Crónica // Toy / Joy Eslava

toy
por Txemi Terroso // Ilustración: Oscar Giménez

No hay pista y por supuesto, no hay maletas. No hay llamadas de embarque, ni registros exhaustivos. No hay cinturones de seguridad, ni chalecos salvavidas, ni mascarillas de oxígeno. No hay azafatas, zumos de frutas, primera clase, asientos reclinables, mesitas plegables, hilo musical. No hay comodidades. Tampoco hay más pasajeros que los pocos que hemos caído en la trampa. Por no haber no hay ni aceleración. Sólo hay despegue. Ascenso constante y eterno. Sin sobresaltos. Ascenso como forma de vida. Con el suelo como un paritorio tormentoso, repleto de una realidad insufrible. Por eso, incapaces de quedarse allí más tiempo, Toy huye.

Y no han pasado más que un par de canciones cuando ya nos hemos hecho a ello. Vivir despegando, sumido en un despegue vertical, paulatino e incesante. Sin una altura de crucero determinada. Sin un lugar concreto al que llegar. Sólo la necesidad de superar a cada momento el instante anterior.

Por fuera, en la oscuridad, ascendemos. Por dentro, en la penumbra, cuatro pilotos nos dirigen. Tres chicos y una chica. Los cuatro con la cabeza baja, concentrados en sus instrumentos de navegación. Distorsionando el rumbo con precisión. Cruzando sus intenciones. Ensuciando nuestros destinos. Uno de ellos levanta la cabeza de vez en cuando y, escondido tras su melena, susurra palabras de consuelo.

Detrás de ellos, ocultado por la intensidad, un quinto miembro de la tripulación se ocupa, en solitario, del cuarto de máquinas. A los mandos de una batería incendiada, genera la energía básica que se traduce en movimiento. A ella se van sumando los impulsos de los otros cuatro. Crecientes, reiterativos, aumentando la potencia de manera exponencial, nos dan la fuerza suficiente como para romper la barrera de la luz y la del sonido, manteniéndonos así eternamente cómodos en el ruido y la oscuridad.

Y es tanto el fragor, que cuando se llega a distinguir un acorde, un punteo, une melodía dibujada en el teclado, una línea de bajo, se iluminan, destacan con tal intensidad que es como si brillaran en mitad del negro firmamento. Para nosotros son flashazos, fogonazos de talento que explotan ante nuestra cara. Desde el suelo debe de ser muy parecido a ver nacer o morir una estrella.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s