Crónica // Los Punsetes / Sala El Sol

los_punsetes
por Txemi Terroso // Ilustración: Oscar Giménez

¡Hija de la gran postputa! Enciendo la tele y ahí está. Seria, como una mala noticia, ofreciendo productos estrella. ¿Cómo es capaz de mantener así el tipo? ¿Cómo puede estar así de tranquila delante de la que está cayendo a su alrededor? Pre-abrumada, vestida de mamarracha, impávida ante el tsunami Punsete. Enumera con la gracia de un pato de corral las bondades de lo que vende. Y lo que vende, muy señor mío, es digno de atención. No sé qué demonios estará usted viendo pero debería cambiar de canal. Cuanto antes. ¡Se está perdiendo la oferta del siglo! ¡Está dejando pasar la compra que va a cambiar su vida! ¿Recibes mis guasaps? ¿Me has agregado? ¡Soy un puto virus terrible que quiere lo mejor para ti! ¡Vamos!

A mí me ha pasado. Estaba en mi casa, infectando mi propio salón con mi presencia pusilánime, cuando al cambiar de canal me he dado de bruces con ella. Ahí quieta, ajena a la tormenta. Y cuando me he querido dar cuenta estaba parado con los pies a las dos y diez y cara de Filipinas, digo gilipollas (¡pito corrector!). He querido reaccionar, buscar una postura digna con la que afrontar el tsunami. Pero no había nada más que hacer que recibir el golpe y dejarse llevar por la energía desatada en todas direcciones. En todas, menos en la de la presentadora, claro.

Y el golpe viene bien porque te abre la mente. Te abre la cabeza también e incluso los ojos. Y con la cabeza abierta tus sentidos van más allá de esa figura femenina que todo lo atrae. Te centras en el producto y entiendes que aquello merece la pena. Que hay que levantar el teléfono y ser de los 50 primeros en encargar unos Punsetes, gastos de envío aparte. Y que incluso la manera de venderse está justificada. Que todo forma parte de la misma idea. Original y directo, como una buena broma. Como un buen poema. Como un producto infalible para perder peso o ganar masa muscular.

Mierda, estoy por llamarte a ver si reaccionas. Está claro que no estás leyendo estos mensajes. Está claro que estás subestimando el poder de una buena compra. Está claro que no prestas atención a las señales esenciales. Está claro que te dejas llevar por prejuicios, que una cara seria y un tono frío te han echado para atrás. No has sabido leer el partido. No has aprovechado tu oportunidad. Está claro que te has equivocado. Está claro que te estás equivocando… Está claro.

Eso o te has quedado dormido.

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