Discos// The Chinese Birdwatchers / El duelo

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Sofisticación contenida
. Aquí podía acabar la crítica del nuevo álbum de The Chinese Birdwatchers. Podríamos ceñirnos también a lo que dicen de sí ellos mismos, que procedo a relatar mediante el milenario arte del corta y pega:

“The Chinese Birdwatchers nace en 2009, en un cruce de caminos en el que coincidieron los hermanos Sierra, Jorge (contrabajo) y Raúl (guitarras), la cantante norteamericana Heather Jo’Wel (voz), Iria Armesto (violín) y Nacho Rupérez (voz y guitarras). Una mezcla de poesía, folk, rock y bossa nova que suena como un viaje en carretera por el desierto americano”.

También comentan por ahí que se hicieron famosos después de ofrecer un concierto en un desfile de Josep Font para DELPOZO. Ajá. Podéis recabar más información sobre el particular en su web  , o en las ya muchas publicaciones que se han hecho eco de su meteórica ascensión.

Pero aquí, ya sabéis, se viene a hablar de emociones. Y es ahora cuando entiendo muy necesario explayarse en explicar lo de la sofisticación contenida. Hablar de lo que estalla dentro cuando las semicorcheas toman las riendas de El Duelo, su segundo trabajo,  editado por Warner tras el primero, disco homónimo.

La sempiterna ecuación de voz masculina grave a lo crooner a la que se aferra sinuosa una dulce voz femenina. Un combo demoledor, anacrónico pero tan efectivo que asusta. Aderezado con guitarras que saben a trago de whisky en el saloon. Con el sonido del contrabajo de Jorge, que huele a teatro de moqueta roja. Y la dulzura que brota a borbotones del violín magistralmente interpretado por Iria. Un billete de ida hacia el stendhalazo. El mecanismo, brillante en lo individual y poderosa maquinaria engrasada al conjuntarse, te transporta al París más refinado, o al Berlín de los 20. O a unas pomposas vacaciones en Saint Tropez. Quizá un té con pastas en algún palacio vienés propiedad de Isabel de Baviera. Clase a raudales en los diez temas que componen el disco. Y pese a ello, en todo momento se escupe a la cara de lo pretencioso. Elegante, pero simple.

Alejados de la aliteración como premisa, “El Duelo” responde a una suerte de gusto exquisito por esquivar las recargadas telarañas barrocas en las que muchos otros caen. Una formación madura, que manufactura con paciencia de orfebre pequeñas canciones que son capaz de transportarnos varias décadas atrás con suma facilidad, sin imposturas y añadidos forzados de los que acaban oliendo a prefabricado e impregnando su música de diversos matices que generan un resultado de lo más homogéneo.

Dicen que el grupo se llama así tras leer un artículo en el que se hablaba de la figura de los observadores de pájaros en China, que se ven privados de su hobby por verse sumidos en un mundo aquejado de frenesí. Y quizá teníamos que haber empezado por ahí, porque, en este caso, su nombre es su mejor carta de presentación. Porque justamente eso es su música. Una relajante vía de escape de un mundo sórdido y gris, que se empequeñece hasta caber en la palma de una mano y se colorea ante el empuje de la belleza universal.

El 21 de febrero presentan su disco en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Aquí puedes comprar las entradas.

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