Crónica // Luis Brea / Sala Siroco

luis_brea
por Txemi Terroso
 // Ilustración: Oscar Giménez

Si ves “El Mago de Oz” al revés parece un concierto de Luis Brea. Al principio sale él, pequeño, débil, indefenso con su guitarra y te cuenta sus últimas miserias, sus miedos y sus penas. Y enternece pero también desconcierta un poco, extraña escucharle tan bajito. Aburre incluso verle a vueltas con sus desgracias, enredarse en las cuerdas de su propia marioneta. Pero poco a poco vas tomando distancia y desde lejos no es tan poca cosa.

Y cuando se rodea de toda su parafernalia, que en realidad no es tanto… un bajo y una batería electrónica, parece más grande, más alto, más poderoso. Y ya notas que la gente le mira de otra manera. Que hay un aire de importancia, de que ese tipo tiene muchas más respuestas que preguntas tenemos nosotros. Y mientras todos caminamos hacia atrás por ese sendero de palabras que él tiende hasta su palacio, vamos entendiendo el valor de un mago como Brea.

Porque su palacio tiene esas salas perfectas donde los frikis cuelgan sus pósters de “La Guerra de las Galaxias” y donde sus propios sentimientos casan perfectamente con historias que ya conocen. Donde, dicho de otro modo, gracias a él pueden darle forma a su propio cerebro sin demasiado esfuerzo mental. Todas las voces que hay en su cabeza, diálogos de pelis, estrafalarias referencias fanáticas, se conjugan de manera sencilla y así, por fin, cualquiera puede llegar a entenderles.

Y hay una alcoba donde los que se avergüenzan de amar dan rienda suelta a su corazón. Porque allí no hay ridículo posible, todo es fraternidad y están tranquilos si saben que nadie se va a reír de ellos por expresar sus propios sentimientos. Y hay una cocina donde mojar las magdalenas del fracaso. Y su té infunde valor, porque te hace ver que la caída es lo de menos. Y amortigua cada tropezón y te impulsa con estúpida alegría hacia arriba.

Incluso, hay quien ve en el lejano palacio de Luis Brea, una manera de ser realmente como son. Escuchando sus sinceras canciones abren su propia coraza y se aceptan y encuentran el camino a casa que tanto tiempo atrás habían perdido.

Y así, paseando de espaldas hacia el principio, vamos llegando a un lugar mágico, lleno de color y de gente increíble a punto de ser arrasado por un tornado. Y a nadie parece importarle porque existe la conciencia de que en algún lugar hay un mago increíblemente poderoso capaz de sacarle el lado positivo a esta mierda de vida que, y eso es algo que no sé muy bien cómo encajar, acaba siempre por mandarte a Kansas.

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