Crónica // Pulled Apart by Horses / Moby Dick

pulled_apart_by_horses
por Txemi Terroso
 // Ilustración: Oscar Giménez

Jamás sospechó Herman Mellville la que se podía montar dentro de su ballena. Por muchas monstruosidades que imaginara en el estómago de ese enorme y despiadado demonio marino, no llegaría ni al borde de lo que hicieron Pulled Apart by Horses en la madrileña Moby Dick. Un torbellino de vísceras y talento corriendo por el aparato digestivo del infame leviatán.

Y eso que de entrada parecen inofensivos. Tres chicos muy jóvenes, con cara de buenos que parecen haber convencido a su camello para que les acompañe tocando la batería. Porque al fondo del escenario había un tipo escurrido, con larga barba rubia, ojos perdidos y calva incipiente. Y sobre todo, con tantos tatuajes como da de sí el torso ajado de un humano adulto. Un tipo con pinta de esconder alijos en sus calcetines y nombre de gigoló de “Taxi Driver”, Lee Vincent. Y no es que demostrase mucho talento con las baquetas el bueno de Lee, por cierto, pero sí la suficiente mala hostia como para mantenerse a rebufo del huracán que suponen Tom y James.

Punto y aparte. Porque Tom y James no son dos niñatos más que saben tocar la guitarra. No. Tom y James son dos tipos que, además de tener mucho talento tocando la guitarra, están dispuestos a perder un brazo, a reventarse la cabeza, a morir desmembrados por caballos en cada concierto. Capaces de cruzar un pogo punteando en sus cuerdas. Y salir por el otro lado como si nada, encaramarse a una barra y saltar de ahí al infierno… otra vez el infierno. Siempre el infierno. Una eterna pelea, al final de cada concierto, generando cambios de ritmo impredecibles y sonrisas como lunas llenas.

Y a su lado está Robert. O Bob. Bobby. Yo qué sé. Sonriente, tranquilo, buen bajista y con un grito helador para los coros. En realidad todas las voces buscan el drama. Son urgentes, como quien grita “fuego” o “corre” o “morid todos”. Como quien tiene prisa por ponerle fin a la adolescencia. Y así, a todo trapo, se nos escapan hora y veinte de vida corriendo sin aliento detrás de estos chicos de Leeds. Y así, sin tonterías, sin historias, termina el concierto.

Sin tiempo para cuentos.

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2 pensamientos en “Crónica // Pulled Apart by Horses / Moby Dick

  1. De lo mejorcito, por no decir lo mejor que he visto este año. Estuve todo el concierto de Memories al lado de Lee Vincent y, por supuesto, no me atreví a pedirle una foto.
    Más me acojoné cuando Tom se subió a la barra de la Moby con la gente haciendo mosh debajo y cualquier tirón del cable hubiera provocado un accidente fatal. La sala fue perfecta para un concierto de estas características. Lo que no sé es qué coño pasó con Rosvita. ¿No se supone que eran los teloneros? En cualquier caso, Memories mostró buenas maneras.

  2. Nosotros también nos acojonamos con Tom y calculamos la distancia prudente para disfrutar sin sustos. Sí, no sabemos que pasó con Rosvita. La verdad es que teníamos ganas de verlos en directo.

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