Crónica // The Right Ons / Kiss TV Spring Show

the_right_ons
por Txemi Terroso
 // Ilustración: Oscar Giménez

Polvo. Una moto cruza el desierto, que se borra a su paso. Se detiene ante un bar de carretera. Un tipo se baja y no se quita el casco. Sencillamente no puede, no lleva. Comienza a caminar en dirección al local y las balas empiezan a silbar a su alrededor. Alcanzan latas oxidadas de gasolina- levantando un ruido metálico- se hunden en la tierra amarillenta, se pierden hacia las montañas del horizonte, pero él no cambia el paso. No parece darse cuenta del peligro. Si te fijas bien, incluso sonríe.

Entra en el bar. Cesan los disparos. Ninguno de los que está dentro parece haber notado la refriega. Pero todos están observando al tipo que acaba de entrar y no parece que vayan a saludarle efusivamente. Sin embargo él sonríe. Sonríe bastante más de lo que debería. Sonríe al personal. Sonríe a la camarera y le pide una cerveza. En la radio suena rock del bueno, del clásico, del &roll.

Un rudo hombre del lugar se levanta y se sienta junto a él, sin dejar de asesinarle con la mirada. La camarera en seguida se preocupa por el forastero. Sin embargo él se bebe su cerveza y justo antes de terminarla le da la espalda al animal que hay a su lado, mirando de nuevo hacia la carretera.

-¡Eh, tú! – dice el grandullón mientras le gira el taburete de un tirón. El nuevo, aprovechando la inercia del movimiento, le destroza la botella de cerveza en la cara y acto seguido descarga el revólver que llevaba en el cinturón sobre cinco tipos que ya habían desfundado pero no han tenido tiempo de rozar el gatillo. Paga, le lanza un guiño a la camarera y con una sonrisa de oreja a oreja le asegura

-Volveré a por ti.

Eso es solo el comienzo. Minutos después, con ayuda de un fiel amigo, incansable, constante como un bajo, capaz de marcar un ritmo incesante y ocultar todas sus sonrisas dentro de su barba, roban el banco de la ciudad. Lo hacen con elegancia, con destreza y huyen para reunirse con el jefe de otra banda. Un tipo de pelo engominado y patillas que les recibe tocando una guitarra eléctrica azul cielo. Elegante como un torero de los de antes. Y con una habilidad innata para levantar cualquier escena, dotarla de alma y fuego y convertirla en un clásico, sin necesidad de dar un paso más allá de sus seis cuerdas.

Esa banda cruza el país. Y a su paso la gente disfruta, les siguen, escuchan lo que tienen que cantar y ríen sus gracias porque, además, tienen sentido del humor. Y nunca dejan de perseguirles y ellos sonríen y nunca dejan de correr, sin que parezca que están corriendo. Y la película entretiene, es agradable, interesante, en ocasiones incluso épica y uno disfruta viendo a estos chicos en escena, porque se ve que ellos disfrutan haciendo lo que hacen.

Al final acaban con los malos, esquivan a la policía y regresan a por la camarera que todavía les estaba esperando. La película termina y ellos, que parecían actores, se bajan del escenario y se acercan a una barra a tomar una cerveza, repartiendo abrazos, besos y autógrafos.

Sales a la calle y en el gaznate te queda la sensación de haber visto un clásico de los de toda la vida, protagonizado por un actor que sonríe demasiado, sin actitud de tipo duro, demasiado feliz de estar al frente de una historia tan importante.

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