Crónica // Savages / Sala Shoko

savages
por Txemi Terroso // Ilustración: Oscar Giménez

Fotografiamos. Lo fotografiamos todo. Todos. Compulsivamente. Levanta la cabeza, mira al escenario y dime si no ves al menos un par de móviles tratando de captar el irrepetible momento. Como si no fuéramos a ser capaces de recordar nada. Como si al cruzar la calle a la salida todo fuera a borrarse, para siempre, irremediablemente. Y no sé si tememos al olvido o al drama, pero hay algo enfermizo, aterrador, en la manera en la que captamos la vida que nos rodea. Y cometemos un error, supongo que ya lo habréis sospechado. Las cámaras no sienten. Los pixels no tienen dimensión sentimental. No, no tienen ni puta idea de lo que son las emociones que van de la mano de cada imagen. Son vírgenes del abismo del alma.

Ejemplo: sí, puedes llegar a captar una imagen de Jehnny Beth en pleno escorzo, el gesto expresivo, la luz atizándole de lleno, en mitad de uno de sus bailes sincopados estilo Ian Curtis. Y sí, puede esa foto ser capaz de emocionar y de atraer, tal y como emociona y atrae Jehnny. Incluso es posible que pueda evocar su poderosa voz llena de grietas y de matices. Su fervor sobre el escenario. No tengo la menor duda. Pero no podrás apreciar todo lo demás.

Y todo lo demás es la hipnosis, por ejemplo. Los abismos de la distorsión. Todo lo que se desprende cuando cuatro chicas caen en espiral eternamente en la oscuridad. Y cuando digo eternamente no me refiero a mucho tiempo, sino a todo. Caer para siempre. Tanto que llegue un momento en el que al mirarlas no puedas distinguir si caen o ascienden, de nuevo, al parnaso. También te perderás, mirando esa foto, el sendero que marca el bajo de Ayse Hassan, entre ramas, atormentado constantemente por la batería de misiles que acciona Fay Milton con ritmo marcado. Y por supuesto, obviarás por completo los empellones que le pega Gemma Thompson a la realidad con seis cuerdas de su guitarra. Eso, lo siento, no hay cámara que lo capte.

Así que por favor, baja los brazos, chico. No vas a conseguir llevarte el concierto a casa. No vas a ser capaz de aislar, archivar y reproducir esa emoción que sientes ahora. Dedícate a disfrutarla, a degustarla en toda su energía. Vívela, es única. Te prometo que si lo haces yo no trataré de evocar este momento con metáforas. No, al menos, con demasiadas metáforas. Porque lo que aquí está pasando, querido desconocido, queda muy lejos de las imágenes y de las palabras. Rindámonos.

*Concierto ofrecido por SON Estrella Galicia

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