Crónica // Arctic Monkeys / Palacio de Deportes de Madrid

Arctic_Monkeys
Crónica especial para RTVE/Radio 3 por Txemi Terroso // Ilustración: Oscar Giménez

El primer puñetazo te viene casi de espaldas. A traición. Con la pinta en la mano y el corazón en calma. Y te atiza con nombre y apellidos. No te sientes, corazón, que te he movido la silla de sitio. No te vayas a caer de culo. Ya te tiro yo. Y claro, a partir de ahí hay que remangarse, porque la noche no parece que vaya a ser de las más fáciles.

No hay tiempo de reacción. Alguien salta por encima de una mesa y enseguida empiezan a volar vasos de cristal. Y a reventarse en cabezas y en paredes. Ponte de pie y carga como el primera línea del equipo de rugby de tu pueblo. Con el hombro bien fuerte a la altura de la cadera de algún desprevenido y estámpalo contra la barra del pub. No hay lugar para concesiones. Los monos del ártico están en el local y ya nadie tendrá tiempo para respirar.

Vuelve a levantarte y antes de que te pongas en pie te han vuelto a partir la cara. Aunque esta vez sí alcanzas a ver al responsable. Un chico guapo, con chaqueta de cuero negro y un tupé que parece recién estrenado. Se mueve en medio del pub como quien se paseara por un escenario ante miles de personas. Atiza y esquiva con tanta elegancia que parece que nada ni nadie puede tocarle. Como uno de esos adolescentes problemáticos que, por muy maduros que demuestren ser, nunca dejan de estar perseguidos por ese halo tan despreciablemente envidiable de chico rebelde.

Alguien aparece rodando por las escaleras. El piso de arriba se está viniendo abajo. Al fondo dos tipos muy serios destrozan a un pobre chico con gafas de pasta contra una mesa partiéndolos a ambos en miles de trozos. Y pegado a la espalda del chico del tupé y la chaqueta de cuero hay un chaval bajito con pinta de hooligan y brazos como fábricas de acero, que golpea a tantas cabezas distintas que él solo termina por ser una tormenta de ideas. Abre la boca, como pegándole dentelladas al aire, el hooligan, para mantener el ritmo de viajes por segundo. Le hace los coros de las hostias, el pequeñajo, al chico del tupé. Guapos los dos. Uno salvaje y otro renegado. Y cuando tratas de admirarles ellos pasan a tu lado y te destrozan la cabeza con otro de sus golpes.

Arrodillado, escupes parte de un diente y sonríes. Al final sí que va a ser una buena noche. Pero ahora, antes de ponerte de pie, miras de reojo. Y mientras ves al chico del tupé atizarle a un gordo disfrazado de rapero, descubres en su mirada un algo más. Una sensibilidad de poeta enamorado. De poeta que pega hostias como si las estuvieran extinguiendo de la faz de la tierra, pero de poeta al fin y al cabo. Y la noche se frena a cámara lenta, como una balada o si acaso un medio tiempo lo suficientemente sincero como para enamorar a una chica demasiado bonita para todos nosotros. De esas que aparecen una noche como una amante más y sin embargo no terminan nunca de desaparecer del todo.

Pero no estamos para hostias. O realmente algunos deberían decir que no estamos para más hostias. Después de hora y media de pelea no queda casi nadie en pie en este pub de la calle Goya. El sol está cayendo y ellos se acercan hacia la puerta. La ropa impoluta, los pómulos sin mácula. Parecen nuevos y llevan metidos en berenjenales como este más noches de las que muchos podrían recordar. Da igual. A veces vienen bien un buen par de hostias. Qué coño. Da gusto. Es lo que tienen las guitarras. Es lo que mejor saben hacer…

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5 pensamientos en “Crónica // Arctic Monkeys / Palacio de Deportes de Madrid

  1. Estuvo tremendo. Aparte de la crónica, cojonuda. No sé si desde vuestra zona volaron piños y hostias como panes, donde estaba yo éramos sin duda los más desfasados. ¿Os percatásteis de que pese al sold out no había nadie vigilando que llevaras entrada de pista? Podría haberme ahorrado unos euros…
    Aprovecho para reivindicar los dos últimos discos, sobre todo ese Humbug que parece olvidado en directo si obviamos Crying Lightning y Pretty Visitors.

    Saludos

  2. Gracias, Carlos. Nosotros teníamos entradas de pista así que no nos dimos cuenta del fallo. Con los discazos que tienen, siempre se echa algo de menos. De todas formas, tienen una coherencia acojonante en directo.

  3. Pingback: Óscar Giménez rocks | Loudart

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