Crónica // Antònia Font / Joy Eslava

Antonia_Font
por Txemi Terroso
// Ilustración: Oscar Giménez

Nadie me invitó jamás a pasar a esta trastienda. En una librería de viejo, con rascacielos de ejemplares agolpados en cada rincón, como si fuesen equipos de fútbol después de ganar alguna copa. Estanterías rebosantes como chupitos en barras de camareros amables. Y entre dos montones una minúscula puerta, entornada, con una luz tan débil al otro lado que parece que alguien esté muriéndose constantemente. Y sin embargo, al franquearla, en la trastienda no hay más que vida. De todos los colores, en todos los estados. Vida, abundante, sencilla y para siempre. Y entre tanta vida una mujer, pequeña y nerviosa: Antònia Font.

Se mueve encorvada entre sus historias, Antònia. Parece torpe y sin embargo nunca tropieza. Esconde sus manos en los bolsillos de una larga chaqueta de lana y de ellos saca pequeños cachivaches mecánicos que se mueven gracias a intrincados mecanismos. Cuando la noche cae y el pequeño tragaluz ya no vomita más claridad sobre sus cosas, sus ojos se transforman en cuevas desde donde controla todo su mundo particular.

Si entro en la trastienda, Antònia hojea una biografía de Clint Eastwood ajena a mi presencia, y se imagina una vida sin películas y sin ficción. Sin embargo el ruido de mis pasos sobre la madera la despierta y me mira seria, sin un atisbo de sonrisa. Me saluda cortés y comienza a pasearse entre sus cosas, ofrecerme un té, enseñarme pequeños robots, maquetas de los cañones de Navarone, tratados de animales. Contantes historias de sus incontables viajes salen de su boca, vestidas con su voz forrada de seda, aunque sin mucho volumen: al polo, a la Rusia soviética, al espacio exterior, a otros planetas. Parecen mentiras tan obvias que da reparo imaginarlas como ciertas. Pero cuando Antònia se frena y encaja en su propio ritmo le brillan los ojos y sus historias se convierten en realidad. Y me cuenta cómo se partía de risa, rodeada de amigas, en las noches de verano. Una risa fuerte y atronadora como una mentira de grande, llena de nostalgia y drama de carnaval.

La noche ya es cerrada y ella no insiste en que me quede. Está a gusto cuando yo estoy a su lado y escucho sus historias y creo sus mentiras y río sus bromas. Pero no va a mover un dedo de más por mantenerme a su lado. No lo necesita. Aprendió a ser feliz sin nada y ahora todo lo que le ofrezcan son premios inesperados. Como quien se topa con la ayuda de un alpinista samurai en mitad de una solitaria ascensión imposible. Como quien después de componer durante años en una habitación de su casa, en un pequeño y apartado pueblo mallorquín, se encontrara, de repente, en mitad de una gran ciudad rodeado por gente que no conoce pero que admira y corea sus canciones.

Exactamente igual.

Cierra el enorme catálogo de expediciones científicas soviéticas que miraba hace un segundo. El polvo del libro desciende como paracaidistas sobre sus recuerdos. Se acerca a mí y me roza el brazo con sus dedos expedicionarios. Me mira a los ojos y, antes de que me vaya, me recuerda la terrible historia de amor de aquellos patinadores sobre hielo que, ciegos de amor, decidieron unirse en matrimonio en lo alto del pódium helado de los juegos olímpicos del Canadá. Y me incide en que su historia es terrible. No porque su final sea dramático, no. Si no porque siendo una historia tan bonita y tan sencilla, los dos amantes deslizados tuvieron la terrible suerte de no existir jamás. De no ser nada más allá de su mente. De la mente inagotable de Antònia Font.

Y me voy, cruzo la librería de viejo subiéndome el cuello del abrigo y salgo a la calle sin saber a ciencia cierta si ella se da cuenta de que ahora, esa terrible historia, como todas las demás, nunca dejará de ser verdad…

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Un pensamiento en “Crónica // Antònia Font / Joy Eslava

  1. Si ya sabía yo que tenía que haber ido al concierto…lo cambié por un ¿estupendo? partido de balonmano Atlético de Madrid-Torrevieja…Ay Txemi, si llego a saber que vas…

    Un día nos tomamos unas cervezas y me das más detalles…

    Firmado : Tu capi

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