Crónica // Miles Kane / Joy Eslava

miles_kane
por Txemi Terroso // Ilustración: Oscar Giménez

¿Qué tiene el pop británico para que nos tenga tan atentos? Habría que sentarse a bailar con calma para hacer una lista pero vamos, a bote pronto el pop británico tiene estribillos como cánticos de fútbol. Y tiene bases rítmicas de esas que terminan por hacerte sangrar los pies. Apunta en la lista algún que otro punteo. Sin demasiados alardes, ¿eh? tampoco queremos ser el puto Jimi Hendrix. Y una buena voz. Letras sensatas, ni demasiado oscuras ni demasiado profundas, pero cantadas por alguien que al menos respete a la gente que sabe cantar. Pero por encima de todo eso está la actitud. Actitud, actitud y actitud como metáfora del talento.

Y es ahí donde aparece Miles Kane. El último delegado de una clase de alumnos especialmente dotados. Caminando, sale a la calle a pasarlo bien y a hacernos felices. Toca y sonríe, disfruta. Se sabe vender. Claro, que tiene la tienda llena de cosas interesantes, Miles. Así cualquiera vende. Riffs poderosos, coros sencillos, ritmos hipnóticos. Maneja su talento con inteligencia. Lo combina con carisma y lo ofrece racionado, sin demostraciones apabullantes. Se diría que incluso relega la perfección de la nota al entretenimiento de la masa. Y la masa lo agradece. Entra a su tienda a chorros y le lanza sus billetes a la cara. No me cuente su vida, señor Kane, siga tocando y tome mi dinero…

El británico se maneja en el mercado con la soltura del dólar. Todos lo quieren, no es difícil de conseguir y cuando lo buscas en los bolsillos te das cuenta de que desaparece con tanta facilidad como llega. Algún crítico asegura que nada de lo que vende Miles Kane es realmente suyo. Que todo son copias de primeras marcas. Pero las ventas no engañan a nadie. Las copias, si lo son, son excelentes. Casi de tanta calidad como los originales. Y al final no tienes más que ver cómo está su tienda, cómo se viven sus conciertos, cómo se vende y se valora su material sin necesidad de ofrecer ofertas, de vestir sus temas con promociones de tres por dos. No hay más que disfrutar de lo que sabe hacer para darte cuenta de la importancia de este tipo.

Por eso Miles Kane se sabe poderoso cuando se sube a un escenario. Y utiliza su poder para el bien. Maneja a la banda como un capitán mueve a sus marinos. Y capea al público convirtiendo las tormentas en vientos favorables. Le da igual si la sala no suena todo lo bien que suena él. Le da igual el cansancio y el dolor. Tiene siempre lo que necesitas y es lo suficientemente hábil como para colocar una venta tras otra. Y todo lo gana lo invierte en mejorar, porque nunca olvida quién es. Le gusta su trabajo y, seamos sinceros, da gusto verle trabajar

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