Crónica // The Mary Onettes / Moby Dick

the_mary_onettes
por Txemi Terroso
// Ilustración: Oscar Giménez

Surge un destello azul por debajo de la puerta. Demasiado sutil para diferenciarlo de la claridad de la noche. Pero es el aviso de que ha empezado el concierto. Así que, sigilosamente, comienzan a agruparse los juguetes y, sin que nadie perciba sus movimientos, se introducen en la habitación. Una vez dentro se acercan todos a la caja. Allí, sobre un escenario de Lego, The Mary Onettes ofrece un concierto para los juguetes que no saben con qué jugar.

Soldados de plomo franquean la puerta, una primera fila de peluches y varios muñecos de plástico, sin articulaciones pero con corazón, conforman el público más fiel. Un par de Barbies atienden las barras y un G.I. Joe controla la mesa de sonido. Hay un ambiente de camaradería. Una sensación general de tranquilidad y de disfrute de un momento agradable. Hay, también, un sentimiento de nostalgia de un pasado más amable flotando en el aire. Un recuerdo de otros tiempos en los que había más cosas que hacer.

Poco a poco The Mary Onettes van generando un ambiente sedante, feliz. No hay lugar para grandes efusividades pero nunca decae. Aleja la tristeza, amaina la pena y el público se va dejando llevar a un lugar onírico, más dulce. Con cada verso la soledad se comparte y el vacío que siente cada uno de ellos parece menos cruel, más soportable.

Algunos temas cruzan la caja de los juguetes como funámbulos. Exponiéndose a cualquiera que quiera mirar. Sostenidos por un hilo muy delgado, casi trasparente, captando la atención de todos los que están allí. Paso a paso, con sigilo, la música cruza la mente de todos los que atienden y se pierde en su interior, inspirando, otorgando pinceladas de valor en sus corazones de goma. Y esas canciones generan desde dentro, sonrisas de placer.

Los aplausos apagan la música. Las Barbies recogen los vasos vacíos. La caja vuelve al silencio y poco a poco, con el mismo sigilo con el que llegaron, los juguetes se van alejando. Pero a diferencia de entonces, ahora todos llevan una muesca de felicidad dentro. Ahora ellos saben que aunque lleven tiempo sin ver la luz, The Mary Onettes nunca se olvidan de ellos.

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