Discos // Cabezalí / Pequeño y plateado

Pequeño y plateado
Pequeño y plateado. Como las esquirlas desprendidas de una gran roca tras ser dinamitada que se clavan perforando los objetos en derredor. Como aquella alhaja de tu abuela que guardaba con mimo en una cajita de madera, aquella que podía contemplar absorta durante horas en el crepúsculo de su existencia. Así es el disco de debut de Manuel Cabezalí. Aunque la palabra “debut” al lado de su nombre nos provoque una carcajada nerviosa de incomodidad.

Y es que su carrera se postula bastante alejada del amateurismo. No debe resultar fácil sacar a flote un proyecto como Havalina. Clavar los colmillos en el pescuezo del panorama patrio, ofrecer un nuevo modo de entender la música. Triunfar cuando nadie apostaría medio centavo por ti debe ser agotador. Pero él lo consiguió, con creces, sacando del ostracismo una suerte de rock guitarrero muchas veces denostado. Y se curtió en mil batallas prestando su buen hacer a la guitarra para gente como Christina Rosenvinge, Russian Red o Álex Ferreira.

Para su aventura en solitario toca renegar de las densas atmósferas. Imposible no apreciar la impronta de su grupo en muchos de los rincones de este “Pequeño y plateado”, pero aquí Cabezalí nos muestra otra vertiente, más sosegada. Más sencilla. Un viaje a través de los argentados páramos de su portada. Un trabajo que susurra cada segundo un “hey, esto soy yo. Ni más ni menos”.  Si Havalina es My Bloody Valentine o QOTSA, Cabezalí en solitario es Gustavo Cerati y Jose González. Una guitarra española y su voz contra el viento. Y el resto, mera especulación, retazos de percusión y algún violonchelo. Simplicidad al servicio de la transparencia. Cabezalí se ha desnudado, su piel es de cristal y con echar un vistazo podrás ver el contenido bombeado a través de su red de venas y arterias.

Una oda a la sinceridad. Esa extraña cualidad, advenediza para la mayor parte de los artistas contemporáneos.En tiempos donde prima hacer de la ostentación un arte, este disco se sienta, y pausado nos mira a los ojos. Quizá una sinceridad cincelada a golpe de experiencia, que escupe todo delirio de grandeza y se muestra ante nosotros sin genuflexiones, alejado de la sumisión pero con imperante humildad.

Las letras bucean en un mar de lugares comunes. Doce canciones en las que flotan desamores, gatos, ausencias y el paso del tiempo. “Quizá hayamos nacido para amar y no ser amados, vivir desencontrados”. “Dicen que hay humo ahí fuera, pero dentro de mí hay tanta luz desde que tú entraste en mi cuerpo cada mañana”. “Arrancar mi corazón del silencio de una larga noche”. “Todo está bien dentro del anhelo de la sociedad, pero dentro de un plan que no puedo ver, que yo no puedo entender”. Cabezalí se gusta. Y nos gusta. Un autor que se enfrenta a lo cotidiano desde una óptica detallista, hasta convertir el mundo en algo pequeño. Y plateado.

“Pequeño y plateado” está disponible en Origami Records

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