Crónica // Primavera Sound 2013

hot_chip
por Txemi Terroso // Ilustración: Oscar Giménez

The Vaccines pintan una pista de aterrizaje en la que Delorean pretenden hacernos despegar a todos. Golpeados por el ritmo, el rebote nos planta en la puerta de la sala Apolo, rodeado de miles y miles de personas. No preguntes cómo, nos colamos a punto para ver un partido de tenis aberrante y punki. De un lado de la pista Parquet Courts, con un revés y una mala hostia importante. Del otro un público dispuesto a convertir el partido en un recuerdo apócrifo.

Llego al jueves como un viejo, cansado. Y allí un viejo llamado Inquilino Comunista me atiza una hostia por llamarle viejo. Parecen haber estado hibernando todo este tiempo. Salto como una palomita recién nacida y aterrizo ante Wild Nothing para descansar, más que nada. Repto hasta pegar los párpados a la nuca ante el folk psicodélico de Woods, esquivo el torrente Tame Impala para quedarme en el lago Manel. Calmado y feliz, me bebo una cerveza, pienso en mi vida, admiro a mis amigos y me planto en primera línea de Dinosaur Jr. La batalla, por supuesto, es de las de antes, aunque los soldados sean casi todos jóvenes. Salto generacional mis cojones. Eso sí, la energía me manda al otro lado del festival sin necesidad de coches reducidos. Allí me aburro como una ostra en La Mancha con Postal Service. Trato de animarme con Grizzly Bear pero llego tarde, hay mucha gente, suena muy bien y yo estoy muy lejos. Así que nada, al otro lado de nuevo, peregrinos del buen rollo, a coger sitio y que Phoenix nos pase por encima. Y literalmente, Phoenix, el señor Phoenix, nos pasa por encima, caminando sobre las aguas vivas, estallando bombas de felicidad sobre cada centímetro cuadrado. Él y su batería francotirador, capaz de atizarle a un bombo a 300 metros de distancia. Toundra coge la alegría y la convierte, a base de piedras y talento, en gravedad. Y así, atizado mil veces, saludo con la mano a Jackmaster, le lanzo un beso a John Talabot y me voy a dormir.

Nick Waterhouse sale a recibirme, holaquétalcomoestás, pasa por aquí. Y los viejos amigos de Tokyo Sex Destruction demuestran que si siempre se les ha quedado el escenario pequeño, esta vez, en un escenario pequeño, es ridículo. Es como meter a Claudia Schiffer en la casa de la Barbie. Después bajamos a ser golpeados. Uno a uno nos vamos poniendo en fila y nos vamos llevando dos hostias, una por cada batería de Paus. Dos señoras hostias si no los conocías. Dos hostias igual por conocerles. Llamar concierto a esto y a lo que hacen The Breeders es insultar a los portugueses. Esquivo a The Jesus & Mary Chain (dios me perdonará) y lo lamento, porque Local Natives necesitan salas más pequeñas. Daughter, sin embargo, convierten un escenario junto al mar en el cuarto de casa. Lamentos al oído, susurros que duelen y paz, mucha paz. Necesaria para ir a por Blur. Donde no hay paz. Hay botes, hay saltos, hay Out of Time nada más empezar, gracias, gracias, ahora tocad lo que queráis, hay felicidad y hay una hermandad como si esto fuera una puñetera cena navideña lisérgica. Y ya metidos en harina, Titus Andronicus, amigo, yo mucho loco, le pone la guinda a la bacanal estupefaciente.

Madrugo y sentado ante el sol me trago un Modelo de Respuesta Polar que me sabe a gloria. Les tengo mucha fe a estos chicos. Guadalupe plata, en cambio, le tiene mucha fe al blues. Y suficiente. Descanso unos minutos ante Adam Green y la cachonda de Binki Shapiro y me cubro las espaldas con The Sea & the Cake. Voy a la barra. No nos queda Roríguez pero tengo Chucho. Me vale. Porque en Albacete también saben tocar. Y cómo. Marqueses. Vuelvo a la barra. No nos queda Band of Horses pero tenemos Deerhunter. Tres conciertos en un festival. No se ha visto en otra este hombre. Así no hay quien no le vea. Tocamos un poco de tierra con Antònia Font y cenamos seriedad y melenas tardías sin complejos con Nick Cave & the Bad Seeds. Sin embargo, antes de que termine este SEÑOR, me escabullo para deleitarme con los últimos temas de Camera Obscura. Defecto personal. Y también, paso previo para coger sitio en el motor de un autobús. Nos espera una semana ahí dentro, un recorrido con aristas por mi adolescencia. Gracias a dios los de abajo cantamos más fuerte que Jota y así, no escuchamos sus desafines. Y sin embargo, las canciones de Los Planetas están metidas tan dentro, que parece que hayamos ganado todos juntos La Copa de Europa. Se deshace el mogollón y me veo frente a frente con cantante y bajista de Modelo de Respuesta polar. Os tengo mucha fe, les digo y tiro para Crystal Castles. Crystal Castles, por su parte, tiran para arriba, como siempre. Y por inercia, caemos ante Hot Chip. Y ahí, madre mía, si te he visto no me acuerdo. Nadie toca el suelo. Patata caliente y efervescencia juvenil. Al final, Dj Coco se disfraza de nuevo de zona de frenada de emergencia. Deja vu, con los mismos temas, en el mismo orden que siempre. Necesario para volver al orden racional de las cosas. Y cuando te das cuenta, megaoenlaleche, ya es de día.

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