Discos // Foals / Holy Fire

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La anticipación siempre me ha resultado un proceso mental un tanto paradójico. Cierto es que se trata de una evaluación cognitiva y debiera ser, por tanto, racional, pero, para mi gusto, se trata de un concepto bastante caprichoso. Anticipamos ciertos momentos del futuro próximo con un hambre asesina para luego denostarlos cuando se convierten en presente. Y, a su vez, los instantes que nos cogen por sorpresa, los que no habíamos previsto, los que no habríamos querido ni tocar con un palo, se vuelven los más sobrecogedores, los que nos derrumban con la intensidad de un terremoto de 9.1 en la Escala Richter y nos dejan, ahí, temblando, mitad aterrorizados y mitad pletóricos.

El día que presioné el Play para escuchar lo nuevo de Foals, Holy Fire, tenía sentimientos encontrados. Por una parte, tratándose como se trata del trabajo de uno de mis grupos preferidos, no me cabía duda alguna de que me iba a gustar. Por otra, sin embargo, la anticipación negativa, escudo del pesimista que, obtuso ante la posibilidad de un final feliz se empeña en predecir la certeza de la tragedia para que no le pille por sorpresa, hizo que iniciara la escucha con un cierto grado de escepticismo.

Pero me arrastró sin remedio. Hacia unos recuerdos difusos en los que me adentro en el Pacífico, -sólo en nombre,- de energías ocultas, remolinos, grandeza. Hacia la remembranza, -no sé si maquillada por el alcohol,- de palabras que nacían en mi estómago y morían antes de encontrar salida en la punta de mis dedos que trazaban un mapa interminable sinuoso lleno de relieves superables alcanzables sencillos de sortear de escalar de caminar de procesar de transitar de recorrer de peregrinar de soñar de traspasar. Hacia la evocación de temores superados, de cambios no deseados que resultaron ser óptimos, de luchas internas rematadas en victoria.

De una consonancia instrumental y vocal cuasi mántricas, Prelude anticipa cambios. Y con Inhaler se confirma esa anticipación de forma tanto melódica como lírica: riffs furiosos, no puedo respirar, necesito más espacio. Con la contundencia del que pide un cambio a gritos, pero que a última hora se arrepiente derribado por la nostalgia, el final de esta segunda canción incluye unos tímidos punteos math que parecen querer decirnos: “Eh, que seguimos aquí.” Foals han cambiado, sí, pero no tanto. Una vez más, la anticipación ha hecho de las suyas. No esperaba nada, y he recibido mucho.

Holy Fire está ya a la venta en Transgressive Records.

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