas, se sabe que ahí dentro también escuchamos, de forma inconsciente, durante el periodo de gestación. Pero sí es el primer momento en el que la música sirve para un fin. Luego se repetirá a lo largo de tu vida, a todas horas, en todo momento. Para arrullarte hasta quedar dormido, para envalentonarte a dar el primer beso. Para jugar a retozar con la melancolía, para ponerle banda sonora a aquel acantilado del que nunca quisiste marcharte.

 

El llanto de un crío que se ve mitigado por una nana. Así también comienza Frida, el primer largo de esta banda barcelonesa. Una banda que toma su nombre del corto The Butterfly Circus (que te instamos poderosamente a ver si no lo has hecho ya). Además, en palabras de su cantante, Marcos Andrés:

 

“El presente y el futuro de nuestra especie, el planeta mismo, necesita que el ser humano deje de ser un gusano, una autentica plaga que engulle sin descanso todo lo que el mundo le ofrece, para convertirse, primero en crisálida, y por fin en mariposa. Todos, en la medida que podamos, hemos de hacer algo al respecto. Esta es nuestra manera de hacerlo. El circo de las mariposas nace con el deseo de ser nutriente para las crisálidas, de ayudar a acurrucarnos hacia adentro con todo lo que hemos extraído del mundo, para hacer esa transformación”.

 

A Marcos ya lo conoces, es el que le ponía voz a aquel proyecto llamado Vinodelfín. Y en sus palabras se encuentra la clave de Frida. Acurrucarnos hacia dentro, en un ejercicio lírico de los que requieren paciencia, coraje y sapiencia a partes iguales. Una propuesta arriesgada por personal. En cada letra, en cada acorde, se esconde la esencia de sí mismo. Poner el espejo justo debajo del alma para intentar mirarla desde arriba. No todos pueden, a veces da miedo desnudarse así. Sus letras son pedazos de intimidad que se convierten en universales con tanta facilidad que sonroja. Subirse a su circense carromato requiere determinación, apenas cabe equipaje y los surcos de las ruedas de madera sobre la tierra marcarán probablemente un sendero indeterminado. Un devenir a ciegas entre arreglos celestiales, violines, sintetizadores, arrebatos de pop rock (El plan está en la huella) , canciones que crecen en su intensidad (como el single Canta) o que se acercan más a la canción de autor (Lázaro), pero en todos los registros conforman un disco homogéneo y sin fisuras.

 

El circo de las mariposas adula con versos, sorprende con malabares arriesgados y trucos de funambulista experimentado, y cuando el maestro de ceremonias canta  “Ríos en el sol derramándose en el vacío”, el bebé que llora al comienzo del disco se acaricia una oreja para sosegarse, y se queda dormido mecido por las palabras y por la seguridad de que, pase lo que pase, la música podrá salvarle de los sinsabores que le depara el destino.

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