Crónica // The Soft Pack / Moby Dick

the_soft_pack
por Txemi Terroso
// Ilustración: Oscar Giménez

Más que follar, lo que hemos estado haciendo toda la noche ha sido sobarnos. Sobarnos con desidia. Te has dedicado a cumplir con el expediente. Has tocado donde tenías que tocar, has frotado lo que tenías que frotar, has chupado donde había que chupar y has gritado cuando había que gritar. Pero no te has parado a escucharme, a sentir si necesitaba que fueras más rápido, más despacio, más profundo o si necesitaba que fueras más intenso. Y sí, lo necesitaba. Y sinceramente, ahora lo que tienes ahí más que una buena polla, parece un Soft Pack.

Y qué quieres que te diga, podría aceptarlo. Podría asumirlo si supiera que no das más de sí. Pero te conozco desde hace mucho tiempo y sé de lo que eres capaz. Recuerdo hace unos años, cuando éramos más jóvenes y más gamberros. Entonces no teníamos dónde hacerlo y por esa misma razón lo hacíamos en todas partes. Ha habido polvos míticos en baños de restaurantes de comida rápida, respuestas inmediatas a tus propias pasiones. Solo con rozarnos saltaban chispas y todo lo que había a nuestro alrededor se inflamaba. Había risas, complicidad, deseo.

Incluso después, cuando nos hicimos más mayores, cuando maduramos y sentamos la cabeza en el primer sillón que encontramos, todavía había noches en las que eras elegante. Sabías moverte y aunque todo tomó un tempo más calmado y menos salvaje, hubo noches de hotel llenas de sabor y de suspiros. Fue una buena época y, mierda, ahora todo se está echando a perder.

Mírate, pareces una banda que no tiene ganas de seguir tocando. Sabes dónde están los acordes de cada canción, los temas suenan y el público aplaude. Pero ya no hay magia, la gente no se vuelve loca, las noches no son eternas. Follar contigo es como ver un concierto plano, sin picos. Sin subidas que te lleven al cielo y abismos que te hagan caer en la desesperación. Todo son suaves colinas, valles poco profundos, rutina, pereza y aburrimiento en general.

Sólo cuando has visto en mi cara la desidia, cuando te he tocado el orgullo mi desprecio, te has revuelto. Pero más que por pasión, te has empalmado por hábito. Y me has empotrado contra la pared como si volvieras a ser aquel joven descarado. Demasiado rápido, demasiado intenso. Tus gemidos sonaban forzados. Pero al menos has puesto algo de tu parte. Ojalá sigas por ahí y esa minúscula cerilla sea capaz de volver a generar todo aquel incendio que nos arrasó un día. Aunque tengo la sospecha de que ni tú mismo te lo has llegado a creer.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s