Crónica // Editors / Palacio Vistalegre

editors
por Txemi Terroso
// Ilustración: Oscar Giménez

Cuando escuché “In this lights and on this evening” pensé que les habían tapiado las ventanas. Alguien había ocultado la luz del sol y había llevado a los Editors a un lugar oscuro y lejano. Requisadas las guitarras luminosas. Obligados a hacer música para la que no nos habían preparado. Adiós a ese rock de sonrisa franca y regusto nostálgico. Aquí empieza un camino distinto, oculto, hasta ahora, entre la maraña y por el que se han lanzado con sus teclados y sus bases rítmicas propias de la electrónica. Y ese camino, nos guste o no, les aleja definitivamente de sus dos primeros discos.

Dos discos que nos alegraron, a algunos, la existencia. Responsables de algunas canciones que mis pies reconocen a la primera nota. Joyas que sonaban en directo como regalos de navidad. Por eso la aventura de Editors por el camino abrupto y difícil del que se reinventa en la oscuridad puede causar terror, pero si observas bien, por esa senda se puede llegar a deslumbrantes miradores hacia un nuevo mundo por conquistar: las pistas de baile. Y una cosa está clara, el talento no es hacer buenas canciones de rock. El verdadero talento reside en saber cómo se hacen bien las cosas, da igual donde escondas el registro. El talento es tener buen gusto y buenas maneras y eso, gracias a dios, les sobra.

Sin embargo, no tuvieron nada de suerte con su puesta de largo en Madrid. Porque el talento de Vista Alegre es acoger grandes partidos de baloncesto e incluso alguna corrida de toros que otra. No está preparada para conciertos y es realmente desesperante ver que se siguen programando conciertos allí una y otra vez. Un sonido infame en muchas partes del coso. Como quien escucha el concierto haciendo botellón en la puerta, de lejos. Cada golpe que Ed Lay le daba a la caja de su batería sonaba cuatro veces y convertía alguno de los himnos de esta banda en un puré de notas indigerible. Y para colmo el sonido, quizá por vergüenza torera, decidió irse durante cuarto de hora. Quince minutos que helaron al respetable como si nos hubiera cogido un toro a cada uno de nosotros.

Un lote muy difícil para crear un clima suficientemente ventajoso como para firmar una buena faena. Menos aún si salpicas ese repertorio que no hay oreja capaz de olvidar con algunos de sus primeros pasos por ese nuevo camino que transitan ahora. Pasos que, como es lógico, no son zancadas abrumadoras sino que están más cerca del traspiés. Cada “ole” que escapaba de la grada se sucedía de un reprimido bostezo. Una verdadera pena.

Salí de Vista Alegre con la misma sensación que la del torero que sabe que ha dejado escapar el triunfo. Sé que subido a los hombros del incuestionablemente carismático Tom Smith podía haber salido por la puerta grande de los grandes conciertos. Pero no pudo ser. Como quien no ha podido disfrutar una comida deliciosa por haberse quemado con los entrantes.

Ridículo y frustrante al mismo tiempo.

Pero salí de allí convencido de que ese sendero que parece tan tenebroso y difícil habrá que recorrerlo para seguir, aunque sea de lejos, el camino que han tomado estos chicos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s