Crónica // Crystal Fighters / Sala But

crystal_fighters
por Txemi Terroso // Ilustración: Oscar Giménez

Tenéis suerte. En el espacio no hay atmósfera y, por tanto, el sonido no se propaga. Si lo hiciera toda la galaxia estaría condenada. Como lo estamos nosotros, los que vamos presos en esta nave del buen rollo. Obedeciendo las órdenes que nos canta una tripulación extravagante, lisérgica, poseída… absolutamente increíble. Todo tiene una explicación, es cierto. Aunque cuando la intentas explicar tiene poco sentido. Empieza con unas luces a lo lejos, te quedas parado, mirando, entonces te abducen y una vez dentro no hay manera de salir.

Lo primero que llama la atención es ver a una bola de espejos cantando canciones sin dejar de pegar botes, cubriéndose de su propio deslumbramiento con unas gafas oscuras y una cinta de colores en el pelo. Su carismática figura se asemeja a un dios del sol venido a menos… quizás un dios de la luz eléctrica. Eso sí, esa bola que emite destellos arcoíris por toda la nave se refleja, por supuesto, en otra bola de espejos, más ortodoxa, que cuelga del techo del puente de mando. Bajo ella estamos todos. Bailando, coreando, sudando, riendo, saltando, abrazándonos entre nosotros, siendo felices.

¿A dónde vamos? ¿A dónde se dirige esta nave? Eso creo que sí que estoy en condiciones de poder responderlo: nadie lo sabe. La nave vaga sin rumbo y sin que nadie le haga el menor caso a las consecuencias. Esto es un viaje en toda regla, es decir: sin reglas. Es un festival itinerante sin piloto. Bueno, una vez hubo uno pero ahora el piloto está borracho y lo han tenido que amarrar a una columna para que no se desplome bailando. ¿Cómo es posible? Muy sencillo. Somos un ejército despistado pero infalible. Avanzando en una eterna invasión involuntaria de todas las células de tu cuerpo.

Por supuesto la comunidad interestelar se movilizó. Trató de controlar, de poner límites, de vallar el espacio. Pero no hay nada que se nos pueda reprochar. Es todo tan sencillo aquí dentro que los que vinieron a inspeccionar se preguntaron: ¿por qué no se nos ha ocurrido esto antes a nosotros? ¿Qué cojones hemos estado haciendo todo este tiempo? Ahora los observadores de la ONU están vomitando en el baño. Están pasando pastillas contra el mareo. Ligando con los camareros. Abrazando desconocidos. Disparando dentro de la nave, ráfagas imparables de baile. Dando palmas como si fuera un saludo político a un líder inofensivo.

Hoy hemos aterrizado. El paraje parecía hostil pero, por supuesto, nadie estaba preocupado. Las puertas se han abierto y nos hemos desparramado por los alrededores, como sangre brotando de una herida divertidísima. La mayoría nos sentimos como Charlton Heston en el Planeta de los Simios. No reconocemos el lugar -¿Londres? ¿San Francisco? ¿Barakaldo?- pero estamos convencidos de que hemos vuelto, por fin, a casa. Y por supuesto, estamos deseando volver a despegar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s