Discos // El columpio asesino / Ballenas muertas en San Sebastián

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Algunos supuestos indicadores hipnóticos y cambios subjetivos pueden conseguirse sin relajación o larga inducción, hecho que aumenta la controversia y nacen intensos debates sobre el particular. Parece que es cierto, entonces, que existen procesos hipnóticos donde no es necesario admirar un péndulo mientras tratamos de controlar la cadencia de nuestros parpadeos. Es algo mucho más directo. Más incisivo, sin tiempo a digerirlo. Un shock alejado de recovecos, extrañamente frontal. Esto que nos tenemos entre manos es una hipnosis inmediata. Bienvenido al desconcierto.

Ballenas muertas en San Sebastián. Se vieron en la playa de la Concha hace unos años. Todos los medios se hicieron eco. Seguro que tú también lo viste. Podría servir para que El Columpio Asesino (siempre me ha fascinado ese nombre) lo escogiera como título de su quinto trabajo de estudio (Mushroom Pillow) . A modo de portada, un cuerpo desnudo borroso contoneándose frenéticamente ante un fondo blanco y negro. Y el nombre de la banda tachado. Igual que el del disco. Demasiado icónico para ser verdad. Bienvenido a la inquietud.

Y es que este trabajo supone un paso adelante con respecto a Diamantes (2011. Con aquel himno generacional que marcaría un antes y un después en su carrera como es Toro) . Una evolución lógica de sus pormenores genéticos, un salto de fe donde las guitarras se difuminan. Donde las bases electrónicas y los sintetizadores ganan peso progresivamente. Unas letras crudas, arrancadas a tiras de gargantas de hombres siempre inocentes. Reiteraciones sonoras y bucles vocales para provocar ese efecto anestesiante. Esto es un asesinato en el que no podrás dibujar la silueta del cadáver, porque los malhechores se han esnifado toda la tiza. Bienvenidos al despropósito.

Nueve canciones desquiciadas, que huelen a lugar cerrado en el que la humedad desconcha las paredes. Donde Álvaro y Cristina se reparten el protagonismo a la hora de cantar. Donde las letras son más sucias. Abrazarse al synthpunk sin pensar. Con gritos desquiciantes y panderetas. Escalofríos. Con progresiones rítmicas que vomitan melancolía para engullir la crudeza. Y escupir los restos al suelo. Y el resultado se enquista. Se hace difícil su escucha. A primeras de cambio le prenden fuego a Babel. Ballenas muertas en San Sebastián y A la espalda del Mar bien podrían funcionar como los dos singles más atípicos de la historia. Latigazos eléctricos al aire que buscan tu espalda. Te reacomodas una y otra vez en el sillón intentando que esa atmósfera no acabe con tu salud mental. Inquieto. Y a la vez encantado de que algo sea capaz de removernos las entrañas de ese modo.

Cuando Entre cactus y azulejos pone fin al disco, exhalas un suspiro de tranquilidad. Miras al suelo, con la mirada perdida, y tomas conciencia de lo que te rodea. Normalizas tu respiración, relajas la pose. Y vuelves a darle al play, aunque tu espalda siga sangrando. Justo entonces, ya no eres bienvenido. Aunque sea por joder.

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